El peor regalo de Navidad

FOTO: MADERO CUBERO
La bronca de la afición, la primera crisis real en el club del período González

El Córdoba afronta una Navidad convulsa. El club vive la peor coyuntura social de las dos últimas campañas, la primera crisis de la era González. El conjunto que dirige Rafael Berges ha suscitado por primera vez cierta contrariedad en la afición. Un desacuerdo que se hizo patente el pasado sábado, cuando míster y jugadores fueron abucheados por un mal resultado tras un decepcionante partido.

El estilo de juego del Córdoba parece haber desaparecido apenas una semana después de haber tocado techo. ¿A qué se debe? A fecha de hoy, hay varios factores que sustentan ese descenso por obra y gracia de motivos ajenos a lo meramente deportivo.

En la última semana se ha copado la calma de algunos integrantes de la plantilla.  El club de forma inmadura, en voz de su presidente, Carlos González, anduvo incontiente a la hora de advertir incorporaciones cuando aún restaba uno de los partidos más importantes del año, el último ante el Recreativo, un conjunto con pretensión de escalada que apenas se había encontrado hasta la disputa en El Arcángel.

El anuncio presidencial no sólo reactivó los mecanismos de búsqueda informativa sino que suscitó cierta controversia en el vestuario. La primera sesión de entrenamientos fue la más normal de todas, aún faltaba conocer el nombre del nuevo miembro blanquiverde, pero de la segunda a la útlima, el ambiente varió.

Por primera vez en las dós últimas campañas, varios jugadores declinaron su presencia en la sala de prensa por expreso deseo. Algunos ya son reincidentes en estas negativas. Únicamente Joselu, en un gesto que le honra, fue capaz de dar la cara para entonar el mea culpa en el peor momento de su carrera, como así se adivina.

Para más rúbrica, dentro del vestuario, ya se ha advierten tres grupos. Los que tienen el futuro asegurado, los que saben que se van a ir, y los que están en tierra de nadie. El primer grupo, como resulta evidente, despierta cierta antipatía sobre el segundo. Sin pasar a mayores, el acercamiento de algunos jugadores con miembros de la cúpula del club no se ve con buenos ojos.

El presidente, en todo su derecho, demuestra más empatía con aquellos a los que se les ha ampliado el contratro. El resto, mirando sin dirigir la vista, contempla ese buen rollo con cierta animadversión. De manera evidente, la desunión se hace constatar. Algo que se podría haber evitado.

A estas, se les suma que, al menos dos jugadores, que en cualquier equipo serían renovados por su comprobado apego y lealtad al club, ya conocen que no van a continuar el año que viene. Profesionalidad a parte, demostrada por sus trayectorias, esa coyuntura no facilita la automotivación y amplía el desconento.

Con semejante panorama, Berges, en su papel de líder del vestuario, ejerce su función en un contexto turbulento generado por la propia incercia del club. El técnico, extremadamente comprometido con la causa, a veces, por encima de sus propios límites, conoce, porque así lo ha hecho ver desde un principio, las dificultades a las que se enfrenta y por eso es consciente de que lo suyo “no es fácil”, como ha referido en contadas ocasiones.

Sin que pueda sonar a excusa deportiva, el problema del equipo está generado desde el supranivel. Tal y como van las cosas, parece evidente que no se están sabiendo resolver los momentos de crisis que se les están planteando. Una complicada situación que puede resultar más gravosa si la dinámica no varía. De momento, la bronca del sábado hacia el equipo y el entrenador, el peor regalo de Navidad posible. A tomar nota, porque el siguiente abucheo siempre se dirige hacia el palco.

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