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Cuando el sistema lleva a un joven de 17 años con autismo grave y discapacidad a un centro de adultos gravemente afectados

Marta, madre de Jesús, un menor con autismo severo

Alejandra Luque

25 de abril de 2026 22:24 h

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Hace seis años que Marta (nombre ficticio) se sentó con Cordópolis para contar su historia -gigante e incansable-, que no era otra que la de intentar que su hijo tuviera un presente y un futuro dignos. En aquel momento, Jesús (nombre ficticio) tenía 11 años y ella batallaba por un cuidado equitativo del menor entre ella y su expareja tras divorciarse. El menor sufre autismo severo con hiperactividad, discapacidad intelectual grave y problemas conductuales. Por aquel entonces, su madre temía que ingresara en una residencia; una profecía que se ha acabado cumpliendo pero en unas condiciones aún peores.

Desde el pasado mes de febrero, este menor -actualmente tiene 17 años- está ingresado en la residencia de mayores que Prode tiene en Pozoblanco, un recurso al que van personas gravemente afectadas y mayores de 55 años. Convencida de que no es un centro adecuado para su él, ha recurrido a todas las vías posibles para que su hijo salga de un lugar en el que, afirma, vive “en una habitación sin puertas” y en un entorno “sin seguridad y sin personal cualificado para tratar a menores y menos, con autismo, y donde tampoco recibe atención educativa directa”.

Para entender la situación hay que retrotraerse a 2021, cuando el menor ingresó en Ciudad San Juan de Dios de Alcalá de Guadaíra, una escuela hogar donde residía y recibía atención íntegra. Según un informe psicosocial del centro, la adaptación de Jesús fue “positiva”, aunque todos los avances seguían dependiendo “de la presencia y la mediación constante de figuras de referencia”. Por ello, durante su estancia allí, el equipo priorizó “la anticipación de acontecimientos, la mediación emocional y la adaptación de las demandas a su nivel de competencia”, lo que contribuyó a “reducir la aparición de respuestas desajustadas y favorecer su integración en la vida cotidiana de la residencia”.

Sin embargo, lo que podía ser una estancia hasta alcanzar la mayoría de edad -para después pasar a los programas de transición a la vida adulta- se truncó el pasado 11 de diciembre. Pese a que el menor ni siquiera había cumplido los 17 años, la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía le notificó que su nueva plaza estaba en la Residencia de Gravemente Afectados (RGA) de Prode Pozoblanco. Esta modificación de las prestaciones que recibe el menor se produjo tras la revisión del Programa Individual de Atención (PIA), que se lleva a cabo cuando los demandantes de esta asistencia cumplen 16 años. Fuentes de la Delegación de Inclusión en Córdoba han apuntado que el cambio se ha realizado conforme a la normativa, “ya que, a partir de los 16 años, ya pueden ir a Residencias de Gravemente Afectados”. A las preguntas de si realmente la residencia de adultos de Pozoblanco responde a las necesidades de este chico, estas mismas fuentes enfatizan en que esa es la designación que ha realizado Dependencia. “¿De verdad que no hay más adultos en Córdoba que hubieran necesitado esa plaza y han sacado a mi hijo de un sitio donde estaba perfectamente atendido?”, se pregunta esta madre.

Según relata ella, la propia directora del centro de Pozoblanco le advirtió por teléfono que el lugar no era adecuado para un joven de su edad. Ante ello, Marta y su exmarido visitaron las instalaciones, pudiendo constatar la falta de idoneidad. “Vi que las ventanas se abrían sin problema, y mi hijo no puede estar en un entorno así”. Este medio ha contactado con la entidad pozoalbense, aunque sin éxito.

Tras esta visita, la progenitora remitió un correo a Ciudad San Juan de Dios de Alcalá de Guadaíra comunicándole que renunciarían a la plaza en Pozoblanco hasta que saliera una vacante disponible en un centor cualificado de autismo. “De forma verbal me dijeron que iban a guardar su plaza hasta ver si el niño se adaptaba en Pozoblanco, pero no ha sido así. Lo que está claro es que alguien, el centro o Dependencia, canceló la plaza de Jesús sin que nos dijeran nada”, asegura la madre. Desde la Junta apuntan que la reserva de plaza a la espera de una posible adaptación “no se puede hacer” y que, en el momento en que el usuario abandona el centro, dicha plaza se libera para otro demandante. Cordópolis también ha contactado en varias ocasiones con Ciudad San Juan de Dios, pero no ha obtenido declaración alguna.

