Amanda Valero: "Me voy plena de Adesal, he dado todo hasta mi último suspiro"
- ATENEAS — La guardameta granadina cierra su ciclo en el Adesal tras no alcanzar un acuerdo de renovación y repasa, en un emotivo adiós, el desgaste mental del alto rendimiento, la crudeza de las lesiones y su entrega incondicional a La Fuensanta
El deporte de élite es, a menudo, un viaje de ida y vuelta donde los trofeos terminan importando mucho menos que las personas que te sostienen en el camino. En el balonmano, una disciplina que exige un sacrificio físico y mental titánico, llega un momento inevitable en el que la balanza entre la pista y la vida empieza a desequilibrarse. Es entonces cuando la jugadora debe enfrentarse a decisiones vitales: escuchar a la cabeza, asumir que un ciclo ha terminado y tener la valentía de hacer las maletas antes de que la pasión acabe convirtiéndose en una carga.
Amanda Valero (Granada, 1996) conoce a la perfección esa encrucijada. Tras una década defendiendo la portería del Adesal Córdoba -con aventuras internacionales y una grave lesión de rodilla de por medio-, la guardameta confirma su adiós al pabellón de La Fuensanta. Se despide una capitana que llegó a la ciudad persiguiendo el sueño de estudiar Veterinaria y se marcha dejando un legado de resiliencia, esfuerzo y lealtad innegociable. En una charla marcada por la emoción y la sinceridad, la granadina atiende a Cordópolis para hacer balance de una temporada agridulce, repasar la dureza del alto rendimiento y cerrar su etapa en el club de su vida, dejando en el aire la incógnita de su futuro deportivo.
PREGUNTA. La temporada cerró hace una semana. ¿Cuáles son las sensaciones después de terminar? ¿Qué sabor de boca te deja?
RESPUESTA. Dejó un sabor agridulce, porque estuvimos ahí luchando hasta el último momento por conseguir un ascenso y se quedó a las puertas. No es la primera vez que nos pasa, y que me pasa a mí, en diferentes temporadas con Adesal, quedarnos a las puertas. Así que bueno, agridulce.
P. ¿Qué crees que faltó? Tuvisteis varias oportunidades.
R. Nos faltaron muchas cosas en general. Al principio perdimos puntos fundamentales por lesiones de personas fundamentales. Luego, en la segunda vuelta, fallamos en un momento muy clave en el que teníamos que haber apretado un poquito más; lo intentamos y lo trabajamos, pero no salió. El deporte a veces no da todo lo que trabajas. Creo que nos faltó un puntito de, llamémoslo, suerte, porque el trabajo estaba.
P. De hecho estuvisteis primeras, dependía un poco de vosotras, aunque era un calendario complicado. ¿Es frustrante?
R. Sí, es frustrante, pero sobre todo es triste, en el sentido de hacer tanto trabajo. Es una mezcla de tristeza y frustración: hacer tanto trabajo durante un año entero y, por cuatro matices, no conseguir el objetivo, que al final es con lo que sueña todo deportista, llevar a su club a la máxima categoría.
P. ¿En qué momento crees que estuvo ese punto de inflexión, ese “lo teníamos ahí y se nos escapó al final”?
R. Yo creo que el partido contra el Zuazo fue clave. Fue clave porque, en nuestra casa, no salió nuestra esencia, no éramos nosotras. Ese fue el punto de inflexión: un partido en el que no fuimos nosotras, en el que no se vio nuestro sello de identidad, el de luchadoras, el de ir a muerte. Lo luchamos, no es que no lo intentáramos, pero esa magia que teníamos no nos salió.
P. Por lo menos es positivo tener un grupo que ya es una familia. Muchas son ya más hermanas que tu propia familia, ¿no?
R. Sí. Llevamos muchos años, y todos los años que lleva una en un club hacen que haya personas que se conviertan en familia. Y, conforme va llegando gente nueva, la coges como una más. De aquí tengo muchas personas que son mi familia, que son mis hermanas, y que me llevo conmigo para los restos.
