Las cosas que no gustan

Córdoba CF - Lugo en el Estadio El Arcángel | MADERO CUBERO
El Córdoba no logra pasar del empate ante el Lugo y ya tiene la zona de descenso a dos puntos, lo que provoca que la afición vuelva a dirigir cánticos a la propiedad

Cinco minutos restan para las siete de la tarde. La temperatura es más suave. Todavía hay quien canta “directiva dimisión”. Es uno de las voces críticas que se dan en un estadio que ya está casi vacío. El silencio gana la partida lentamente. Lo hace incluso en la sala de prensa de El Arcángel. Quizá existan pocas palabras cuando se marchan dos puntos, precisamente los mismos que ahora mismo sirven de distancia para con la zona de descenso. La sensación de volver a mirar hacia abajo cuando la promesa es otra bien distinta es una cosa que no gusta. Es lógico. Aparece el cansancio otrora tenido como compañero de viaje. En la maleta, los años en que la incertidumbre está presente hasta el último suspiro. En las gradas no queda nadie.

Dos horas antes, el aspecto del coliseo ribereño no es el más deseado. Son más los asientos sin ocupar que aquellos en que algún fiel aficionado asiste a la cita. Tampoco hay demasiada animación. El calor es pegajoso a las cinco de la tarde. Para colmo, el partido es de esos que se hacen pesados. Cierto es que el Córdoba tiene el balón, que incluso logra dar con la tecla de la combinación. Sin embargo, no es suficiente. No ve el camino hacia el gol. Y el Lugo espera. Se conforma con atender al transcurso de los minutos. En cierto momento, se escuchan silbidos. Surgen desde las gradas, ésas en que ya no queda nadie cuando el domingo se encuentra bien avanzado. El sonido del viento es otra cosa que no gusta.

Mucho menos gustan canciones populares como “prepara los carnés” o “González vete ya”, conocidos en los últimos encuentros disputados a orillas del Guadalquivir. Hoy suenan más fuerte. Ya son más de las seis. El calor no se va. En el minuto 54 no suena el himno, sino una de las letras mencionadas. Sin duda, esto es de esas cosas que no gustan. Es una circunstancia que desconocen quienes protagonizan las críticas de una afición que asiste a la mejoría del rival. Pero aparece Mendi. Un chaval saca las castañas de fuego. Juventud divino tesoro; tesoro que vale tres puntos. Un golazo como el suyo es algo que sí agrada, que se espera y cuando llega se celebra. Así es. Fiesta en El Arcángel.

La alegría se convierte después en nueva desesperanza. Veinte minutos después del tanto del jugador del filial se produce el empate. El Lugo golpea por medio de Víctor Díaz y a un cuarto de hora, aproximadamente, para que den las siete comienzan los cánticos. Esta vez suenan con más fuerza. Son los ya sabidos. Y a ellos se une alguna crítica también hacia los futbolistas de un Córdoba que vuelve a vivir más cerca de la zona de descenso que del ansiado play off. Esa circunstancia y el hecho de que el equipo no termine de encontrar su mejor versión son las cosas que menos gustan. No gustan a quien conoce esta historia y provocan otras cosas que tampoco gustan, como es la voz de una afición que busca responsables.

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