Crónica

Cabeza alta, orgullo intacto

Córdoba CF - Sevilla FC

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Sueños en pequeños sorbos. Si la realidad es lo que estaba viviendo el Córdoba en su andadura en la Segunda RFEF, su relación con las competiciones coperas debe tomarse como un alto en el camino para tomar un impulso anímico. Un momento para el disfrute. Pequeñas dosis de ilusión. Por muchos motivos. Uno muy claro lo dejó hace algunos días el título de Copa RFEF, acontecimiento histórico para la entidad, y otro se producía este mismo miércoles con el cruce de Copa del Rey en el que Sevilla visitaba El Arcángel. El fútbol profesional regresaba, años después, al feudo ribereño. Y la afición no quería faltar a la cita. 

Como era de esperar, volvió a batirse récord de asistencia en lo que iba de curso. No era para menos. Un adversario de Champions hacía escala en Córdoba. Eso sí, los de Germán Crespo no pensaban dejarse someter por ningún tipo de complejos. Aunque hubiese cuatro categorías de por medio. De hecho, la primera ocasión la firmaron los locales y llegó a los dos minutos, a través de una presión alta de los blanquiverdes que propició el primer error forzado del Sevilla. Un balón colgado al área defendida por Dmitrovic acabó en una jugada trastabillada en la que Simó quedó muy cerca de batir al meta por bajo. El aviso estaba ahí. Y solo hizo falta eso para que El Arcángel rugiera ahora con más fuerzas que nunca. En esas, el grito de los casi 1.000 aficionados hispalenses quedó por entonces completamente apagado. 

La emoción era máxima tanto dentro como fuera del césped. Disputas constantes entre uno y otro bando, y lo mismo ocurría en la grada, donde, como se ha dicho, se agolpaba un nutrido grupo de aficionados sevillistas. Y los cánticos también rivalizaban. Es más, el único momento en el que todo el estadio cantó al unísono se produjo a los nueves minutos, cuando se llevó a cabo el primero de los homenajes a José Antonio Reyes. Ahí todo el público se levantó para corear el nombre del histórico futbolista que tan feliz hizo a ambas entidades en determinados momentos de su carrera. 

Pero aquí lo importante era el fútbol, y sobre el verde, era el Córdoba el más atrevido y el que, de momento, estaba firmando los acercamientos más claros. El siguiente conato de peligro lo ocasionó también Simo por banda, el cual, tras dejar sentado a Montiel, puso un centro que remató Puga y solo el buen hacer del meta impidió el gol. El plan estaba claro y se estaba llevando a la perfección. Superada la media hora de partido, los blanquiverdes habían logrado maniatar bien el ritmo del conjunto rojillo, que apenas había olido la meta de Felipe Ramos a través de un disparo lejano.

Los califas seguían apretando, evidenciando así un despliegue físico sobresaliente. El dominio del ritmo era claramente local. Pero es que el plantel de Lopetegui guarda un potencial notable, y muy poco le hace falta para generar en ataque. Así, su siguiente oportunidad llegó en una jugada por banda que acabó en Iván Romero, aunque el remate de éste se marchó lamiendo el poste. Con todo, ese talento también daría para que Ramos se luciera, y lo hizo con una perfecta estirada tras un remate de cabeza en la recta final del primer tiempo. Sin más se llegó al descanso. Con el Córdoba completamente enchufado y con la ilusión todavía por las nubes. Quedaban 45 minutos y a este equipo había que tumbarle si el Sevilla pretendía pasar la eliminatoria. 

Los nervios se palpaban claramente en el bando visitante, pues el técnico vasco, ante la amenaza cordobesa, dio entrada a Lucas Ocampos y Diego Carlos en la reanudación. Más pólvora para un partido cargado de emoción. Los recambios permitieron ahora al Sevilla asentarse mejor sobre el césped, con lo que la posesión comenzó a correr cada vez más del lado visitante. Al Córdoba, por contra, se le empezaba a notar el esfuerzo del primer tiempo. Hasta una vez superada la hora de partido, y con cambios también ya efectuados en los locales, no llegaría la siguiente ocasión cordobesista. Fue en un fallo en la salida del Sevilla, que Willy aprovechó para impactar un fuerte golpeo que se marchó alto. 

El devenir del encuentro transcurrió en un arrebato de nervios en la grada y en una pugna constante sobre el césped. Las disputas se jugaban al máximo. Y es que los dos equipos se lo estaban dejando todo, entrando en un tramo realmente físico y en el que la balanza pudo decantarse para cualquier lado. Pero no sería en el tiempo reglamentario. El esfuerzo iba a tener que exprimirse hasta su máxima expresión, pues el choque se encaminó a una prórroga en la que todo estaba por decidir.

Con todo el arsenal sobre el césped, el Sevilla tomó el timón y se fue con todo a pecho descubierto. Fueron los minutos de mayor sufrimiento del Córdoba, que se veía encerrado y en la necesidad de defenderse con uñas y dientes. Era el contexto que podía deparar a esas alturas un choque de esa índole. Las opciones del Córdoba pasaban, por aquellos instantes, por tratar de rascar algo a la contra. Esfuerzo titánico de un equipo que se estaba vaciando por fuera y por dentro. Y con Felipe Ramos inconmensurable bajo palos. La muralla andaba más que bien armada. El sueño continuaba con el paso de los minutos. No obstante, el desgaste físico se hacía notar y eso lo aprovechó el Sevilla con un pase lejano a la espalda de la defensa que lo recogió Ocampos en carrera, y el extremo, provocando a su vez un fallo en la salida del portero blanquiverde, convertía a placer el primero del partido. Lo intentó hasta el final el Córdoba, pero la heroica ya no pudo producirse. Una caída que debe dejar la cabeza bien alta. Y el orgullo intacto.

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