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Memoria histórica
La emisora de los maquis de Sierra Morena: un viaje en 1945 de Francia a Los Pedroches

Juan Cachinero Díaz "El Feo", de Cardeña; Arsenio López Valladares, de Boñar, León (el técnico de la emisora); Juan Ruiz Castilla "Capitán Carrete", de Pozoblanco; y Alfonso Nevado Asencio, de Villanueva de Córdoba (el jefe de la guerrilla de la emisora).

Francisco Moreno Gómez

23 de mayo de 2026 20:00 h

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Desde que el 6 de septiembre de 1945 llegó a tierras de Córdoba (Coto de La Porrada, Villaviciosa) el enviado por el PCE, “Mario de Rosa” (Dionisio Tellado Vázquez, maestro de Escuela, evadido de la prisión de Alcalá de Henares), la guerrilla en Córdoba empezó a organizarse, dejando atrás el llamado “período de Huidos”. Se creó la 3ª Agrupación Guerrillera, Córdoba, al mando de “Mario de Rosa” (o “Ángel”), y como jefe militar Julián Caballero.

El año de 1945 supuso una coyuntura internacional para las esperanzas de los antifranquistas, por lo que el PCE redobló su esfuerzo de apoyo a la guerrilla en el interior de España. Ese año se intensificó el envío desde Francia de cuadros directivos y se reactivó a los del interior, a fin de favorecer el cambio de Régimen en España y atraer la mirada de los aliados vencedores. Y en ese contexto hay que ver la llegada a Los Pedroches (Córdoba) de nuevos cuadros guerrilleros desde Francia.

Uno de los primeros planes que se idearon para reorganizar la guerrilla en Los Pedroches fue la instalación de una emisora en Sierra Morena, algo insólito y temerario. Pero se intentó. Para este fin, el PCE empezó a enviar desde Francia media docena de activistas en el otoño-invierno de 1945.

En el otoño de 1945 llegaron a Sevilla los portadores de la emisora, que fueron Arsenio López Valladares (de Boñar, León) y Juan Cachinero Díaz “El Feo” (o “Antonio”), natural de Cardeña (Córdoba), pueblo donde las tres principales familias de izquierdas eran “Los Feos”, “Los Obispos” y “Los Cerrinegros”, algunos de los cuales ya habían perecido en la Sierra. También llegó a Sevilla desde Francia el llamado “Capitán Carrete” (Juan Ruiz Castilla), natural de Pozoblanco. Y éste sería el guía para acompañar a los de la emisora hasta Sierra Morena, a donde debieron de llegar bien entrado el otoño de 1945, sorteando mil peligros. Instalaron la emisora en término de Pozoblanco, en el Huerto del cortijo de Los Sastres. Pero la emisora no la pudieron poner a funcionar, por alguna avería.

En busca de la pieza dañada

En consecuencia, Valladares y “El Feo” se volvieron para Sevilla con la pieza rota, mientras el “Capitán Carrete” se quedó por la zona de Pozoblanco. Al conseguir los otros regresar a Sevilla, atravesando sierras y quebradas, Valladares viajó a Madrid en busca de la pieza dañada, pero la policía ya le seguía la pista, y en la calle Argumosa le dieron el alto y lo detuvieron. A partir, el consabido via crucis, prisión, consejo de guerra, años de cárcel, pero pudo sobrevivir. La mala suerte de su compañero “Feo” o “Antonio” (Juan Cachinero) resultó parecida: lo detuvieron en la pensión Ramos, de Sevilla; luego, consejo de guerra y bastantes años de cárcel, pero también sobrevivió.  

En cuanto a Juan Ruiz “Capitán Carrete” el destino fue mucho más trágico. Cometió un error, frecuente entonces, que fue visitar a la familia, a la que llevaba más de siete años sin ver. Sus padres trabajaban en el cortijo La Eliseda, de Pozoblanco, El 24 de noviembre de 1945, los visitó por primera vez, siempre al anochecer. Pero un casero vecino delató el hecho a la Guardia Civil. Le hicieron la espera, y el 7 de mayo de1946 lo acribillaron en el lugar Llano del Piojo. Así acabó el valiente “Carrete”, luchador de la guerra española en el Batallón “Pedroches” y luchador en la resistencia francesa.

