Íñigo López y el reencuentro tras el naufragio

Íñigo López, en un partido con el Córdoba del pasado curso. | MADERO CUBERO
El central, titular en el Huesca, vuelve a El Arcángel, del que se despidió el día que el Córdoba lo hizo de Primera goleado por el Barcelona | El domingo se medirá al líder vestido de azulgrana

Todo es diferente. La categoría es distinta. También lo son la situación del equipo y su ánimo, al igual que el de una afición que sabe de él y a la que conoce. Los tiempos de la amargura terminaron para dejar paso a otros en los que la ilusión ocupa cada rincón de El Arcángel. Un estadio, el ribereño, al que regresa después de una experiencia desagradable, de esas que cualquiera quisiera olvidar para siempre. Probablemente, pocos, o quizá nadie, en apenas unos días preste atención a su retorno. La razón es sencilla: la historia acabó en desencuentro general y la realidad actual mueve a pensar cuasi únicamente en la victoria. Es lo que tratará de arrebatar el domingo (17:00) al que fuera su conjunto hasta hace sólo unos meses, cuando la nao que ahora avanza por el mar de Segunda al mejor de los ritmos acabó en las profundidades del océano de Primera. Tras vivir el gran naufragio, Íñigo López vuelve a Córdoba para medirse al líder de plata.

A diferencia de muchos de sus compañeros en el tortuoso camino del cuadro califal por la elite, el riojano no logró encontrar acomodo en la máxima categoría de cara a la campaña en curso. Su nueva aventura futbolística comenzó en Segunda A, la división a la que se vio abocado el conjunto blanquiverde tras el desastre entre los grandes. El Huesca requirió sus servicios y al proyecto del cuadro aragonés se sumó. Entonces, supo que algún día habría de regresar a El Arcángel. Íñigo López (Logroño, 1982) viste en el presente de azulgrana, la conjunción de colores que dibujó el más triste de los finales. Tanto del débil sueño del Córdoba como de su periplo como califal. Porque el central, que es pieza importante en el esquema de Luis García Tevenet, dijo adiós al estadio al que retorna justo la tarde, cálida de mayo, en la que su ex equipo se vio definitivamente roto. El pasado 2 de mayo, en la antepenúltima jornada liguera de Primera, el Barcelona actuó como un rodillo en el coliseo ribereño para poner punto final a la más dura historia.

Ese día, El Arcángel asistió a defunción oficial del Córdoba en la máxima categoría. Lo hizo a golpes. Tantos como ocho, que fueron los goles que encajó ante la escuadra catalana. Quizá sin saberlo, el riojano también se despedía. El duelo con el conjunto de Luis Enrique fue el último que disputó como local en el coliseo ribereño. Una jornada después, llegó otro partido poco digno de ser recordado: el de Los Cármenes, donde el zaguero vio dos amarillas y cerró el capítulo de su trayectoria deportiva con la elástica blanquiverde. Tampoco jugó ante otro cuadro con colores similares a los que esta temporada viste. En la presente campaña, Íñigo López se enfunda una camiseta azulgrana, la de un Huesca en el que encontró un lugar fijo en el once. No de manera sencilla, pues durante tres jornadas no tuvo participación. El resto de encuentros, los contó por titularidades. El domingo, salvo cambio imprevisto, repetirá en el escenario del naufragio. Sólo que esta vez, el marinero que tocó orillas de Segunda A agarrado a un tablón es ahora capitán de un barco que va viento en popa. El zaguero vuelve para medirse al líder.

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