El liderato, un helado derretido por el calor

Cordobesista cubriéndose del sol FOTO: MADERO CUBERO
El Córdoba se tuvo que conformar con un empate ante el Alavés, en un duelo que se disputó con la compañía de un sol efusivo y generoso, quizá demasiado

El sol saludaba efusivo. Con una bofetada cariñosa recibía a quienes se atrevieron a acudir a El Arcángel. Se mostró generoso y ofreció lo mejor de sí mismo. Quizá no pensó que tanto afecto no era necesario, que la simpatía desbordada puede generar sensación de agobio. Se acercaban las seis de la tarde y hacía calor. Tocaba aguantar el tirón para disfrutar de lo que podía ser una gran fiesta. La temperatura estuvo en las conversaciones de todos cuantos se dieron cita en el coliseo ribereño, pero no menos que la posibilidad del Córdoba de alcanzar el liderato. La ilusión se podía observar en cada aficionado. Las sonrisas denotaban ganas de saborear un helado llamado triunfo. Porque al buen tiempo, mejor cara. Lo primero no faltó, incluso sobró un poco, pero el gesto se torció por momentos.

El calor llegó también al terreno de juego desde las gradas, que vibraron con el himno. Miles de gargantas al unísono arroparon a su equipo cuando éste saltó al terreno de juego, muy maltrecho por cierto. Pero no fue una manta lo que a buen seguro sintieron los jugadores sobre sí, sino más bien el frescor de un buen aparato de aire acondicionado. Una afición entregada no puede más que actuar como refrigerio. Llegó después el sentido minuto de silencio a Ignacio Eizaguirre, otra leyenda del Córdoba que deja a todos un poco más huérfanos. El sol también calló, pero seguía efusivo. No perdía en generosidad, en simpatía. Y con el comienzo del partido… ya se veían los primeros abanicos en varias zonas del estadio. Algo de aire, por mínimo que fuera, era bien recibido.

Menos calor hubo sobre el verde, al menos en lo que se refiere a juego. Poco antes de la media hora de partido, Mora lanzó un jarro de agua fría, que en este caso nadie agradeció. El Alavés se adelantó en el marcador y en ese momento se olvidaba el liderato para pensar en la supervivencia. Si no se puede llegar a lo más alto, que no se sufra un jardazo. El sol seguía ahí. No se iba. El Córdoba tampoco, pero no aparecía cómo se esperaba. Los minutos transcurrían y el número de abanicos artesanos se incrementó. No había zona del estadio en que se dejara de ver a aficionados con sus manos en movimiento, papel en mano, con el fin de tomar un mínimo respiro. Con el descanso, llegó el momento de acudir al bar. "¿Quieres un refresco?", preguntaba un joven a su compañero de grada. La respuesta, lógicamente… afirmativa.

En la segunda parte el calor no se marchó. Se pegó más si cabe. Subió la temperatura cuando Iago Bouzón devolvió el equilibrio al marcador. Ahí sí, el sol que haga lo que le venga en gana. Tocaba disfrutar y recuperar la ilusión por ser cabeza de serie. Los de Villa recuperaron el aliento después de que el agua de Mora se fuera por otro lado. No se atragantaron los blanquiverdes. No del todo, porque no supieron encontrar el helado con que todos soñaban al inicio del encuentro. No quedaban existencias de triunfo. Todo terminó con un empate que supo a poco, por los buenos minutos del Córdoba y sus numerosas ocasiones, pero que tuvo buen sabor. El Alavés bien pudo mojar la ilusión local. Se escapó el liderato, pero el sol no se marchó.

Etiquetas
stats