Un retorno a 2010: el lodo y el barro vuelven a inundar la vida de decenas de cordobeses
La Policía Local y Nacional siguen presentes en las entradas de la calle Perdiz y La Tórtola. “Hacemos turnos para que se nos haga más ameno, pero hay que estar aquí, eso está claro”, relatan a este periódico. Y eso lo notan los vecinos. Desde el pasado lunes, los ciudadanos de las zonas inundables de Córdoba tenían un mismo mensaje: “Hay que estar agradecidos a esta gente y a los políticos porque han estado siempre para nosotros”. Ahora, la lluvia ha pasado, el río Guadalquivir ha bajado su caudal y es turno de evaluar los daños, más la posterior limpieza. Sin embargo, hay sitios en concreto donde será más complicado.
Ahí se encuentran las calles La Tórtola y Perdiz, dentro de Guadalvalle. Más de 40 viviendas se mantenían desalojadas a última hora del pasado lunes. Aun así, la mejora de las condiciones del caudal del río Guadalquivir ha permitido este martes que las casas más alejadas del río en la calle Perdiz puedan limpiarse. Es el caso de Manuel, que, pese a que no se encuentra en esta misma ubicación, ya ha comenzado con los primeros trabajos.
En su terreno viven tanto sus padres como su hermana y él con sus dos hijos y su mujer. En total, hay tres casas construidas, pero la lejanía del río Guadalquivir ha hecho que no entre el agua en grandes cantidades. Manuel, mientras estaba con la escoba quitando el barro de su terraza, abrió la puerta a este periódico para explicar su historia: dos nenes y una vida que toca reiniciar. “Lo importante que me gustaría recalcar es que quiero dar las gracias a toda la seguridad y los políticos. Soy de izquierdas, pero me gusta decir las cosas tal y como son: lo han hecho genial. Les estaré agradecido siempre”.
Apenas a unos metros se encuentra la casa de Paco y Rafi. También tenían la puerta abierta y no dudaron en invitarnos dentro. El barro llegaba a todos lados, pero la construcción en altura de su vivienda, unido a que la experiencia es un grado después de lo de 2010, ha hecho que el barro entre apenas 'un dedo'. Mientras Rafi estaba con la manguera tratando de quitar el barro -de nuestras botas incluidas-, Paco enseñó el interior de la casa, bajo la atenta mirada de tres de sus siete gatos. “En 2010 estaban subidos al tejado porque no se querían ir de aquí. Esta vez ha sido menos, pero no les ha faltado comida para que estuvieran en su casa”.
La calle La Tórtola, la más afectada
Pero lo peor no estaba en Perdiz. En la calle La Tórtola no dejaban el paso, solo para medicinas y enseres más urgentes. Rafi y Gabriel llegaron con su coche a la Policía Local para preguntar por la situación. “¿Podemos pasar? Nuestra casa es la de los cipreses”. Los agentes permitieron el acceso a su vivienda, pero no para limpiar ni mucho menos. No sabían cómo estaba, pero todo hacía indicar que el barro y el lodo eran los principales protagonistas.
Ambos también quisieron que este periódico pudieran ver con sus propios ojos -y los de la cámara- en qué estado estaba la casa. Ya el camino por donde deben pasar los vehículos estaba lleno de barro y lodo, llegando incluso por las espinillas. “Yo quiero entrar para las medicinas. He sufrido varios infartos y tengo que ver cómo está todo”, explica Gabriel. Mientras, Rafi atendía por videollamada a sus siete hijos, todos preocupados por su situación.
Al abrir la puerta, las peores pesadillas se hicieron realidad. El barro y el lodo llegaban, ahora, por las rodillas. Apenas podías pasar con unas botas altas. De hecho, Gabriel entró en solitario, con Rafi quedándose en la puerta y preocupándose por él en todo momento. Paso a paso, muy poco a poco, llegó hasta su casa. “Mira, Rafi. No ha llegado hasta ahí. Menos mal. ¡Está incluso el aceite aquí!”, decía con cierta alegría.
El interior era un auténtico desastre. Agua por todos lados, muebles tirados, muros derruidos, las paredes llenas de barro... “Ha llegado más alto que en 2010, pero hay menos lodo dentro”, recalca a este periódico. De fondo, lamentaciones, pero ningún lloro. La gran mayoría se lo tomaba con una filosofía diferente. No tanto drama, más resignación. “Hemos vivido esto ya siete veces, aunque nos ha entrado en solo dos el agua. Esto es lo que hay”.
Por otro lado, Rafi rechaza irse de su casa. “Llevo viviendo más de 26 años aquí. He vivido lo de 2010 y está aquí al lado el río. Pero es mi casa, no me quiero ir. Además, lo que me pueden llegar a ofrecer no me vale la pena. Quiero seguir aquí”.
De fondo, las labores en el aeropuerto de Córdoba continúan. Bomberos, furgonetas de Aena y un único objetivo: tratar de que estas instalaciones estén operativas lo antes posible. Pero será un trabajo complicado: varios metros de vallas están destrozadas por troncos que ha traído consigo el caudal del río Guadalquivir. Las zonas inundables y un retorno a 2010. Cuando tu casa se ve atrapada por el lodo y el barro.
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