La Disneylandia azulgrana es el infierno del Córdoba

Campabadal intenta driblar a Jordi Alba | LOF
Los blanquiverdes resisten en el primer tiempo tras encajar un gol en el primer minuto | Un Barcelona a medio gas decide por talento un duelo desigual

Hay unos cuantos equipos privilegiados en el fútbol mundial que no necesitan, salvo cuando se cruzan con adversarios de su clase, exprimir al máximo sus virtudes y sufrir la horrible presión de hipotecar su porvenir a la necesidad de no cometer el más minimo error. Porque saben que es irreparable. El Barcelona es uno de ellos. Despachando una faena de servicios mínimos, el coloso azulgrana derrotó al Córdoba en el último partido del año para ambos. Los blanquiverdes no tuvieron opción porque no hicieron un encuentro perfecto. Tampoco es que estuvieran mal. Dejaron algunos detalles interesantes y la sensación de que hay cierto orden y equilibrio en su juego, que quizá eleve el tono con algún recambio de piezas en el mercado invernal. Lo que pueden hacer ahora no les da para inquietar al Barcelona. La Disneylandia de Luis Enrique fue un tormento para los de Djukic.

Venir al Camp Nou es un acontecimiento que para los aficionados puede resultar una fiesta, pero que para los profesionales es un examen que encaran con el temor -a veces indisimulado- de acabar destrozados por un adversario de un rango superior. Ya lo dejó advertido Djukic. El serbio dijo que el duelo en el coliseo azulgrana iba a ser un test para la fortaleza defensiva de los suyos. Y alineó un once con especialistas precisamente en eso. En defender. El 0-0, para empezar. Colocó un centro del campo de talante gladiador. Luso como capitán y dos lugartenientes de nervio y garra, devotos de la acción directa, como Deivid y Ekeng. Un trivote con la misión de desactivar la fantasía a cámara rapida de tipos como Rakitic, Iniesta o Pedro. Los estilistas del Córdoba se quedaron guardados para mejor ocasión. Ni Abel, ni Fidel, ni López Silva, ni Fausto Rossi. Con Ghilas como peón multiusos en la punta y Fede Cartabia en el centro de todas las oraciones de los hinchas blanquiverdes, el Córdoba tuvo una puesta en escena tan previsible como justificada. El Barça, con Montoya de titular -la primera vez del curso- por Alves y Neymar en el banquillo, planteaba la tarde como un último trámite antes de tomar las vacaciones. El ambiente era el típico de los escenarios grandes cuando comparece en ellos un equipo humilde con el cartel de víctima colgado al cuello. Aplausos piadosos de los seguidores locales, los 'selfies' de los futbolistas en césped antes del partido... Un partido con el guión escrito y un protagonista, el Córdoba, con el secreto deseo de cambiarlo.

Pero todas esas fabulaciones del cordobesismo, junto con los planes del equipo, saltaron hechos pedazos de manera inmediata. En el primer minuto, Montoya mostró la fogosidad propia de su condición de debutante esta temporada, a la que se añade una relación un tanto turbia con Luis Enrique por su desaparición del once en una campaña que parecia ser la del alumbramiento estelar del prometedor canterano. Entró una primera vez por la banda y su centro no lo recogió nadie. A la segunda, el balón lo cazó Pedro para batir de un fuerte disparo a Juan Carlos. La celebración ni siquiera fue explosiva. El barcelonismo se frotaba las manos ante la perspectiva de un festín prenavideño.