P. ¿Cómo afecta esa confianza entre vosotras en la pista?
R. Afecta positivamente, pero a veces también negativamente, porque te conoces tanto con una persona que puedes llegar a tener una disputa más fuerte de la cuenta en un momento que no corresponde. No tanto una pelea, pero sí el decirle cosas de una forma más agresiva, fruto de la tensión, a personas con las que tienes más confianza. Pese a ello, no solemos tener esos momentos. Esa confianza afecta más positivamente, porque cuanta más confianza tienes con tu equipo, mejor. Si veo a una persona en la que confío a mi lado en el campo, es más fácil soltarle la bola, porque confío en ella.
P. ¿Y para las caras nuevas es más positivo o más negativo tener una piña tan cerrada?
R. No considero que seamos un equipo cerrado con la gente nueva, al revés. Creo que somos un club en el que toda la que llega se incorpora como una integrante más de la familia, como si llevara aquí toda la vida. Aquí no hay escalones. En ciertas cosas como la jerarquía quizá un poco, pero ya no existe lo que había antiguamente, con las senior por un lado y las que llegaban pequeñitas por otro. Ya no hay ese tipo de cosas. Y aquí no se ha llegado a vivir como tal.
P. Y a nivel personal, ¿cómo valoras tu rendimiento esta temporada?
R. Por desgracia, no ha sido una buena temporada. Ha sido una temporada un poco obtusa, con muchos altibajos. Yo, aparte de jugadora de balonmano, estudio una carrera, veterinaria, y además estaba con otros proyectos a la vez. Se me tornó complicada: físicamente me encontraba muy bien, pero deportivamente no. Creo que no llegué a dar el rendimiento que a mi entrenador le habría gustado, y quizá no tuve la oportunidad o los minutos para demostrar quién es Amanda. Es verdad que en otras temporadas sí lo he demostrado y se ha visto mi trabajo, pero al final no somos máquinas. Ojalá fuéramos coches, que si aceleras, acelera, y si frenas, frena. No lo somos, y este año ha tocado un año más complicado.
P. ¿Y cómo es esa competencia en la portería? Entiendo que es complicado, porque solo hay un portero.
R. Sí, aunque este año y anteriores no he tenido problemas de competición insana. Lo bueno del balonmano es que siempre puedes cambiar, tienes cambios ilimitados. Si hay un partido en el que se requiere una portera con mayor envergadura porque los lanzadores ajustan más arriba, tiras de ella. Si los jugadores son de tirar de forma más sorpresiva, acabas tirando de porteras más explosivas. Al final se compagina, no todos los partidos son iguales. Siempre va a haber una titular, por así decirlo, pero la segunda no va a estar todos los minutos de toda la temporada sin jugar, como por ejemplo pasa en el fútbol.
P. ¿Cómo es tu día a día? Has comentado que estudias, que tienes proyectos, el balonmano… ¿tienes algo de tiempo libre?
R. - Ríe-. A veces, cuando me dicen algún comentario de “estudia más” o cosas así, les digo: vente un día conmigo a ver cómo es. Me levanto generalmente sobre las seis de la mañana y me voy a entrenar con mi preparador físico. Desde que me rompí la rodilla empecé a readaptarme y a recuperarme con mi preparador, con mi Julián, y desde entonces no lo he dejado, porque el físico que alcancé en esa recuperación no lo había tenido en mi vida y consideraba que era muy bueno continuar con eso de cara a mi propio rendimiento, incluso para mejorar para mi club. Después me ducho corriendo, me voy a clase, y al terminar, si no tengo nada (también estoy en el consejo de estudiantes y a veces hay alguna reunión, aunque es algo esporádico), me voy a estudiar o a prácticas por la tarde. Muchas veces termino en la facultad justa y me voy corriendo al entrenamiento; entreno, me voy a casa, intento estudiar un rato, hacer las cosas de casa, cuidar de mis hijas, que son mis tres gatas, y acostarme. Intento hacer el máximo, pero sí, un poco apretada mi vida.
P. ¿Qué consideras lo más duro de la vida de un deportista profesional?
R. Una lesión grave, o la incertidumbre de no saber qué pasará con tu futuro. Las dos, pero creo que una lesión mucho más, porque te das cuenta de cuánto necesitas ese deporte. Evidentemente nosotras no tenemos un salario como un futbolista para podernos retirar, pero en ese momento es nuestro trabajo. Te das cuenta de que no solo es tu trabajo, sino que es tu vida, tu sostén, y sobre todo, para muchas, ha sido nuestro refugio. Una lesión es probablemente lo más duro que le puede pasar a un deportista.
