“Vi a José Bretón excesivamente tranquilo”

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La cuarta sesión del juicio dibuja al padre de Ruth y José como una persona que trataba de dar la imagen de buen progenitor pero que todos veían como frío, poco cariñoso y machista

“Vi a José Bretón excesivamente tranquilo”. Un guardia civil, amigo del acusado de asesinar a Ruth y a José ha descrito esta mañana a un padre frío e indiferente ante el drama que estaba viviendo. El declarante ha dicho que el cuñado de Bretón, José Ortega, “estaba atacado de los nervios”, a diferencia de los hermanos Bretón y del propio procesado. “¿Cómo es posible que se te hayan perdido a ti los niños, a ti precisamente?”, le inquirió el amigo a Bretón. “No lo sé. Se me han perdido en un descuido”, le respondió sin más en la finca de los Bretón tienen en Las Quemadillas. Era la noche del 8 de octubre de 2011, el mismo día en que Ruth y José de seis y dos años desaparecieron mientras estaban en compañía de su padre.

La policía sospecha que Bretón los asesinó como venganza contra su esposa y madre de los chiquillos, Ruth Ortiz, que acababa de anunciarle que se separaba de él- Los investigadores sospechan que Bretón envenenó a los dos hermanos con fármacos, luego incineró sus cuerpos en una gran hoguera que hizo en esa finca y trató de disimular el doble crimen denunciando la desaparición de los pequeños en un parque, en la otra punta de la ciudad.

El guardia civil, antiguo compañero de armas de Bretón durante su etapa en el Ejército, donde compartieron misión en Bosnia en 1993, describió al acusado como “una persona clasista”. El declarante recuerda su servicio en Mostar y cómo en una ocasión Bretón preguntó si “era necesario” ayudar a los refugiados de la guerra a transportar maletas“. en otro momento, relata cómo le molestó, durante la misma misión, que un cabo primero sorbiese la sopa. Bretón se molestó con él porque era ”maniático“. ”Pero so cabrón, deja de sorber la sopa“, asegura el guardia civil que Bretón le dijo al cabo primero, para definir el carácter del procesado.

Bretón logró cultivar la imagen que buscaba: la de un padre perfecto. Al menos, entre los padres de la guardería y el colegio de sus hijos. “Teníamos esa idea de Bretón, de padre perfecto”, ha contado una de las madres que ha comparecido en la cuarta sesión del el juicio.

La directora de la guardería de Huelva, que no ha podido soportar la mirada fija de Bretón y ha evitado verlo en todo momento, rompió a llorar cuando respondió a las preguntas del abogado defensor.

La directora defiende al pequeño José Bretón como un “niño feliz”. “Era un niño travieso como cualquiera de su edad. Estaba descubriendo el mundo, quería explorarlo”, explicó. Todos los responsables del centro educativo coincidieron en que el padre siempre llevó a su hijo en carrito. Bretón manifestó que lo hacía andando para justificar que cuando los perdió sus hijos iban andando y sueltos, a pesar de su corta edad.

Una de las madres del mismo centro donde iban los hijos de Bretón contó que en la fiesta de cumpleaños de la pequeña Ruth, su padre se se refería a su todavía esposa como “la hija de puta esa”, “podría jurarlo”, dice ella. La testigo describe a un Bretón muy machista, que decía que no es que aprobara la violencia pero que “casi la entendía”. La declarante describe una extensa conversación con Bretón, en la que le insistía en que quería alejar a los niños de la familia de Ruth, en la que había “desequilibrados”. La testigo asegura que Bretón estaba “muy enfadado”.

Entre los testigos de hoy, también han declarado los responsables de la cooperativa que vendió el gasóleo a Bretón con el que la policía sospecha que incineró a sus hijos en una gran hoguera que hizo en su finca de Las Quemadillas, en Córdoba. Un empresario asegura que él mismo le despachó gasoil a Bretón “una semana antes de lo que ocurrió”. Otra administrativa asegura que Bretón fue al menos seis veces al dispensario de combustible y que ella llegó a verlo por allí al menos dos veces por semana. Siempre se llevaba combustible.

Acerca del carácter de Bretón, un antiguo compañero de trabajo dijo que “lo veía un poquito estricto pero como cualquier padre”. Sobre el matrimonio de Ruth y Bretón: “Discutían, como yo puedo discutir con mi mujer”. Admite las “manías” de Bretón, como “hacer que me quitara los zapatos para entrar a su casa” o sentarse siempre en lo alto de un trapo. “Siempre tenía un trapo en la mano”, dijo.

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