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Trump conserva en su mansión falsos azulejos de Carlos V comprados en Granada (y no lo sabe)

Fachada de la casa principal de Mar-a-Lago, cuyas paredes fueron decoradas con falsos azulejos de Carlos V

Aristóteles Moreno

6 de abril de 2026 20:03 h

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El todopoderoso Donald Trump es propietario de una soberbia mansión de 120 habitaciones y todos los lujos imaginables en la elitista Palm Beach de Florida. El imponente complejo residencial, construido en 1924 y declarado Sitio Histórico Nacional, incluye piscina, cinco canchas de tenis, una de crocket, campo de golf, SPA, salón de belleza, dos tiendas de lujo, una boutique y salón de baile, además de 80 hectáreas de impecables jardines.

Mar-a-Lago fue diseñada en un recargado pastiche hispano-morisco y mediterráneo que hacía furor en la época. Y guarda algún secreto que el declarado islamófobo y poco amigo de la cultura latina posiblemente desconoce: sus paredes están forradas de falsos azulejos mudéjares comprados en Granada en 1901 a un anticuario que hizo creer a sus adinerados clientes que procedían de una villa que Carlos V tenía en Guadix.

La estrambótica anécdota está recogida en el último libro del medievalista Eduardo Manzano, España Monumental, en cuyas páginas realiza un fabuloso recorrido por la rica diversidad cultural de nuestro país a través de sus 46 tesoros del Patrimonio Mundial de la Unesco. Los azulejos fueron adquiridos en 1901 por el matrimonio de coleccionistas multimillonarios Henry y Louisine Havemeyer en uno de sus múltiples viajes en busca de antigüedades por el mundo.

La mansión de Donald Trump integra miles de presuntos azulejos mudéjares comprados en Granada en 1901. La web oficial oculta el origen fraudulento de las cerámicas

Después de recorrer Cádiz, Sevilla y Córdoba, los magnates estadounidenses de la industria azucarera recalaron en Granada. Según relata Manzano, un anticuario les mostró un “conjunto de azulejos guardados en 250 cajas que aseguraban que procedían de una villa del rey Carlos I en Guadix”. Por el incalculable tesoro patrimonial desembolsaron “varios miles de dólares”, pero cuando regresaron a Estados Unidos los expertos les confirmaron que, en realidad, se trataba de “piezas recién fabricadas que imitaban decoraciones moriscas”.

La estafa no arredró a los Havemeyer, que usaron parte de los azulejos en la decoración de su casa, mientras que el resto fue guardado en el establo. Allí permanecieron hasta que dos décadas más tarde, otra millonaria americana, Marjorie Merriweather Post, propietaria de un emporio de alimentación, adquirió el lote de falsas cerámicas mudéjares para ornamentar las paredes de una sensacional villa veraniega que se estaba construyendo en Florida: Mar-a-Lago. Uno de los arquitectos de la mansión, M.S.Wyeth, fue quien adquirió la colección de azulejos a Horace Havemeyer, hijo del famoso matrimonio coleccionista.

La rocambolesca historia de los falsos azulejos de Carlos V la contó muchos años después la propia Louisine Havemeyer en sus Memorias de una coleccionista, publicadas en 1961. En el capítulo X, dedicado a su viaje a España, la multimillonaria relata sin pudor alguno y provista de una saludable ironía cómo fueron víctimas de la estafa en Granada. Antes, recalaron en Cádiz, Sevilla y Córdoba, de cuya breve visita conserva el “recuerdo de una mezquita maravillosa”.

Una de las recargadas salas de estilo hispano-morisco y mediterráneo de Mar-a-Lago

En Granada se instalaron en el hotel Washington Irvin en la colina de la Alhambra, donde se sintieron “naturalmente atraídos” por la belleza de sus “maravillosos azulejos”. El último día de su estancia en la ciudad, salieron a dar un paseo y se detuvieron en un anticuario. El señor Havemeyer preguntó por azulejos antiguos. Y el propietario, según relata Louisine, les mostró una “línea ordinaria de existencias”. Pero el material no satisfizo al rico empresario en modo alguno. “No son buenos”, rechazó. “Queremos algo mejor”.

El anticuario los introdujo más al interior del establecimiento y sacó otras cerámicas a un precio sensiblemente más elevado. “No son buenos”, insistió Havemeyer. “Muéstrenos algo mejor”. Dadas las exigencias graníticas del millonario americano, fue entonces cuando entró en acción una mujer, probablemente la esposa del anticuario, para penetrarlos aún más en la penumbra del local. La vendedora les mostró unos “muebles antiguos maravillosos”, que tampoco convencieron al insaciable coleccionista. Henry Havemeyer parecía perder la paciencia y exhibió “expresiones de ira” ante la mujer. “Pobre, en toda su experiencia nunca se había encontrado con alguien como él antes y estaba aturdida”, relata en sus memorias Louisine.

