Capítulo primero: de niponas y nuevas batallas

Chirigota 'Las cordogeishas' | ÁLEX GALLEGOS

Vestido para la ocasión, con máscaras y letreros anunciadores, el Gran Teatro abrió la noche del martes sus puertas para el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas -guía del Carnaval de Córdoba-. El certamen comenzó con una función en la que el ambiente fue de más a menos debido a la afluencia de público: al inicio se registró algo más de media entrada, al término el recinto estaba semivacío. Quizá afectó la extensión de la sesión. Ésta arrancó a las 20:30 y se prolongó hasta después de las 2:00 de la madrugada. El caso es que en el punto de partida destacaron sobre todo dos grupos, que eran precisamente los que partían como cabezas de serie. Fueron la chirigota ‘Las cordogeishas’ y la comparsa ‘Los Fernández’. Además, se escucharon ya los dos primeros pasodobles dedicados a Paco Luque. Fallecido recientemente, el histórico autor estuvo muy presente.

La primera función de preliminares lo fue así de niponas y nuevas batallas… Comenzó la primera preliminar con ‘Con la sonrisa por delante’, chirigota de Losada que arrancó un puñado de carcajadas con su tipo de hombre que todo lo mira y lo toma con buen humor. Entonces la afluencia de público no era mala. Tras este grupo fue el turno de la comparsa de Fernán Núñez, que regresó al Concurso con ‘La estrategia’. Soldados del Carnaval en un tablero de ajedrez, la formación dejó su sello, ya acostumbrado, de voz -sobre todo de la mano de su director, Juan Marín- y música. Fue probablemente la otra destacada de la noche. Sus letras tuvieron gran dosis de reivindicación. La chirigota de Ramón, con ‘Los que trabajan con la vista’, le sucedió en las tablas con un tipo de mirones de obras. Y después fue turno para la comparsa de Los de Puente Genil, de dicha localidad, con su ‘Yo soy el rey’.

La quinta agrupación en subir al escenario fue precisamente la chirigota de Eduardo Molero Chache, que divirtió de lo lindo con ‘Las cordogeishas’. El conjunto conjugó el deje japonés de su tipo -una geisha en Córdoba- con el castizo cordobés, y lo hizo a la perfección. Hizo reír en todo momento y lanzó dos cuplés de primer nivel, uno sobre la exhumación de Franco y otro acerca de los cambios en el callejero de la ciudad. La comparsa de Amigos del Acorde, de Peñarroya-Pueblonuevo, sonó bien en voz y música con ‘Pisando fuerte’. Notable fue su segundo pasodoble, dedicado a Federico García Lorca. De la provincia llegó después ‘Los que tiran del carro’, de Aguilar de la Frontera, que dedicó la primera copla al recientemente desaparecido Paco Luque. Y tras este grupo, el otro cabeza de serie: ‘Los Fernández’.

La comparsa de Juan Jesús Muñoz Suso y Marcos Monje apareció con atuendo de soldado ante un gran caballo. Representaba a un insigne Fernández, Gonzalo y de Córdoba, el Gran Capitán. Suyo fue el segundo pasodoble de la noche a Paco Luque, una copla que levantó de sus asientos al respetable. La agrupación sonó como suele ser habitual, con buen gusto en la música y la voz. El repertorio fue, sobre todo, una muestra de que puede cantarse a la ciudad desde otra perspectiva más luchadora -es hora de pelear por avanzar-. Con ganas de batallar estuvo también la comparsa ‘La valiente’, llegada de Aguilar de la Frontera y que también apareció con acierto sonoro sobre el escenario. Antes que esta formación actuó otra, la chirigota de Gregorio y Bernardi, con ‘Este año no salgo, el que viene…’. En este caso estaba en las tablas Rafael Gómez, en el patio de la prisión y con ganas de contar su historia.

El duro trabajo de cerrar la función le correspondió a una agrupación que volvía, tras un año de ausencia, al Concurso. Ésta fue la chirigota de Antonio José Barrera, de Almodóvar del Río, que pisó el escenario con ‘Los del S’Candalo’. Como es propio en la formación, su pase fue un show, esta vez con un Raphael muy peculiar. Pero en ese momento la afluencia en el teatro estaba bajo mínimos, lo que se notó por instantes en el ambiente. Aun así, los cucos consiguieron arrancar unas cuantas carcajadas. Como tema recurrente, y una de las nuevas batallas -aunque ya es antigua-, sobresalió la lucha de la mujer por la igualdad. Y si hubiera que poner alguna nota negativa, más allá de la costumbre de entrar y salir del teatro según el grupo que actúe, es el incordio que para los grupos suponen a veces los gritos -por mucho que sean de ánimo- desde el público.

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