Un estudio de la Universidad de Córdoba sobre el río Guadalquivir evalúa la calidad del agua a lo largo de todo su recorrido
El río Guadalquivir es el más importante de Andalucía. Con 657 kilómetros vertebra la comunidad andaluza, desde su nacimiento en la Sierra de Cazorla hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda. Esos datos, así como su nombre de origen árabe (Wadi al-Kabir) o su papel estratégico para la economía, la agricultura y el turismo son de sobra conocidos. Sin embargo, pocos estudios han evaluado la calidad del “Río Grande” de manera integral a lo largo de su cauce, y ahora ha sido turno de la Universidad de Córdoba.
Con el propósito de afrontar esa falta de conocimiento, los grupos Biología Molecular de los Mecanismos de Respuesta a Estrés y Bioingeniería de Residuos: Ingeniería Verde de la Universidad de Córdoba se han unido en el estudio del curso completo del río aplicando para ello, por primera vez, un análisis holístico y multidisciplinar que tiene en cuenta no sólo las variables fisicoquímicas del agua, sino también las microbianas, para examinar la calidad del agua e identificar los tramos críticos que puedan sufrir alteraciones de la misma. Junto a ellos, participa también el grupo Ecotoxicología, Ecofisiología y Biodiversidad de los Sistemas Acuáticos del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC).
“Para integrar los parámetros fisicoquímicos se usó el Índice de Calidad del Agua, un índice estandarizado usado a nivel internacional que incluye variables como el pH, la concentración de oxígeno disuelto, la turbidez del agua o la presencia de coliformes”, explica el investigador José Ángel Siles. Se analizaron 25 variables fisicoquímicas distintas y se seleccionaron las 9 más importantes que se aplican en ese índice de calidad del agua con pesos ponderados (no todas las variables tienen la misma importancia). “Este índice nos mostró que la calidad del río en general es buena, si bien, puntualmente, se detectaron tramos donde, como en otras cuencas hidrográficas, dicha calidad baja ligeramente”.
A este análisis fisicoquímico se le añade, por primera vez, un análisis biológico de la comunidad microbiana. “Caracterizamos el microbioma a lo largo de todo el río y calculamos índices biológicos para determinar la calidad del agua” señala Marina Barbudo, primera investigadora de este estudio publicado en Journal of Contaminant Hydrology. “Integramos los parámetros fisicoquímicos con parámetros biológicos y detectamos un descenso progresivo de la calidad, aunque manteniéndose siempre a unos niveles adecuados, a lo largo del curso del río”, añade el investigador José Alhama.
La novedad de este trabajo es aunar estas dos perspectivas, ya que cuando hay contaminantes en concentraciones muy bajas estos pueden pasar desapercibidos en los análisis fisicoquímicos. Sin embargo, a pesar de sus bajas concentraciones, los contaminantes pueden interactuar entre sí de forma compleja, generando toxicidad, un efecto que se verá reflejado en la componente biológica. Para Carmen Michán, otra de las investigadoras participantes, “La caracterización biológica ayuda a ver lo que a veces no se detecta sólo con el análisis fisicoquímico”.
Resultados de la radiografía del río
“En el estudio se tomaron muestras de agua de 20 puntos distintos del río, a lo largo de todo su cauce, durante el final de una época de sequía, algo importante dado que las condiciones meteorológicas influyen en la calidad del agua y éste suele ser el peor momento para la calidad del agua del río” agrega la investigadora Mª Ángeles Martín.
Los resultados mostraron “un deterioro gradual, aunque no preocupante, a lo largo del río Guadalquivir, con peor calidad del agua en el tramo medio-bajo del río”, algo común en todos los cauces de agua dulce según el equipo.
Un resultado llamativo para el equipo es que en el curso medio alto del río, aunque el índice de calidad del agua (los parámetros físicoquímicos) era bueno, se detecta una alteración en los parámetros microbiológicos. En ese tramo se produce una disminución considerable de la diversidad de bacterias, signo de deterioro ecológico, y alta prevalencia de microorganismos oportunistas tolerantes, en particular la familia Comamonadaceae. Aunque el equipo aún busca explicación a esa alteración microbiológica, se demuestra cómo los parámetros microbiológicos revelan algo que se escapa a la evaluación fisicoquímica “Es algo muy difícil de detectar a nivel químico, pero las alteraciones biológicas nos muestran que está pasando algo”. El análisis de otros afluentes que vierten en el río o de la actividad agrícola del entorno, con un predominio de monocultivo de olivar, pueden ser líneas de investigación para tratar de explicar esa discordancia entre parámetros.
“Con este estudio se demuestra la idoneidad de este método multidisciplinar e integrador para analizar la calidad del agua en cauces de agua dulce”, añade Arturo Chica, y el equipo recomienda su uso por parte de la comunidad investigadora. Además, podría utilizarse como modelo para diseñar mapas de riesgo que identifiquen puntos críticos y revelar posibles amenazas ambientales no detectadas con otros métodos más convencionales.
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