P. ¿Cómo trabajas el tema psicológico? ¿Trabajas con una psicóloga?
R. Ahora mismo no, pero en el momento de la lesión tuve una psicóloga con la que estuve trabajando todo ese tiempo, porque es muy complicado gestionar la cabeza: estás triste pero no sabes por qué, estás avanzando en la recuperación pero no te sientes satisfecha.
P. Estás fuera de la dinámica.
R. Exacto. Mi preparador y mi propia psicóloga me lo contaban como una montaña rusa, y la recuperación es eso, una montaña rusa enorme. El primer día sales del quirófano fatal; a los tres días, cuando ves que puedes medio mover la rodilla, parece un pico hacia arriba; y de repente, al día siguiente, cuando ves que no puedes andar, otra vez te caes. Es bastante duro. Por eso, con continuidad, vas gestionando todas las emociones que pueden surgir durante la semana y los entrenamientos. Puedes salir mal de un entrenamiento y no saber explicar por qué, pero no somos máquinas. Así que he trabajado con ella -la psicóloga- técnicas para analizar. Por ejemplo: “he salido mal de este entrenamiento porque he hecho esto mal; ¿qué puedo hacer para que mañana no me pase? Y si me pasa, ¿qué puedo hacer para que no me haga salir de esta forma?”. Eso es superimportante.
P. ¿Y el balonmano te ayuda a desconectar o es más bien al revés?
R. Depende, ha habido etapas. No voy a ser injusta: siempre ha sido mi refugio, pero ha habido etapas en las que ha pesado más y otras en las que ha pesado menos. Cuando todo va bien, nada pesa; pero cuando las cosas empiezan a torcerse, deportiva o personalmente, ahí empieza a ser duro. Sobre todo cuando estás en un nivel alto, con viajes largos, en ligas en las que tienes todos los fines de semana cogidos, sin descanso y sin un descanso mental en ningún momento. Así que es un poco las dos cosas: hay momentos en los que es un refugio y momentos en los que se hace muy duro.
P. Pero merece la pena, ¿no?
R. Sí, por supuesto.
P. ¿Cómo consideras que has evolucionado como portera a lo largo de tu carrera?
R. Creo que he crecido de una manera abismal. Empecé muy tarde: en cadete de primer año, pero no llegué a federarme hasta cadete de segundo. Tuve dos años y poco de formación, por así decirlo, y ya me metí en el mundo senior y tuve que crecer ahí. Muchas cosas que otras senior ya habían vivido, yo no: no he jugado un CADEBA, por ejemplo, y mis compañeras sabían lo que era un campeonato de Andalucía, y yo no. El primer campeonato que jugué fue una fase de ascenso en Ibiza, nada más llegar a Adesal. Así que ha sido una evolución enorme, tanto personal como deportiva. La Amanda que llega en 2016 no es la que se va en 2026.
P. ¿Cómo fueron tus inicios en el balonmano? ¿Por qué te llamó la atención, probaste otros deportes?
R. Sí, probé otros deportes: hice gimnasia rítmica de pequeña, bailé flamenco, luego un poco de vóley. Pero mi familia, sobre todo mi padre y mis hermanos, jugaban al balonmano de toda la vida, así que yo lo había visto desde pequeñita, me crié viéndolo, sobre todo a mis hermanos. Un día le dije que quería jugar y me llevó a un entrenamiento en mi cole, aunque eran más grandes que yo. Me preguntaron de qué quería jugar, de pivote o de portera, y elegí portera, porque con los niños se me daba bien jugar de portera en el fútbol. A partir de ahí empecé en Escolapios, en cadete, y de cadete de segundo pasé a Las Gabias, donde hice toda mi etapa de formación de base, de base.
En juvenil de segundo empecé a jugar en el Universidad de Granada, se unificó ahí el club, y de ahí pasé a jugar en División de Honor Plata. Era superpequeña: lo pienso y con 17 años estaba empezando, solo a sentarme en el banquillo con ellas, pero ya era algo. Estuve dos años en el Universidad de Granada y me vine a Córdoba. Me vine aquí a Adesal por dos motivos. Principalmente, en ese momento, por el balonmano, porque yo había entrado en la carrera de veterinaria en otras universidades, no en Córdoba, y por el proyecto deportivo que me ofrecía Córdoba vine aquí. Y, además, yo quería estudiar en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba. Así que me arriesgué y firmé aquí el primer año, y me pasé toda la pretemporada sin saber si iba a entrar en veterinaria o no. Y, si no me equivoco, el 18 de septiembre de 2016 entré en la segunda resulta de la carrera. A partir de ahí, ya me quedé.
