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El sol se cuela entre las sombras de la plaza Jerónimo Paez de Córdoba, donde se ubica el Museo Arqueológico. En una terraza, está sentado el coreógrafo Antonio Ruz. Es un sitio que conoce bien. Sus pasos ya han andado esas mismas calles hace sólo unos meses, cuando estaba en pleno proceso creativo para levantar la última obra de su compañía, el mayor reto en la carrera de este creador, Premio Nacional de Danza, que encontró la inspiración en un poema épico de otro cordobés ilustre: Marco Anneo Lucano.

Antonio Ruz: “Ser coreógrafo en España es una proeza”

Antonio Ruz: “Ser coreógrafo en España es una proeza”

Meses después de aquella tarde que pasó en el Museo Arqueológico estudiando la Corduva de Lucano, Ruz ha vuelto a la ciudad. Este sábado estrena en el Gran Teatro su Pharsalia, un espectáculo de danza contemporánea que ya ha estrenado con éxito en los Teatros del Canal de Madrid, y un proyecto al que llegó casi por casualidad.

“Fue medio fortuito -explica Ruz a Cordópolis-. Hubo una beca a la que me quise presentar en el extranjero centrada en la relación entre Roma e Hispania, y el libro llegó a mis manos casi de casualidad. Yo a Lucano no lo he estudiado. Luego lo he empezado a investigar y caí en la cuenta de la importancia que tiene su obra, esta Farsalia, que es la única que queda, y empecé a estudiarlo y vi la complejidad: una obra en verso, épica y muy densa, dividida en diez cantos y con una lectura muy difícil”. Ruz no tardó en darse cuenta de que tenía entre sus manos una rara Avis, una obra que no se había llevado a escena (al menos desde la danza) escrita por otro cordobés que había sido muy revolucionario en su época, y cuyos ecos todavía resuenan 20 siglos después. 

Ruz andaba este viernes por las mismas calles que conoció de pequeño, cuando era casi el único niño en las escuelas de danza de la ciudad y uno de los pocos que pisaba los conservatorios. Hoy es una de las figuras más importantes de la danza contemporánea española, pero vive fuera de la ciudad, en Madrid, donde ha encontrado, no sin poco esfuerzo, el apoyo para levantar algunos de sus proyectos (que suelen agolparse y solaparse al mismo tiempo, además).

Mientras posa para las fotos y se ríe diciendo que tiene “perfil romano”, Ruz va contando cómo nace un proyecto que parte de una idea, la del cuerpo en guerra. “Al final estamos contaminados por el conflicto. La guerra es inherente al ser humano”, reflexiona el coreógrafo, que comenzó a estudiar Farsalia desde la soledad que implica la falta de antecedentes. Un proceso marcado por la duda y también el miedo. “Tengo en mis manos algo que me inspira y que me da miedo, un tema que es desagradable y al que estamos acostumbrados a mirar con filtro, en la tele, en el móvil, la guerra es un tema que está cerca pero que a nosotros no nos toca”.

Estamos contaminados por el conflicto

Antonio Ruz Coreógrafo

Más dudas. Las que estallan cuando estalla (valga la redundancia) una guerra en la frontera de Europa. Ruz se lo piensa y se responde a sí mismo: “César y Pompeyo son Putin y Zelensky. Al final estamos en lo mismo y estaremos, esto es algo que nos va a acompañar siempre”. Ruz, de hecho, acabó incorporando la misma guerra al proyecto cuando el fotógrafo venezolano Andrés Gutiérrez le mostró sus fotos tomadas en la Ucrania invadida por Putin.

Todo proceso creativo es una danza de preguntas, a veces sin respuesta. Para Ruz hay dos que marcan su Pharsalia: ¿Hay belleza en la guerra? ¿Cómo llevar una obra de más de 20 siglos y llevarla a la escena contemporánea? Sin certezas aún, el coreógrafo responde a la segunda cuestión optando por el camino intermedio: haciendo una versión libre, inspirada que no basada en el material original, y en la que la premisa sea la libertad.

Para la primera pregunta, un lenguaje en vez de una respuesta: “Yo trabajo la guerra desde el cuerpo, el cuerpo como vehículo expresivo en un espacio determinado”. 

PREGUNTA. ¿Hablar del cuerpo en un momento en el que es la última frontera en la mercantilización del ser humano es una posición política?

RESPUESTA. Por supuesto. Hablar del cuerpo hoy es casi una utopía, porque es casi lo que menos importa. Importa más la red social, la tecnología, lo virtual… ¿Qué pasa con el cuerpo, que es nuestra casa? El cuerpo tiene mucho poder y once cuerpos tienen que contar muchísimas cosas.

