¿Qué hubiera dicho El Litri?

Litri, en su museo cordobesista | LARREA

Seguro que se estaría riendo. Tenía un chiste para cada crisis, un chascarrillo para cada drama, una esperanza para cada vez -y han sido muchas- que el equipo hacía todo lo contrario de lo que se esperaba de él. Para bien o, casi siempre, para mal. El Córdoba es un ente extraño, cuya capacidad de supervivencia a las calamidades es su principal seña de identidad. Esa certeza de invulnerabilidad es el ingrediente básico de la adicción de sus aficionados, que saben que jamás ganarán nada -más allá de disgustos y éxitos de humildes, como ascensos y salvaciones-, pero que se ufanan al decir que nada puede con su club indestructible.

El Córdoba siempre está a punto de explotar, pero nunca lo termina de hacer del todo. En la actualidad está así. Bailando en la cuerda floja y sin red debajo. En este tipo de escenarios, Litri era la válvula de escape para la presión contenida, el hombre que lo relativizaba todo y que consolaba con su sentido del humor y su sabiduría de la calle. Muchos han pedido su nombre para una de ellas. Fue un hombre bueno. Un cordobesista ejemplar. Tal día como hoy, un 24 de enero de 2014, se fue un símbolo del Córdoba.

A Francisco Calzado Ferrer (Córdoba, 1931-2014) le borró el fútbol el nombre. Gente que compartió con él muchos años en los lugares sagrados -el vestuario, el banquillo, el césped…- ni siquiera sabe en qué día del calendario celebraba su onomástica una de las personalidades más singulares que parió el cordobesismo. Él era Litri. El guardian de la memoria del club. Dedicó años y años para montar un museo de recuerdos. Limpiaba y enmarcaba fotografías antiguas, recortes de periódico, material que le llegaba de aquí y de allá. Como un arqueólogo del cordobesismo, recopiló vestigios de una época que fue la suya, aunque realmente la etapa de Litri no es una ni otra. Han sido todas porque él siempre estuvo ahí. Para lo que gusten mandar, desde 1963 hasta el día en que se fue. Fue masajista, utilero, conserje y consejero. De los que dan consejos. Y de los buenos.

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Dijeron que iba a dar nombre a una calle. Como Juanín, el mejor futbolista de todos los tiempos, que falleció en 2013. Al genio de Nerva incluso le iban a homenajear rotulando con su apodo la entrada a una nueva Ciudad Deportiva del Córdoba CF. Esa instalación nunca llegó a construirse. Ni tampoco se dedicó la calle a Juanín. Ni a Litri. El debate sobre la nomenclatura de las vías de la ciudad derivó hacia otros escenarios y se convirtió en munición para la refriega política. Del fútbol y sus héroes populares nunca más se supo. Hoy nos acordamos de Litri y de su Córdoba, que sigue siendo el mismo de siempre.

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