La lluvia devuelve la vida a los arroyos de la Sierra y los Baños de Popea

Arroyo del Molino en los Baños de Popea

La lluvia que viene cayendo esta semana en Córdoba ha resucitado a los arroyos de la Sierra, que sufrían una estampa de sequía prolongada durante los últimos meses. En las últimas horas, el sonido del agua corriendo y la imagen de grandes caños naturales ha vuelto a darse gracias a los frentes lluviosos que atraviesan la provincia en estos días.

Desde este mismo viernes, día de Nochebuena -cuando solo hasta primeras horas de la mañana se llevaban acumulados más de 100 litros por metro cuadrado en puntos como La Jarosa, en la barriada de Santa María de Trassierra-, el arroyo Bejarano, el arroyo Molino y los Baños de Popea recobraban su imagen típica con el agua corriendo.

La estampa quedó grabada por los miembros del club ciclista Agacha el Lomo, que han compartido con Cordópolis el vídeo en el que se ve la vuelta a la vida de esta zona gracias al agua caída en estos días, lluvias que aún seguirán en las próximas horas.

El arroyo Bejarano es sinónimo de vida para Córdoba. Su inagotable cauce era una de las fuentes de agua de la que ya bebían los habitantes de la Corduba romana. De ahí partía uno de los grandes acueductos de la ciudad patricia. Posteriormente, su caudalísimo venero alimentó los jardines de Medina Azahara. Y hasta hace un siglo, su cauce alimentaba molinos de grano para el pan que daba de comer a los cordobeses. Este verano pasado, por primera vez desde hace décadas, el cauce del Bejarano se secó completamente, signo de una anomalía extrema, ya que el Bejarano era especialmente caudaloso en primavera y verano gracias a los acuíferos que lo alimentaban.

El Bejarano está declarado como una reserva natural fluvial por parte del Ministerio de Medio Ambiente, por lo que su grado de protección es máximo. Su cauce tiene unos 11 kilómetros de longitud y su importancia también es literaria. Este arroyo es uno de los lugares míticos del grupo Cántico, el refugio natural al que acudían los poetas cordobeses cada vez que podían para huir de la ciudad.

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