Busque una toga, hoy paseamos por el Templo Romano

Templo Romano. | MADERO CUBERO
El Ayuntamiento culmina las labores de recuperación del símbolo de la presencia latina en Córdoba

El Templo Romano -voy a escribirlo así, en mayúsculas- y el Ayuntamiento llevan ligados desde que en el siglo XVI a los mandamás de Córdoba les diese por poner la Casa Consistorial justo donde se encontraba el gran edificio latino del siglo I y probablemente dedicado al culto imperial. Ese gran templo vuelve a ser visitable a partir de hoy gracias a los trabajos impulsados desde, precisamente, el Ayuntamiento.

El arqueólogo municipal Juan Murillo explicó ayer en una conferencia que las distintas acometidas de reforma del Consistorio siempre se toparon con unos restos que tardaron en ser bien definidos. El padre de la arqueología moderna en España, García Bellido, se atrevió a identificar aquel guirigay de marmoles y sillares como un gran templo. Murillo recordó anoche que la identificación del templo fue muy complicada ya que normalmente, por la situación y el calibre de los sillares que afloraban, los expertos de la época tendían a pensar que se topaban con el lienzo de muralla. Así ocurrió en 1878, cuando comenzó a abrirse la calle nueva, actual Claudio Marcelo.

No es de extrañar. Apenas si quedaba nada de el templo, repartidas sus piezas por la larga etapa de cinco siglos musulmanes y la posterior llegada cristiana. Los maestros cristianos que se enfrascaron en la tarea de fundar iglesias por doquier también encontraron en aquel lugar -hoy esquina de Claudio Marcelo con Capitulares- una verdadera cantera. Mármoles, sillares y columnas romanos sirvieron para levantar la fundación de San Pablo, permitida por Fernando III allá por 1241.

Un templo incrustado en la muralla. No parecía tener mucho sentido. O tal vez sí. A mediados de los años noventa, los arqueólogos municipales empezaron a excavar en la zona del Palacio de Orive y su huerto. Allí encontraron restos que podían corresponderse al anfiteatro que Samuel de los Santos Gener situaba allí. Pero la distribución y orientación de los hallazgos llevaron a pensar a los expertos que se encontraban ante el circo de la Colonia Patricia romana, donde corrían las cuádrigas al estilo Ben-Hur.

El circo era un enorme edificio -“el más grande erigido en la historia de Córdoba”, destaca Murillo- que en dirección este a oeste, remarcaba el eje con el Templo Romano, el foro de la ciudad, y el anfiteatro, en el otro extremo de la urbe. Y todo ello, siguiendo a la Vía Augusta como guía. Un modelo -el del templo ligado al circo- que se repite en capitales de provincia, como Tarragona y que se inspiraba, señaló Murillo, en la disposición del templo de Apolo Capitolino, en Roma, frente al gran circo de la capital del imperio.

Hoy es imposible hacerse una idea de cómo era el Templo Romano de Capitulares sin ayuda. Y mucho menos imaginar su relación con el circo -el actual parque de Orive coincide con su arena-. Pero con los paseos que se van a poder realizar por dentro del yacimiento, la visión de la ciudad que se obtendrá -una vez culminados los trabajos- se acercará mucho a la que tenían los cordobeses romanos que se acercaban al templo. O como la que tenían los sacerdotes cuando oficiaban sus ceremonias a las puertas del mismo. Casi como puede hacer usted a partir de hoy.

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