Un invierno anticipado

Córdoba - Mallorca (0-2) en El Arcángel | MADERO CUBERO

Una chaqueta es insuficiente. Un jersey mucho más. De repente, toca desempolvar el abrigo. El de mayor anchura posible. Atrás queda el verano y de golpe y porrazo llega el invierno. Lo hace de manera anticipada. La transición del otoño es, de unos años a esta parte, una realidad olvidada. En la noche, que cae también mucho antes, convive la ilusión con la incertidumbre. La esperanza y el nerviosismo caminan de la mano al tiempo que avanzan los aficionados por El Arenal. A las siete y cuarto el frío comienza a dejarse notar pero no es tan intenso como a las diez menos veinte de un sábado de sensaciones desagradables y sonidos dolorosos. En el momento en el que la afición dirige sus pasos hacia El Arcángel probablemente no imagine lo que está por suceder.

Como las hojas caen en un otoño efímero, lo hacen los sueños en lo que al final se convierte en un viernes gélido. Tanto en lo que a la temperatura se refiere como en lo que tiene que ver con las emociones. Después de seis encuentros sin ganar, busca el Córdoba la victoria en lo que es una prueba en toda regla. Quizá la definitiva para Oltra, quizá la que adelanta tiempos convulsos. Lo cierto es que el cuadro califal trata de hacer entrar en calor a su gente. No destila un juego brillante pero es superior a un Mallorca de escasas capacidades futbolísticas. El caldo humeante del gol está a punto de llegar en dos ocasiones, si bien el gaznate, como el resto del cuerpo -a pesar del abrigo y la bufanda- continúa su proceso de congelación.

El marcador no se mueve al descanso, aunque una ligera esperanza de que lo haga en el segundo acto existe entre los aficionados del Córdoba. En efecto, sucede. Pero no del lado que todos esperan en El Arcángel. El Mallorca, un rival pobre en su juego, consigue adelantarse en el tanteador. Surgen los nervios, que dejan paso después a un concierto de silbidos cuando resuena en el coliseo ribereño. Las expectativas del verano se hacen trizas. Un poco más. La sonrisa se torna en semblante serio. Y los cánticos van para Carlos González sólo un día después de que anunciara -por vez enésima- su marcha de la presidencia. "González vete ya", grita un significativo sector de la grada, que poco a poco se queda vacía. El Córdoba, como cada uno de sus seguidores este viernes, se enfrenta a un invierno anticipado.

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