La vendedora se dirigió finalmente a un rincón del local de antigüedades y volvió con varias fotografías y negativos de vidrio. En las imágenes aparecía una supuesta villa del rey Carlos I de España y V de Alemania en Guadix. La mujer anticuaria les enseñó los negativos como si les estuviera desvelando un secreto de Estado inconfesable. “Mi marido inspeccionó las fotografías y los negativos y me los pasó”, relata la señora Havemeyer. “Representaban varias habitaciones cubiertas en parte con azulejos y en parte con paneles de estuco morisco y carpintería tallada. Un azulejo de reflejo dorado para el zócalo y otro más pequeño con un castillo y el león del escudo de armas de Castilla con el lema Plus Ultra en el borde”, describe Louisine.

La farsa fue bien representada y nosotros, pobres inocentes paletos, estábamos inconscientes y complacidos

Louisine Havemeyer Multimillonaria coleccionista

A la esposa del magnate le encantaron las cerámicas y aconsejó inmediatamente su compra a cambio de “varios miles de dólares”. Los coleccionistas le ordenaron al anticuario que embalara todos los azulejos y los enviara a Nueva York. Tras el acuerdo, se quedaron con las fotografías y los negativos, cuya difusión vetaron expresamente los vendedores para evitar filtraciones peligrosas. “La farsa fue bien representada y nosotros, pobres inocentes paletos, estábamos tan inconscientes y complacidos como si hubiéramos descubierto América de nuevo”, escribe Louisine Havemeyer con sorna en sus memorias.

El preciado material tardó dos años en llegar a Nueva York embalado en 250 cajas. “Evidentemente no tenían prisa por que se fabricaran y mientras tanto usaban nuestro dinero con buen provecho”, bromea la coleccionista. Nada más llegar a la aduana, los expertos certificaron el fraude y declararon falsos los azulejos, previo pago de los aranceles correspondientes.

Se trataba de una estafa en toda regla, tal como admitió la multimillonaria años más tarde en sus memorias. Pero también de un intento de expolio del patrimonio histórico español, cuya protección legal a principios del siglo XX brillaba por su ausencia. Tesoros incontables fueron vendidos a coleccionistas adinerados de América y Europa, principalmente por la Iglesia católica y la aristocracia, tal como relata detalladamente el periodista José María Sadia en su escalofriante investigación del Autoexpolio del patrimonio español, publicada en el año 2022.

Los acaudalados coleccionistas no hubieran tenido inconveniente alguno en desmantelar nada menos que una villa real de Carlos V para usurpar sus azulejos, aunque se tuvieron que conformar con vistosas imitaciones, que acabaron decorando las paredes de su casa. Más de cinco mil piezas del inmenso tesoro comprado por los Havemeyer en todo el mundo fueron donadas al Museo Metropolitano de Nueva York en 1929. El ingente catálogo de su Splendid Legacy ocupa 423 páginas y en él figuran obras de Manet, Renoir, Courbet y El Greco.

Mar-a-Lago es la gran mansión veraniega que Donald Trump adquirió en 1985 en Florida

La mayor parte de los falsos azulejos de Carlos V terminaron en las paredes de Mar-a-Lago, la increíble mansión de Florida, que en 1985 fue adquirida por un emergente multimillonario que treinta años después se convertiría en presidente de EEUU. De hecho, las fraudulentas cerámicas de Granada todavía revisten buena parte del complejo residencial, tal como indica la web de la villa. “Uno de los atractivos de Mar-a-Lago es el uso predominante de azulejos españoles antiguos en toda la propiedad”, indica la página oficial sin mencionar una sola coma del grotesco engaño del anticuario.

“Entre los azulejos más antiguos, que datan del siglo XV”, insiste la web, “se encuentra el Plus Ultra, que se traduce como ‘Más allá de lo infinito’, una influencia romana sobre los moros”. Algunos de ellos figuran en las paredes de una sala conocida como Logia de los Monos. Se trata de cerámicas de 14 x 28 centímetros y otros de 14 x 14. La colección de azulejos, según describe la web, presenta variedad de diseños y colores, principalmente azul, amarillo y blanco.

La casa principal de la villa es una “adaptación del estilo hispano-morisco popular” en el marco de un plan general diseñado por su propietaria para combinar elementos del “viejo mundo de los estilos español, veneciano y portugués”. Junto con Marion Wyeth, la multimillonaria contrató también los servicios de Joseph Urban, arquitecto del emperador Francisco José y del jedive de Egipto. La web afirma que Mar-a-Lago significa “Del mar al lago”, conforme a una particular y libre traducción del español.

Mar-a-Lago se ha convertido en los últimos años en una exclusiva residencia veraniega de la familia de Donald Trump, donde recibe a altos dignatarios de todo el mundo y desarrolla parte de su agenda presidencial. Una elitista mansión que guarda secretos hispanos que el arbitrario y caótico dirigente planetario seguramente desconoce.

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