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Cuando un perro es capaz de que los niños rían a carcajadas en el hospital

Terapia de intervención asistida con perros en el Hospital Reina Sofía

Carmen Reina

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Athenea tiene 5 años y varias patologías. En una mañana en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba van a verla dos especialistas y también tiene que hacerse un análisis de sangre. Llega con su madre a la sala de espera del servicio de Extracciones. Y llega llorando. Al poco, unas sonoras carcajadas de diversión se escuchan salir de su pequeño cuerpo. ¿El culpable? Bourbon, un labrador canela de once años que ayuda a los niños que esperan a sacarse sangre a calmar su ansiedad, a distraerles e interactuar con ellos.

Bourbon es el protagonista del programa de terapia de intervención asistida con perros que desde 2019 implantó el hospital de referencia de Córdoba. Cada 15 días, de la mano de los voluntarios de Perruneando, el animal pasa la mañana con los niños que esperan en Extracciones y con los que están ingresados en el Hospital Materno-Infantil, en el Aula Hospitalaria donde siguen sus clases y realizan actividades y juegos.

“Los niños pasan el tiempo con él y se olvidan de dónde están”, explica a Cordópolis la responsable de este programa y de las actividades motivacionales para los menores en el centro hospitalario, Ana Calvo. “Bourbon es un un perro adiestrado especialmente para trabajar con niños; es tranquilo, no se estresa y nunca va a dar una respuesta inesperada”, precisa. “Es un perro que no va a reaccionar de una mala manera y que interactúa con los pequeños”, añade José Rumbao, el jefe de Pediatría del Hospital Reina Sofía.

Adiestradores y psicólogos

Mientras los responsables médicos cuentan sus proezas, Bourbon se deja cepillar y lavar con champú seco por varios niños y niñas que esperan en la sala de Extracciones. También le dan chuches caninas y le acarician. Juan Manuel es otro de esos menores que espera su turno para sacarse sangre y, junto a su padre, pasa el rato con este perro especializado. A su lado, Paulina Solana y Carlos Sánchez, los adiestradores de Bourbon y también psicólogos, especialmente preparados para esta actividad con los niños ingresados y con los que acuden a pruebas al hospital.

Adrián, de 10 años, juega con el perro antes de que le llamen para sacarle sangre. Se le ve en la cara que disfruta con el animal, que le gusta. Y es que, cuenta su padre, “hemos sido casa de acogida de perros”, dice sobre su familia. Adrián entra a la sala de Extracciones; al poco, sale sujetándose el algodón en el brazo y aún continúa en su cara la sonrisa para despedirse de Bourbon.

“Está demostrado que la ansiedad que traen cuando vienen a Extracciones aminora mucho cuando están con el perro antes de entrar”, explica Elena, enfermera que esta misma mañana se ocupa de sacarles sangre. “Y si pasan un mal rato en la extracción, se les olvida mucho antes”. “Llevamos dos años con Bourbon y es uno más en la plantilla”, asegura.

Niños ingresados: un día especial con Bourbon

Porque eso, que este perro adiestrado sea uno más entre los profesionales del hospital, no es broma. “Esta actividad tiene muy buena aceptación no solo entre los niños y sus familias, sino también entre los profesionales”, dice Rumbao. Ellos son los que ven cómo los menores ingresados, por ejemplo, “renuevan su energía cuando están con el perro, se olvidan por un momento de que están aquí y se facilita la atención que necesitan”, asevera Calvo.

“Los beneficios están claros: Bourbon hace que sea un día especial. Cuando el niño que está en su habitación o va al Aula Hospitalaria ve aparecer al perro, también aparece una sonrisa. Lo disfrutan”, explican los profesionales. “Y las familias también lo agradecen. Es muy duro pasar días aquí con un niño y ven que con el perro disfrutan ese rato”.

El perro pasa el tiempo entre la sala de espera de Extracciones a primera hora de la mañana y, luego, en el Aula Hospitalaria. Allí van los menores ingresados cuya patología les permite pasar ratos en este espacio, con clases, juegos y actividades. Y también otros niños con los que interactuar cuando está el perro.

Bourbon y sus adiestradores suben en el ascensor hasta la planta del aula. También lo ocupa una niña ingresada de unos diez años, con su pijama de hospital, que va hacia esta particular clase. Coge de la correa al perro y se dirige con él para entrar al aula. Ya le ha cambiado la cara. Al momento, otros tres menores rodean al perro, se sientan junto a él y siguen las indicaciones del instructor. Juegan y sonríen, sin acordarse en ese momento de que están en un hospital.

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