Tenebrismo urbano del siglo XXI a 42 grados centígrados

Manolo Espaliú en Blow Up.
El fotógrafo sevillano Manolo Espaliú expone en Blow Up una muestra de su trabajo sobre la asfixia y el desasosiego de las luces y las sombras

Manolo Espaliú (Sevilla, 1970) se mueve en las sombras. Normal. Hace calor. 42 grados centígrados, exactamente. La misma temperatura que da nombre a su exposición que inauguró el sábado en la sala Blow Up. “Este trabajo lo empecé a hacer en 2011 y lo planteé desde la dificultad de fotografíar en verano con la luz tan dura que hay en ciudades del sur como Sevilla y Córdoba”, señala. Espaliú trata de usar la propia fisonomía urbana meridional, de profundo arraigo islámico con calles estrechas para usar aquellas orientadas al oeste como cañones de luz natural en los atardeceres y lograr efectos casi más parecidos a los de un estudio que a las instantáneas en exterior que son en realidad. La obra 42º ha sido reconocida en la selección Nuevo Talento FNAC de Fotografía 2012.

Y su efecto es de un manierismo tenebrista que apabulla. “Al medir la luz muy fuerte, el resto se viene abajo, lo que pretendía era aislar al personaje y reflejar esa sensación de agobio y de desasosiego que tenemos en verano con temperaturas por encima de los 40 grados”, explica el fotógrafo. “Y la diferencia entre ese desasosiego y ese agobio es el refugio de las sombras cuya temperatura pueden llegar a bajar 10 o 15 grados y uno lo agradece”. Las imágenes son una lectura contemporánea del puro barroco andaluz. “Sí me lo ha dicho mucha gente, que se parece a Caravaggio, a la escuela sevillana del barroco, son pinturas que hemos visto durante toda la vida. Y yo, que soy de Sevilla, pues lo tengo más cerca. Pero no es algo que lo fuese buscando”, aclara.

Espaliú afirma que ha recibido el ánimo de muchos para que siga esta senda de trabajo “porque parece que está influyendo en el trabajo de otros fotógrafos, de la misma forma que otros trabajos me influyen a mí porque”. Pero parece que por el momento no va a seguir esta senda durante un tiempo. “Ahora voy a seguir trabajando con el tema de la calle un poco con este formalismo, pero distinta forma”, avanza. Y uno de los caminos es seguir investigando en el mundo musulmán. “Me interesa mucho el mundo islámico. Creo que en occidente hay mucha demonización y yo me estoy acercando a estos países, especialmente

Irán, que me fascina y estoy esperando ir allí con una beca“.

Una beca que se sumará a la que, a través del colectivo El Cíclope Mecánico, disfruta gracias a La Caixa, para exponer un trabajo en el que lleva inmerso cinco años. “Es un proyecto documental en un pueblecito del Rift, en el norte de Marruecos, en el antiguo protectorado español. Siempre hemos hablado de la guerra, los conflictos y nosotros hablamos más de las relaciones del día a día entre los marroquíes y los españoles que allí”. Y allí, de nuevo, buscará las luces y las sombras.

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