Sin embargo, el rodillo no actuó. El 1-0 en la primera jugada, lejos de ser un aperitivo, tuvo un efecto inhibidor en el hambre culé. El Barcelona tuvo la pelota más tiempo en su poder, pero actuó con una parsimonia que en algunas fases llegó a provocar silbidos en la grada. Los de Luis Enrique jugaban sobrados ante un Córdoba que lo paso mal después de encajar tan pronto -Iniesta y Luis Suárez pudieron agrandar la herida-, pero que empezó a encontrarse mejor conforme avanzaban los minutos. En una contra, Ghilas se marchó por la banda de Jordi Alba y lanzó un latigazo que se estrelló en el lateral de la red. El 1-0 activó los resortes del orgullo del Córdoba, que se comportó solidariamente y se suturó la herida emocional del gol nada más empezar. En lo futbolístico era más difícil encontrar recetas. El equipo blanquiverde explotó lo que tiene  y no salió demasiado malparado en la primera parte. 

Un sorprendente disparo raso de Borja García que Bravo detuvo con apuros y una serie de sobadas de balón sin profundidad alteraron los ánimos del personal, que quería más. Luis Enrique tenía mala cara en la banda. Un trallazo de Pedro al borde del área se marchó fuera por poco y, en el tramo final del primer acto, una acción invididual de Jordi Alba y un testarazo picado de Gerard Pique que Juan Carlos envió a córner volvieron a poner picante a un duelo en el que el Córdoba se mantenía de pie.  Fede Cartabia se pasó de individualista en un disparo forzado que pudo haber pasado al compañero. Incluso pudo el equipo de Djukic disparar entre los tres palos una vez. Fue en el minuto 42, en un cabezazo flojito de Deivid que atajó Claudio Bravo. Un balance más que suficiente para que los seguidores blanquiverdes no se sintieran tan defraudados como los azulgranas, cada vez más críticos con el desempeño de los suyos. Por cierto, Messi estaba ahí. Hizo un par de filigranas y poco más. El Barça estaba desenchufado.

La reanudación trajo a un Barcelona con intenciones renovadas tras la arenga del vestuario. Sin brillantez, pero con la eficaz rutina de los ganadores, el cuadro azulgrana desarboló a un Córdoba monocorde. Un pase de Pedro a Luis Suárez lo remachó el uruguayo, libre de marca, desde cerca. Transtornado aún por la bofetada, vio cómo un torpedo de Rakitic sacó astillas del poste de la meta de Juan Carlos. Ahora sí apretaba el Barça, que olia la sangre del Córdoba. 

Los minutos transcurrían sin grandes sobresaltos. Al Barcelona no le hacía falta mucho para gobernar la situación. Xavi, aclamadísimo cuando salió al campo por Rakitic, generó con un centro exquisito el tercer tanto local, firmado por Gerard Piqué. Los instantes finales resultaron un suplicio para los cordobesistas, que suplicaban el final ante la intensidad de un castigo que se agrandó con el clásico gol de Leo Messi.  Andando firmó un par. Éste marca hasta sentado en una mecedora. Y el Córdoba necesita un mundo para fabricar una oportunidad. Ésta es la diferencia. Por eso unos viven en Disneylandia y otros en medio de un laberinto.

FICHA TÉCNICA

FC BARCELONA, 5: Claudio Bravo, Montoya, Piqué, Mascherano, Jordi Alba, Rakitic (Xavi, 64'), Sergio Busquets, Iniesta (Rafinha, 75'), Pedro, Luis Suárez y Messi.

CÓRDOBA CF, 0: Juan Carlos, Campabadal, Íñigo López (Pinillos, 59'), Pantic, Crespo, Deivid, Luso (Fausto Rossi, 70'), Ekeng, Borja García (López Silva, 74'), Fede Cartabia y Nabil Ghilas.

ÁRBITRO: Antonio Miguel Mateu Lahoz (Comité Valenciano). Amonestó con tarjeta amarilla a Sergio Busquets.

GOLES: 1-0 (1') Pedro. 2-0 (53') Luis Suárez. 3-0 (79') Pique. 4-0 (82') Leo Messi. 5-0 (90') Leo Messi.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la jornada 16 del campeonato de Liga BBVA, disputado en el Nou Camp ante unos 60.000 espectadores. Un millar de seguidores blanquiverdes diseminados por todas las zonas del graderío.

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