No acabó ahí la tragedia de la familia. Cuando el franquismo desencadenó en España el llamado “Trienio del Terror” (1947-1949) mediante la aplicación masiva de la “ley de fugas”, los represores se acordaron de aquella familia del “Capitán Carrete”, y el 18 de abril de 1948, actuando de sátrapa en Pozoblanco el teniente Giménez Reyna, se presentó la Guardia Civil en el cortijo donde trabajaba Juan Ruiz Calero, de 62 años, padre de “Carrete”, y lo detuvieron, junto con un modesto jornalero Lucas Rodríguez Fernández “El Potete” (34 años), y se los llevaron andando hacia el pueblo. En un momento dado, pidieron detenerse para echar un cigarro, cosa que les permitieron. Al reanudar la marcha, “El Potete” tuvo un arranque de ira campesina y gritó: “¡Ya no ando más! Si me vais a matar, hacedlo aquí mismo”. Y como los guardias llevaban esas órdenes, les lanzaron una ráfaga de fusilería y los liquidaron. Ocurrió junto a la Cruz del Pilar, por el camino de Obejo, al pasar el Ventorro del Cintas.

Continuemos con los demás enviados desde Francia. En noviembre de 1945 también llegó José Benítez Rufo (oriundo de Badajoz, Monterrubio de La Serena). Traía una misión de activismo clandestino y empezó a actuar entre Córdoba y Sevilla. Había sido capitán en el Ejército Republlicano. Sus andanzas pronto fueron interrumpidas por la policía, que lo detuvo, y pasó el itinerario habitual: consejo de guerra y cárcel, hasta 1953. Pasó a la clandestinidad y al exilio, de donde volvió a Sevilla en 1976, siendo de la dirección del PCE. Murió en 1979.

Más enviados

El último de los enviados desde Francia, a finales de 1945, para reformar la organización de la guerrilla en Los Pedroches fue Alfonso Nevado Asencio, de Villanueva de Córdoba, con la misión de reorganizar la guerrilla en la parte oriental de Los Pedroches, desde Pozoblanco a Cardeña. Su ficha la hemos sacado del archivo del PCE en Madrid. Parece que vino acompañado de algún otro, como Antonio Yuste Herrera, granadino. Pudo acompañar también Juan Gómez Calero, de Villanueva, también infiltrado desde Francia, del que sabemos estaba preso en Córdoba en 1946, sin más datos. Fueron meses de gran empeño organizativo. Se celebraron asambleas nocturnas entre los términos de Villanueva, Cardeña y Montoro: en el Collado Venta los Locos, en el Cerro la Venta del Puerto, en el Barranco de los Pobos, etc. A ellas asistían también algunos enlaces y delegados del Partido.

Según mis datos inéditos procedentes del enlace-confidente (agente doble) José Martínez Capitán “El Chunga” (lo entrevisté en Villaverde, Madrid, enero, 1987), hubo asambleas con casi 30 guerrilleros y con varios días de duración: “Otra reunión fue en Las Alcornocosas, con representantes de todas las partidas, como la de Nevado, de Villaviciosa, de Hornachuelos, etc. Toda la noche de discusiones y análisis… Los enlaces no nos podíamos ver entre sí… Había muchos propietarios del pueblo que colaboraban con los de la sierra… Julián se trasladó a Villaviciosa por acuerdo del Partido y la guerrilla. Lo vi por última en el Cerro la Venta del Puerto, algo más abajo de la casilla de los Serranillos. Este punto era el de contacto, y allí se acercó uno a por mí… A veces estaban bastante tiempo sin comer. Yo estuve tres días con ellos y no comimos nada”.

En el mes de abril de 1946, Alfonso Nevado se presentó a su padre en el cortijo de la Loma de la Higuera (de los Benítez Reina), donde trabajaba la familia. Se vieron varias veces. Pero un miembro de la familia se fue de la lengua, y la Guardia Civil pilló picos, entonces mandada en Villanueva por el neroniano capitán Joaquín Fernández Muñoz, el cual montó un escándalo represivo de mil demonios, a primeros de mayo de 1946. Detuvo a toda la familia Nevado, a buen número de personas de izquierdas y a los profesores de la Academia de la calle Cañuelo, con don Vicente Pascual a la cabeza, todos ajenos al suceso. En total, unas 30 personas, los molieron a palos, y el 15 de mayo, en cuerda de presos, los condujeron a la estación. Estuvieron un año presos y después, sobreseído el caso, los mandaron a su casa.

