Córdoba y ARCO: Un idilio por explotar

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“Lo vibrante este año es acudir a ARCO con un discurso propio”, explica la presidenta de la Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí, Marisa Ruz, unos días antes de partir hacia Madrid, donde esta fundación tiene el honor de representar al arte contemporáneo de una ciudad y una provincia, Córdoba, que no ha tenido históricamente un idilio demasiado fructífero con la Feria Internacional de Arte Contemporáneo.

Y, cuando se habla de Córdoba no sólo se habla de sus artistas, sino de sus galerías que, aunque hoy han cerrado sus puertas y sólo queda la José Pedraza en Montilla, cuando estaban abiertas tampoco pegaron el salto a mostrar su catálogo en ARCO, una cita que, por encima de todo, es un punto donde se compra y se vende arte.

Por eso mismo, Marisa Ruz entiende que el año pasado surgiera “alguna voz crítica” sobre la presencia de la Rafael Botí en esta feria, si bien defiende esta presencia porque así puede dar a conocer qué es lo que se está haciendo en la provincia dentro del campo de las artes, y además, desde la convicción de que ARCO es mucho más que “comprar y vender”. “No vamos a vender ni a comprar, sino a decir que el arte tiene capacidad de generar un discurso conceptual, y en este caso con un discurso en torno a la reivindicación de la mujer”, especifica la presidenta de la fundación.

El año pasado, Córdoba presentó en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo el programa Periféricos, a partir de ocho proyectos de arte contemporáneo en pueblos de Córdoba que acercan el arte a la ciudadanía. Este año, sin embargo, ha apostado por mostrar el trabajo de 3 mujeres artistas, con el afán de visibilizar el papel de la mujer en el arte contemporáneo. La diferencia está en que este año las tres artistas escogidas conforman un discurso conjunto, comisariado por Lola Molina.

Y es que, según relata Ruz, era imperativo dar voz a las mujeres en una fundación en la que “sólo hay hombres”, y tras su experiencia en el mundo del arte contemporáneo en Córdoba, en el que, por ejemplo, se ha encontrado con que en los proyectos de Periféricos también “todos los comisarios son hombres”. “Cuando hablamos de la invisibilización de las mujeres, se puede decir de propia voz”, apostilla la diputada de Cultura, que reconoce que la Rafael Botí ha acabado yendo a ARCO para cumplir un “anhelo” que le trasladaron los propios artistas.

“La losa de una generación de artistas”

Uno de esos artistas que mejor conoce los entresijos de ARCO es Tete Álvarez, que ha llegado a ir 8 años consecutivos al principal escaparate del arte contemporáneo en España. Siempre con galerías de fuera de Córdoba, la mayoría de las veces con la sevillana Cavecanen, aunque también con galerías de Valencia o Murcia. De su primera vez en la feria, recuerda que llevó una videoinstalación cuando era muy raro llevar una pieza de arte electrónico y que acabó quedando finalista en una categoría en la que apenas concurrían media docena de obras. “En aquel entonces, los coleccionistas no sabían ni como comprar ese tipo de arte”, bromea este creador nacido en Cádiz y residente en Córdoba.

Sobre la escasa presencia o interés de las galerías cordobesas en la feria, deduce que es porque los requerimientos de ARCO eran altos y, o bien no se aplicaba o bien se aplicaba y no se pasaba el corte. No es algo extraño, añade, dado que, en el mejor momento del sector, llegaron a ir a ARCO nueve galerías andaluzas y hoy van dos.

Con respecto a los artistas cordobeses, la relación con ARCO ha sido algo más fructífera, aunque tampoco para tirar cohetes, a tenor de la memoria de Álvarez, que sin dudar cita entre los asistentes a la feria a Dorothea Von Elbe, José María Baez, Rafael Agredano, Jacinto Lara, Fernando Romero, Moreno Carretero o Gómez Losada, además de los más habituales Pepe Espaliú, Jesús Pedraza o Equipo 57, que este año vuelve a ARCO con la galería sevillana Rafael Ortiz.

Tras enumerar el listado, Álvarez reflexiona: “No ha sido mucha la presencia y es porque, uno de los problemas que tiene el arte contemporáneo en Córdoba, la losa de una generación de artistas, es que no haya tenido la ciudad su galería de referencia, que haya podido, sabido y querido poner en el mercado el trabajo de estos artistas”. Finalmente, sobre la presencia de la Rafael Botí en ARCO, este artista cree que en la feria “a las instituciones se las mira con un poco de recelo” porque allí domina el mercado, por lo que cree que lo ideal sería “que se establecieran los cauces para que los artistas estuvieran en ARCO con galerías privadas”.

Con esta última reflexión coincide Marisa Ruz, que, por un lado, lamenta que prácticamente no haya posibilidad de exponer en la provincia ante la falta de galerías, pero que resalta, por encima de todo, los motivos que hacen que la Fundación Rafael Botí esté en ARCO.

“Creo que nos aprobaron porque se estaba hablando de arte en el territorio, en la periferia, que es actualmente una tendencia importante y que tiene que ver mucho con la capacidad de generar y transformar desde la vanguardia y la calidad. Lo de Periféricos es muy singular y es una expresión cultural que no se da en una parte del territorio nacional”, concluye la diputada, que en unos días volverá a pisar el recinto Ifema.

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