Día 3: La primera paliza y otra dosis de esperanza

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El Córdoba protagoniza su sesión más exigente con un partido en el que se detectan aires de reivindicación | Pineda se prepara al margen del grupo

Cada día de pretemporada es una declaración de intenciones. De Oltra, que deja ver con claridad meridiana qué es lo que pretende para el equipo, y también de los jugadores. Cada cual, obviamente, con su historia detrás. Los recién llegados quieren agradar a sus jefes y confirmar las razones por las que les ficharon. Los que vuelven de cesiones pelean por enseñar que tienen lo que hay que tener para garantizarse una oportunidad. Y luego están los transferibles, que viven una situación de extrema complejidad. Especialmente en lo sentimental. Tienen que hacer cambiar de opinión a quienes, en un principio, determinaron que eran piezas prescindibles. El hecho de que tanto Emilio Vega, director deportivo blanquiverde, como José Luis Oltra, el nuevo técnico, declararan que no hay situaciones irreversibles, ha supuesto una dosis de esperanza para futbolistas cuyo porvenir en El Arcángel tenía el cartel de imposible.

No es fácil para tipos como Arturo, Damián, Adri Cuevas o, sobre todo, Fran Cruz. El canterano, uno de los iconos de la afición en el año del ascenso a Primera, se viene comportando en Campoamor con su dedicación habitual. Como si no pasara nada. La profesionalidad se sostiene, entre otras cosas, en la capacidad para el cumplimiento del deber y en el rendimiento por encima de las circunstancias. Fran podrá seguir o no en el Córdoba, pero honra su profesión.

Durante unas dos horas, la plantilla despachó en Campoamor su única sesión de trabajo del martes. Oltra anuncio en las vísperas la tarde libre y los jugadores entendieron que había una buena razón para eso: la práctica fue de lo más exigente. Tras la parte física a cargo de un Chema Sanz tan duro, didáctico y motivador como siempre, Oltra dispuso una serie de minipartidos en los que reclamó alta intensidad en espacios reducidos. La gente sudó a chorros. Oltra terminó felicitándoles. Y un grupo de chavales de las categorías inferiores del club local, que acudió a ver la sesión, rompió en aplausos. Fue lo más parecido a un partido hasta el momento para un Córdoba que sigue en construcción. El último en llegar, el chileno Jean Paul Pineda, se ejercitó en un campo anexo bajo la supervisión de Javi Poveda. Mañana le tocará entrar de lleno en un grupo que a día de hoy es, para todos -y para algunos, mucho más que eso-, un campo de oportunidades.

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