Residencia en la que está el menor.

“Confinado” en la habitación durante las lluvias de febrero

Una vez que el menor salió del centro sevillano, Marta no tuvo más remedio que ingresarlo en esta residencia de Pozoblanco. El primer día, recuerda, “fue horrible”, así como la primera semana, “ya que, por las lluvias, estuvo en su habitación únicamente”. Una estancia que no tiene puertas y en la que hace sus comidas, afirma la madre, “evitando así que entre en contacto con personas mayores que están muy mal”.

“En un primer momento le pusieron una mesa en el salón con el resto de internos, pero al final está comiendo en el cuarto porque la situación debe ser insoportable para mi hijo, que ha desarrollado un rechazo absoluto a la comida y vive bajo una ansiedad constante que le lleva a pedir agua compulsivamente”, afirma. Para evitar que Jesús esté el mayor tiempo posible en el centro, su madre lo recoge los fines de semana y se lo lleva a casa, pese a la complejidad que supone la estancia del menor en la vivienda.

Sin asistencia educativa en el centro y con traslados agotadores

A diferencia de en Ciudad San Juan de Dios, donde la atención era integral, en esta residencia de adultos, Jesús no tenía inicialmente de asistencia educativa. Para subsanar esta carencia, la madre tuvo que movilizarse para que el menor fuera aceptado en el centro Futuro Singular de Peñarroya. Esto ha derivado en otra “burrada” logística: el joven debe realizar trayectos diarios de casi una hora de ida y otra de vuelta en autobús, levantándose muy temprano, lo que agrava su estado de agotamiento. Tal y como detalla la madre, su hijo todavía no ha conseguido adaptarse al aula, por lo que recibe atención educativa de forma particular y, los días en los que come en este centro, también lo hace sin compañía de otros usuarios.

La desesperación de Marta la ha llevado a pedir auxilio al fiscal delegado de la protección de mayores y personas con discapacidad, Fernando Santos Urbaneja, quien trasladó el caso a la Delegación de Inclusión de la Junta de Andalucía. Esta instancia, a su vez, le ha comunicado a Marta que su hijo deberá quedarse en ese centro hasta que haya una plaza en otro disponible. “¿Mi hijo es el que tiene que cambiar el sistema? ¿Tiene que estar en un sitio que no está adaptado? Y, ¿hasta cuándo? Hay centros para él en otras provincias de Andalucía”. Además de a esta instancia, Marta también ha acudido al Defensor del Pueblo Andaluz.

La Unidad de Salud Mental del Reina Sofía considera “absolutamente inadecuado” el centro

Mientras tanto, la Unidad de Salud Mental del Hospital Reina Sofía ha emitido un informe suscribiendo que el recurso de Prode es “absolutamente inadecuado” para este joven, quien tiene “graves problemas de conducta con comportamientos agresivos hacia otras personas y su entorno, autolesiones y conductas de riesgo hacia sí mismo”.

El psiquiatra y coordinador de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del hospital -Rafael de Burgos-, que es quien firma el informe, insiste, además, en que los cuidados y las actividades de la residencia de Pozoblanco están dirigidos, “lógicamente”, a sus usuarios, personas mayores de 55 años, y no a casos como el de Jesús. Por todo ello, desde esta unidad se ha solicitado que, a la mayor brevedad posible, el menor sea trasladado a otro centro adecuado para su edad y con experiencia en la atención a niños con autismo, discapacidad intelectual y trastornos de conducta.

Desde la Junta emplazan a la madre a solicitar una plaza de urgencia para lograr el cambio de centro. Mientras tanto, la única alternativa para Jesús pasa por seguir en esta residencia de adultos ante la dificultad que supone poder estar en su casa, con su madre.

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