 Nevado, abrumado por tanto contratiempo, intentó reorganizar la guerrilla de la parte oriental de Los Pedroches. Celebraron varias asambleas, a las que asistían algunos enlaces, entre ellos José “El Chunga” (“El de las cabras”), que actuaba como agente doble, y la Guardia Civil estaba al tanto de todo.

Se citó a una asamblea fatídica para la noche del 24-25 de mayo de 1947, en el Cerro del Quejigo, término de Montoro. Por supuesto, el confidente “Chunga” lo sabía. Y la Guardia Civil se pudo preparar a gusto, cuyo factótum entonces en Villanueva era el comandante Felipe Martínez Machado. Se puso en alarma al 3º Tercio Móvil de la Guardia Civil. Entraron en acción más de 50 guardias civiles, al mando del capitán Joaquín Bracero García, con el teniente Eduardo Hurtado Gómez (este, de Cardeña, furioso azote de la guerrilla), más 20 guardias civiles de la capital, al mando del capitán Tamayo Díaz (de Villaviciosa, otra de las figuras del momento).

La caída

Durante la noche fueron estrechando el cerco del Cerro del Quejigo, mientras en la cumbre los guerrilleros actualizaban sus planes de resistencia al Régimen. A primera hora de la mañana del día 25 de abril, estalló un infierno de fusilería y bombazos, como si el cerro hubiera reventado en una erupción volcánica. Los al menos seis guerrilleros que allí había se parapetaron, resistieron y se dispusieron a morir matando, si bien solo consiguieron herir a un cabo.

Todos fueron cayendo uno tras otro. El brigada Juan Calle Pérez, ansioso de medalla y recompensa, avanzó a pecho descubierto hacia el parapeto donde se ocultaba Nevado, y de un bombazo lo dejó descuartizado. Al terminar la masacre, cinco cadáveres yacían desperdigados, sin caer en la cuenta de que se les había escapado uno, herido, “El Castaño”, de Pozoblanco, único superviviente, que huyó.

Los muertos eran: Alfonso Nevado Asencio (30 años, de Villanueva), Antonio Yuste Herrera (30, de Granada), Salvador Bello Aguilar (38, de Córdoba capital), Pablo González Campos “Coqueo” (50, Hinojosa) y Bernardo Gutiérrez Prieto (27, Montoro). Los cadáveres los llevaron a enterrar al cementerio de Montoro. El Régimen condecoró con tres medallas a los represores: medalla al mérito militar al brigada y al cabo herido; y citación honorífica para el comandante Machado.

Para precisar mejor el desastre del Cerro del Quejigo, me encuentro en mi archivo un documento de la Guardia Civil, antes olvidado, que ahora me ilustra en la comprensión de lo ocurrido. Así rezan mis apuntes de los años noventa: “Eliminación de la partida de Nevado. Fue planeada por el comandante Martínez Machado, de acuerdo con el coronel Santiago Garrigós Bernabéu, jefe del 5º Tercio de la Guardia Civil (Córdoba y Jaén)”.

“Machado tuvo información de que Nevado preparaba una reunión al amanecer del 24 de abril, para pasarse a la zona de Jaén, por discrepancias con los de Córdoba, en el Cerro del Quejigo (más bien se debió al terrible acoso de la represión). Se organizó una fuerza al mando del capitán Joaquín Bracero García, el teniente Eduardo Hurtado Gómez (del 3º Tercio Móvil), más veinte guardias de Córdoba, al mando del teniente Augusto Tamayo Díaz. Hicieron el cerco. Los maquis empezaron a disparar. El brigada Juan Calle Pérez avanzó a pecho descubierto y arrojó una bomba al parapeto de Nevado y lo mató…” “(Revista Servicios, de la Guardia Civil, año 1947, y Revista de la Guardia Civil, 1947, n. 37, p. 31).

Así acabó la “Expedición” enviada desde Francia en el otoño de 1945, para instalar una emisora en Sierra Morena y para reorganizar la guerrilla cordobesa. Contra Franco no se pudo hacer más, pero se intentó, con un sacrificio de vidas en auténtico derroche.

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