‘Naranjas y medias’: el mural dedicado a Julio Romero de Torres que ilumina el distrito Sur

Murales junto a la Torre de la Calahorra

Pinceles, agua, colores y collage en un homenaje a las obras del pintor cordobés Julio Romero de Torres. Esa es la obra que este sábado se inauguró, bajo el nombre de ‘Naranjas y medias’, en un mural en el barrio del Campo de la Verdad, con la presencia de la delegada de Juventud del Ayuntamiento, Cintia Bustos y la presidenta del Consejo de Distrito Sur, Mariló Dámian, dentro del programa ‘Planeo impulsa’ y coordinado por la muralista Marta Puertas.

 La iniciativa ha propiciado ver pintar a ocho jóvenes artistas, que buscando hacer una fusión entre el toque urbano y la recreación del sentimiento de añoranza que Julio Romero sentía por su tierra, convierten un muro en un cuadro en cuatro días. Y lo hacen por los visitantes y por la gente que vive en el barrio: ‘‘Queremos que aparezca actrativo visualmente y sientan que el pintor cordobés esté representado con su tierra’’.

Así, cada artista ha interpretado una obra del pintor, en su espacio, con su proprio estilo, para contar una historia escrita primero por Julio Romero, y que ahora, se cuenta a través del arte urbano, del contemporáneo. Una obra que pretende interactuar con los paseantes, acompañarlos en la cotidianidad, enriquecerlos, y por qué no, atraer algún turista que se acerca.  

‘‘Una forma directa de hacer llegar el arte contemporáneo a la gente, porque el público a veces no entra en un museo por pereza, por desconocimiento, y así se lo encuentra por la calle. Es una forma de educar a la gente artísticamente.’’ explica la pintora Sara Moyano. 

Naranjas y medias es un nombre que recuerda a los frutos que adornan las calles de Córdoba y al famoso lienzo La chiquita piconera, como símbolos de este homenaje a la tierra del pintor cordobés y un juego de palabras entre media-naranjas y naranja y media.  

Enamorado de su tierra andaluza, Julio Romero de Torres, el gran pintor cordobés se dedicó a pintar imágenes del flamenco, la copla y se sirvió sobre todo de figuras femeninas, para frecrear escenas de alegría, tristeza, muerte.  

Ahora, en este mural, al sur del Guadalquivir y al lado de la Torre de la Calahorra, encontramos la obra que dan una segunda vida a sus cuadros. Quizás si el pintor cordobés hubiera sido muralista: ‘‘S ilo hubiera hecho, hubiera sido genial’,’ dice riéndose la artista Marta Tuuk. Y aunque no podemos saberlo, seguramente esta obra le habría encantado.

Pensamos a las ciudades como algo vivo, que a lo largo del tiempo se vuelven a dibujar, llevan consigo el pasado, pero están en continua transformación, en reestructuración: se construyen barrios, carreteras, parques, obras, monumentos. Esto quiere ser el arte urbano, algo que, por un lado lleva adelante la memoria y por otro, que reescriba un espacio con palabras nuevas, contemporáneas.

Y de esta forma, el muro destrozado que se asomaba al río Guadalquivir, vuelve a la vida. Los ojos de las mujeres pintadas por Romero de Torres se quedan mirando a quien hace su carrera matutina, a quien pasea a su mascota, y las naranjas no ruedan en la acera sino que observan a los niños jugando.

Vemos también que los peces y el pato del bodegón de Julio Romero toman vida, han madurado. El arcángel San Rafael se moja en una lluvia de naranjas, las mujeres de Humo y Azar se beben el vino Montilla-Moriles jugando con las cartas en un parque. Ángeles y Fuensanta unidas por un hilo rojo, limones y naranjas colorean la pared, el salmorejo, la muerte: todo se funde y se mezcla a lo largo de una raya horizontal.

Los jóvenes artistas que han tomado parte a este proyecto: Marta Tukk, Cámara Pasadas, Almudena Castillejo, Virginia Filardi, Sara Moyano, Sota Pérez, Marta Araujo, Clara Gómez Campos. 

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