La familia del cabo muerto en Cerro Muriano pide nueve años y medio de cárcel para cuatro acusados
Los padres del cabo Miguel Ángel Jiménez Andújar, natural de Adamuz (Córdoba), de la Brigada Guzmán El Bueno X, muerto junto al soldado Carlos León Rico, natural de El Viso del Alcor (Sevilla), en un ejercicio el 21 de diciembre de 2023 en la base militar cordobesa de Cerro Muriano piden penas de nueve años y seis meses de cárcel para cada uno de los cuatro acusados por su parte en esta causa, el capitán Zúñiga, el teniente Tato, el teniente coronel Zanfaño y el comandante Velasco, así como el pago de indemnizaciones por 257.064 euros para los padres y el hermano del cabo, siendo responsable civil subsidiario el Estado.
Según recoge la calificación de la acusación, a la que ha tenido acceso Europa Press, el capitán Zúñiga fue “el responsable del diseño, preparación, ejecución y dirección del ejercicio”, consistente en 'paso del río', “tomando una serie de decisiones de las que fue conocedor y participe, de forma activa y directa, el teniente Tato, sin que tales decisiones fueran comunicadas al entonces jefe de la Plana Mayor del Regimiento, teniente coronel Zanfaño, en comisión de servicio, o al comandante Velasco, nombrado en sustitución”.
“Pese a no comunicar estas decisiones por parte del capitán y el teniente a la Plana Mayor, la misma omitió el deber objetivo de cuidado que le está encomendado”, se indica, para apuntar que el teniente coronel Zanfaño y el comandante Velasco no actuaron con la diligencia debida, no tuvieron en cuenta la obligación inherente al cargo de evitación de que el riesgo de una obligación se materializase en un resultado lesivo, y ello, porque la Plana Mayor no cumple su comitiva sólo con la recepción de la documentación de las maniobras, sino que ante esto, comienza su labor de diligenciar, custodiar y cuidar de las mismas“.
Al respecto, aseguran que “dentro de la imprudencia acaecida, además de los hechos desarrollados por el capitán Zúñiga y el teniente Tato, destaca de manera más que evidente la infracción del deber de cuidado, la infracción de la obligación de evitación de resultado como consecuencia de una actividad peligrosa, y todo ello, manifestado por la Plana Mayor”.
De este modo, se señala que “los dos mandos procesados pertenecientes a la Plana Mayor, el teniente coronel Zanfaño y el comandante Velasco, sólo limitaron su actuación a recibir y aprobar actividades, pero nunca ejercieron su deber objetivo de cuidado de las actividades a desarrollar”. Por ello, reiteran que “en todo momento omitió la diligencia debida y que debió de ejercitar con respecto a su labor y disposición en la Plana Mayor, así como eludió y no desarrolló la obligación inherente a su cargo de evitar el riesgo de una acción que pueda materializarse con un resultado lesivo, y en el caso que nos ocupa, como consecuencia de la realización de una actividad peligrosa”.
El ejercicio
En la calificación se detalla que “de cara a la ejecución del ejercicio, en ningún momento, tanto en la preparación como en la ejecución, el capitán Zuñiga expuso a sus mandos las condiciones en las que se iba a ejecutar o desarrollar, no especificó que se tratara de una actividad que tuviera por objeto practicar la flotabilidad, tampoco explicó por dónde y de qué manera se iba a realizar el ejercicio 'paso de río, sino que, actuando bajo un criterio personal e improvisado, basado en la necesidad de 'nadar y evitar ir andando', buscó apoyo en su unidad orgánica, en base a la previsión de la Circular 305/23, para que la práctica se realizase conforme había ideado”.
Para ello, agregan, “la semana anterior, sin dar ninguna novedad al jefe de la Plana Mayor, y sin este solicitarla, eludiendo su deber objetivo de cuidado, ordenó verbalmente al sargento que estaba en posesión de un curso de torre multiusos y había realizado una tarea similar en dos ejercicios anteriores, que el día 20 de diciembre instalara una cuerda en el pantano 'Casa Mata', sin concretar si se trataba de cuerda guía o línea de vida”.
Al respecto, el teniente Tato, “conocedor de la programación semanal del ejercicio, minutos después, especificó la orden del capitán en el sentido de que el recorrido de la cuerda fuera por un lugar en el que cubriera lo máximo posible”.
Día de autos
El día de autos, el capitán Zuñiga, “en su valoración del riesgo, comprobó 'in situ' el estado de la cuerda antes de iniciar la actividad, procediendo a dar el visto bueno y posteriormente, la orden de inicio de entrada en el agua”.
Todas las actividades previstas en la madrugada del día 21 se habían desarrollado conforme a lo planificado, por lo que, a la hora marcada y para facilitar el ejercicio 'paso de río' programado, “el capitán ordenó sin ninguna explicación previa de cómo iba a desarrollarse la actividad que los soldados se quitaran el chaleco anti fragmentos, alguna ropa de abrigo, además de los elementos electrónicos, gafas de visión nocturna y los tubos de simulación de lanzagranadas, con la finalidad de aligerar el peso y el equipo, quedando estos efectos depositados en un camión”.
En este sentido, relatan que “el ejercicio consistía en cruzar a nado el pantano por el lugar que el capitán y el teniente habían supervisado previamente, es decir, desde una orilla de entrada hasta la opuesta, equipados con el uniforme de camuflaje, fusil de asalto HK, mochila de combate y casco”, a la vez que “la mochila iría colocada delante de cuerpo como flotador, para lo que era imprescindible que estuviera perfectamente estanca para impulsarse con las piernas”.
Por su parte, el teniente Tato, “conocedor del diseño y preparación de la actividad, y sabedor de que se trataba de un ejercicio de flotabilidad, así como de las condiciones en las que se había colocado la cuerda, no ordenó, ni se preocupó de hacer las comprobaciones previas necesarias respecto a la estanqueidad de las mochilas y su sección continuó portando una mina de instrucción que se les había asignado, cuyo peso era superior a los tres kilos, lo que dificultó posteriormente la flotabilidad y las condiciones para mantenerse en el agua a una temperatura muy baja”.
Además, se expone que “el capitán les indicó de forma reiterada que la cuerda era una cuerda guía y no una línea de vida, por lo que no debían sujetarse salvo en caso de necesidad”, a lo que se añade que “no hubo unas instrucciones claras y precisas por parte del capitán Zuñiga y del teniente Tato y el desorden se produjo de manera inmediata, puesto que tenían dificultades para moverse por un fondo fangoso y con ramas; la profundidad y la temperatura del agua --alrededor de unos ocho grados-- dificultaban que pudieran avanzar y la mayoría de las mochilas no permitían la flotabilidad”.
“Unos compañeros se adelantaban a otros, sólo se veían cabezas que subían y bajaban, sin distinguir de quién se trataba, se escucharon gritos de auxilio, se sujetaban entre ellos o buscaban donde agarrarse a la cuerda, mientras que insistentemente el capitán decía que soltaran la cuerda”, que “en un momento dado, perdió tensión e incluso llegó a quedarse sumergida, siendo utilizada por algún soldado para elevarse apoyando sobre la misma sus pies”.
La mayoría de los soldados fueron ayudados a salir por la orilla de entrada. Ese día la ambulancia no estuvo presente. Además del fallecimiento de los dos militares, durante la realización del ejercicio, dos soldados precisaron de asistencia sanitaria por síntomas de hipotermia.
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