P. ¿Qué consideras que tiene el balonmano?
R. Magia. El balonmano es magia. Es ajedrez con un balón. Y luego, el mundo que lo rodea es muy sano: no te vas a encontrar partidos con peleas o insultos gordos. Alguno habrá, pero no son la mayoría. De hecho, cuando hay ese tipo de cosas, nosotras mismas lo condenamos. Nuestra grada, gracias a Dios, no es así; pero cuando lo vemos en otra grada decimos: “madre mía, qué feo”.
P. ¿Recuerdas tu primer partido oficial? ¿Cómo lo recuerdas?
R. Sí. Con muchos nervios. Qué chiquitita. El corazón se me salía de la boca; empezaba a andar hacia el saludo y se me salía el corazón de la boca.
P. ¿Y te da pena haber perdido un poco esa ilusión de las primeras veces?
R. No la he perdido. Esa sensación la sigo teniendo a día de hoy. Da igual que sea un partido importante o uno de liga cualquiera: el día de antes estoy nerviosilla, me levanto con el runrún y tengo esas mariposillas. Si no están, es que algo está pasando.
P. ¿Qué es lo que más recuerdas de tu primer paso por Adesal, de aquellos primeros años? ¿Alguna anécdota o recuerdo que no se te olvide?
R. La gente que me llevo. De esa época me llevo a mi familia de Córdoba, probablemente a las personas más importantes que me ha dado el balonmano y Córdoba. Me llevo a mi familia, sin dudarlo, un aprendizaje, un crecimiento personal... Me acuerdo de una vez, con mi amiga Alba Sánchez y con Meriem. Yo me iba a ir. Para mí era muy difícil gestionar el estar fuera, el acabar de salir de casa, estar en un club profesional sin saber cómo iban ciertas cosas. Hubo un momento en el que me quería ir, y se sentaron conmigo Albita, Meriem y Olguita en un Tata Pizza y me dijeron: 'Vamos a ver, ¿a dónde vas?' -ríe-. A partir de ese momento, pasé a tenerlas como mis amigas, como mi familia. Fue decir: “no estoy sola aquí”.
P. ¿Y qué te hizo volver? Porque, si no me equivoco, después fuiste a Francia. ¿Cómo fue ese periodo entre medias y cómo volviste finalmente a Córdoba?
R. Me voy en el momento del descenso de Iberdrola, porque la situación deportiva ese año tampoco había sido muy favorable para mí, no había tenido los suficientes minutos. Evidentemente, no puedo entrar en las decisiones de mi entrenador, lo que decida es lo correcto, y puedes estar más o menos de acuerdo, pero es lo que es. No estaba del todo contenta, me llegó una oferta y me fui. Jugué allí en Francia durante dos años y, por desgracia, a punto de firmar para un tercero, me rompí la rodilla, el 11 de marzo. Rafa -Moreno- se enteró y, tengo que ser honesta y reconocerlo, me fichó con la rodilla rota, incluso antes de operarme, de cara a que, cuando me recuperara, estuviera en Adesal y fuera una de las porteras del equipo. Y así fue, y así volví: volví porque me rompí la rodilla.
P. Has compartido vestuario con muchas compañeras. En esta última etapa te ha tocado ser un poco la veterana. ¿Qué es lo más difícil de ser veterana en un vestuario?
R. Pues darte cuenta de que las cosas ya no son como antes. Cuando yo era la pequeña, las veteranas eran otra cosa, se les tenía un respeto diferente. No porque ahora no se respete menos, sino porque la relación era más distante. Ahora los vestuarios son mucho más cercanos y eso, en muchas cosas, me parece positivo. Quizá lo más difícil de ser veterana hoy es asumir que ese papel ha cambiado. Ya no eres esa figura que veía cuando era niña, y tampoco creo que tenga que ser así. Pero sí echo en falta que a veces se valore más la experiencia. No porque una veterana tenga siempre la razón, sino porque hay situaciones que ya ha vivido y de las que puede aportar algo. A veces intentas transmitir una enseñanza o una anécdota que te han dado los años y te das cuenta de que no siempre se escucha igual. Lo difícil es entender que la veterana que me toca ser ahora no es la misma que me tocó a mí cuando era pequeña. Los tiempos cambian, los vestuarios también, y al final te toca adaptarte a esa nueva forma de ser referente.
