VÍDEO | La Media, hoy como ayer (1985-2018)

34 EDP Media Maratón de Córdoba | TONI BLANCO

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Cuando uno escucha a propósito de una prueba deportiva aquello de que “todos ganan” no puede evitar pensar que es simplemente un tópico, un lema recurrente para aliviar a quienes no han llegado, ni llegarán nunca, a subirse a un podio. En el atletismo rigen códigos propios. Y es una verdad absoluta que todos los que se enfrentan al desafío de devorar kilómetros en zapatillas acaban ganando. Existe una manera infalible para comprobarlo: situése en la línea de meta y quédese hasta que llegue el último corredor. Seguramente lo vea alzar los brazos, emocionado, y recibir el abrazo de quienes le esperan. Este domingo volvieron a repetirse episodios así en la Puerta de Puente, el majestuoso escenario de los últimos metros de la Media Maratón de Córdoba. Así ha sucedido desde hace 33 años. Las sensaciones son las mismas; el entorno, diferente. Córdoba se ha transformado.

El 24 de noviembre de 1985, con un día frío y nublado, 514 corredores -muy poquitas mujeres en el grupo- se congregaron en el Paseo de la Victoria debajo de una pancarta: I Media Maratón de Córdoba. Llegaron a la meta 409. Eran runners, pero no tenían ni idea. Ni falta que les hacía. Aún no había llegado la fiebre de las carreras populares ni el deporte se había convertido en una de las plataformas de negocio global. No había zapatillas de marca, ni camisetas térmicas, ni suplementos vitamínicos, ni seguramente le preguntaban a nadie si era pronador o supinador. Ganaron Juan José Rosario y Laura Blanco, dos participantes que habían llegado desde Andújar.

Este domingo se celebró la edición número 34 y corrieron más de ocho mil personas. Entre ellos estaban alguno de aquellos pioneros de meyba azul, camiseta blanca de algodón, zapatillas de lona y olor a Reflex. Como Pepe Paso, que siempre ha estado ligado a esta competición como corredor o miembro de la organización. Tenía su sitio reservado en el cajón 3, con el dorsal 747, con la ilusión intacta bajo la lluvia de una mañana de domingo. Díganme si eso no es una victoria.

La Media Maratón de Córdoba tomó hace unos años un rumbo claramente popular. Es una prueba prácticamente llana, con un recorrido atractivo, muy golosa para los runners, que son legión. Acuden familias enteras, grupos de amigos del trabajo que se pican por lograr un mejor puesto en la tabla final, los habituales del circuito de carreras y también muchos visitantes. En esta edición, más de la mitad de los dorsales los coparon atletas de fuera de la provincia. Buena noticia para los bares de toda la zona centro, que no dieron abasto preparando cafés y tostadas. Hay quienes leen este tipo de acontecimientos en clave económica -tanto mejor cuanto más se gasten los visitantes- y otros lo hacen en función a sus rutinas dominicales, que saltaron por los aires. Hubo quien -pese a que se trata de una cita que lleva 33 años ya celebrándose- no se había enterado de que se celebraba.

Los mejores cordobeses en aquel lejano 1985 fueron Juan José Cano y Magdalena Guillén, que hicieron un recorrido que empezó en Avenida República Argentina y siguió por Vallellano, Ribera, Fuensanta, Virgen del Mar, Santa Emilia de Rodat, Avenida de Libia, Carlos III, Chinales, Angustias, Brillante, Viaducto, Avenida América, Cercadillas, Medina Azahara, Parque Cruz Conde y entrada a meta en Conde de Vallellano. La zona de llegada no contaba con servicios ni vestuarios, por lo que los corredores tuvieron que acudir a zonas ocultas de los jardines y bares de la zona. Un Land Rover de la empresa Emacsa distribuyó agua y esponjas, además de naranjas que fueron donadas por las Lonjas Municipales.

El presupuesto de la prueba superó ligeramente el millón y medio de pesetas -unos 9.000 euros- y la cuota de inscripción para los participantes fue de 200 pesetas. No hubo premios en metálico para los ganadores, que recibieron como recompensa dos ciclomotores, dos televisores, dos cadenas de música, dos relojes y los trofeos que en los días previos habían estado expuestos en el escaparate de Galerías Preciados, hoy El Corte Inglés. Ahora, la carrera cuenta con el patrocinio de EDP, una empresa de energía radicada en Portugal. En las vísperas de la competición, un estudio de la Universidad de Córdoba revelaba que la Media deja en Córdoba un beneficio económico superior al millón de euros.

Más de tres décadas después, los descendientes de aquellos pioneros siguen honrando el deporte. Estuvieron clásicos del panorama atlético local. Como el corredor invidente Manolo Garnica, un referente tanto por su rebeldía en las pistas como en su actitud a la hora de reivindicar causas sociales. Ser atleta conlleva un gen especial. No faltó José Antonio Ballesteros, con su silla especial, para abanderar el atletismo para personas con discapacidad. Se trata de luchar sabiendo que muchos llegarán por delante. No es fácil, pero lo siguen haciendo. Por algo será.

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