Once bailarines sobre un escenario, más otra decena de técnicos. La obra más importante que ha emprendido Ruz hasta la fecha era inviable sin apoyo. Lo ha encontrado de norte a sur. Desde los Teatros del Canal al Museo de la Universidad de Navarra, que le da la oportunidad de reunirse con un catedrático de Latín, un arqueólogo y un filósofo especializado en estoicismo. En aquella reunión, un nuevo hallazgo: “Fue alucinante ver que la creación coreográfica y lo académico se pueden dar la mano. Es algo que nunca me había pasado”, recuerda hoy Ruz, que quiso repetir experiencia en Córdoba, invitado para ello por el Instituto Municipal de Artes Escénicas (IMAE).

Al final, aquello quedó en una nutritiva sesión con Lola Baena, la directora del Museo Arqueológico, que sorprendió al coreógrafo con una increíble cantidad de información. “Baena me contó el papel que tenían las mujeres. Me contó, por ejemplo, cómo, cuando los hombres se iban a la guerra, muchas veces las matronas se amotinaban. Además, nos reunimos en el Museo Arqueológico justo delante del púlpito donde estaban la abuela y la tía de Lucano. Fue bastante emocionante, que algo tan arcaico y lejano, pudiera conectar con el presente”. Ruz se ríe pensando en que Lucano escribía pantomimas para danza que se han perdido, y que ahora él ha revisado desde la danza un poema épico y tráfico sobre un tema “miserable como la guerra”, abordado “con mucho amor y mucha entrega”.

Ruz había pasado seis meses sólo para leer con detenimiento la obra de Lucano, una obra a caballo entre la poesía y la crónica histórica, inacabada. Cuando empezó, había diez conflictos armados en el mundo. Ahora hay más. Y seguirá habiendo. “El conflicto es parte del ser humano, como lo es la lucha por la supervivencia o el desasosiego de estar en este mundo, que provoca que estallen conflictos”, reflexiona el creador mientras andorrera por las calles del centro que desembocan en el Templo Romano de Córdoba, el más importante de la colonia patricia en la que nació Lucano, hoy vallado por unas obras que se quedaron inacabadas, como la propia obra del poeta estoico.

Para ser coreógrafo en España hay que ser estoico

Antonio Ruz Coreógrafo

P. ¿Te sientes un poco más estoico ahora?

R. Para ser coreógrafo en España hay que ser estoico. De hecho, los estoicos, cuando se suicidaban era como un gesto de honor y de dignidad. Y yo a veces pienso que es un suicidio lo que estoy haciendo. Porque levantar un proyecto, poniendo en pie el músculo financiero y logístico de un proyecto tan grande, no sé, no sé… Y lo hemos hecho porque hemos trabajado en equipo y porque hemos ido sembrando hasta lograr que algunos teatros e instituciones se han sumado y me han dicho: te coproducimos. Sino, sería imposible“.

P. Hay una frase que me gusta mucho sobre la guerra, que dice que es fácil entrar y muy difícil salir. Sería una buena metáfora para lo tuyo con la danza.

R. Yo no sé salir de la danza. Estoy en un periodo un poco desesperanzado por la inacción de la gestión cultural de este país, tanto autonómica como nacional. Estoy cansado de apostar, proponer y crecer desde mi lado, sin ver una respuesta de apoyo real a un coreógrafo que está consolidado y que necesita crecer. Yo no soy un coreógrafo emergente ya. Así que, bueno, veremos si sigo creciendo aquí o no. Estoy abriendo horizontes y quizá eso me lleve a otro país. Si tengo otras ofertas fuera las haré, pero siempre en la danza. Es lo que soy. Porque yo siento que tengo una responsabilidad con la sociedad. No es un sueño a nivel personal, es que siento que necesito seguir inspirando a gente y creando mundos, mejores quizá, o imaginarios, y dejar un legado. Desde ahí es de donde quiero crecer. No sólo en nombre, fama o notoriedad, quiero hacer más cosas, y para hacer más cosas, necesitas que te apoyen. 

Pharsalia, de Antonio Ruz, se estrenó en los Teatros del Canal los días 21, 22 y 23 de octubre. Tras su paso por Córdoba, este sábado, se podrá ver en Valencia el 19 de abril, inaugurando el Festival Dansa Valencia, y en Sevilla, en el Teatro Central, los días 19 y 20 de mayo.

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