P. Y hablando de esos ciclos, ¿cómo sabes o cómo te das cuenta de que tu ciclo en un equipo está llegando a su fin?
R. Hablábamos antes de las mariposas... Pues cuando te das cuenta de que ya no tienes esa ilusión. Bueno, ilusión por el deporte sí, pero quizá no por ir a ese pabellón. O ya no es que no haya ilusión, sino que empieza a pesar. Cuando algo empieza a pesar es porque no está yendo del todo bien. Entonces, a lo mejor es el momento de un cambio.
P. ¿Te sientes en paz, después de todos estos años, con todo lo que le has dado a Adesal?
R. Creo que he dado todo y un poquito más de mí. En ese aspecto me voy totalmente plena y llena de haberle dado hasta mi último suspiro.
P. ¿Por qué no estarás en el Adesal la temporada que viene?
R. Bueno, simplemente que se llegó a un acuerdo en un principio, pero por las circunstancias del momento, el periodo de fichajes y todo eso, el club me llamó para informarme de que había cambios en ese acuerdo, y yo no acepté esos cambios. Ahí fue donde se rompió. No es que yo dijera que no desde un principio. El acuerdo estaba cerrado y se modificó después, quizá un poco tarde, lo que ha limitado también mi margen de maniobra de cara al resto de ofertas que tenía. No hay ningún motivo especial más allá de eso. Es como todo, hay momentos y etapas, y la mía en Adesal terminó.
P. ¿Qué le espera a Amanda Valero los próximos tiempos?
R. Sobre todo, estudiar mucho, porque estoy a punto de terminar veterinaria, me queda muy poquito y eso tiene que llegar, y va a llegar ya mismo. Deportivamente, no lo sé. Sé que no me quiero retirar así, porque sería una retirada muy triste, pero no sé si jugaré el año que viene o si me plantearé terminar mis estudios y seguir preparándome para estar bien físicamente para cuando llegue una oportunidad. Me gustaría tener una bolita mágica para darte una respuesta, porque a mí misma me encantaría saberlo y quitar esa incertidumbre. Pero, sobre todo, estudiar mucho.
P. Y hablando de futuro, ¿cómo ves a Adesal? Las conoces mejor que nadie. ¿Cómo ves su futuro?
R. Sé que van a seguir con su esencia, que esa garra va a seguir ahí, porque es algo que tiene la Fuensanta. El gen fuensantino es algo que, cuando entra en ti, ya no sale. El que entra en este pabellón… algo pasa cuando cruzas esas puertas, que te da esa garra, esas ganas de competir y de dar hasta el último suspiro.
P. ¿Qué es lo que más vas a echar de menos de aquí, de la Fuensanta?
R. A mi familia -se emociona-. A mi Rubia, a mis amigas, a mi Carlitos, a Antonio… a los que me han visto crecer estos años, a los que me han ayudado a seguir siendo quien soy y, sobre todo, a los que me han abrazado en momentos en los que mi familia no podía hacerlo.
P. ¿Has echado algo en falta de la Fuensanta?
R. No, creo que me lo han dado todo también. Creo que ha sido recíproco.
P. ¿Qué huella te gustaría dejar? ¿Qué recuerdo te gustaría que mantuvieran de ti en este equipo y en este pabellón?
R. Me gustaría que me vieran como una persona que lo dio todo, hasta cuando no tenía nada más, hasta cuando no tenía fuerzas ni para ella misma. Luchadora, trabajadora y constante, pero también leal y buena compañera, porque me considero muy leal y muy buena compañera.
P. Creo que no hay unos valores que definan mejor lo que es ser de Adesal y este pabellón. Ha sido un placer tener esta entrevista contigo, y seguro que el futuro te va a dar cosas muy bonitas. Muchas gracias.
R. Gracias.
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