La Feria espanta el debate sobre la falta de profesionales de la hostelería en Córdoba
Cada mes de mayo, cuando llega la Feria de Córdoba, vuelve la misma conversación y los mismos titulares: “Faltan camareros y cocineros”. Pero detrás de esa idea recurrente hay otra realidad menos visible que empieza a imponerse en el sector: no existe una escasez de trabajadores cualificados (de hecho, aún hoy se pueden ver a profesionales ofreciéndose a trabajar en portales online), aunque sí cierto rechazo creciente a determinadas condiciones laborales que se dan en el Recinto Ferial, convertido durante los próximos nueve días, en una ciudad con un ritmo propio.
En el actual modelo de feria de Córdoba conviven dos realidades muy distintas. Por un lado, las casetas gestionadas por empresas de hostelería profesionalizadas, con plantillas estables, experiencia y convenios que se cumplen con mayor rigor. Por otro, negocios que solo operan durante los días de Feria, donde la urgencia por cubrir puestos da paso a ofertas improvisadas y, en algunos casos, a condiciones que los sindicatos y trabajadores describen como poco sostenibles.
Eso sí, ni los sindicatos ni la patronal afirman que este año haya un problema de contratación. El presidente de Hostecor, Jesús Guerrero, aseguraba a este periódico que no tenía información de exceso de vacantes, más bien al contrario. “En la Feria se paga muy bien y hay quien trabaja con ganas y repite año tras año. O quien se pilla vacaciones para trabajar en una caseta. Si hay un problema de falta de profesionales, desde luego, a Hostecor no se le ha planteado”, defiende Guerrero, tras consultar con varias casetas para cercionarse.
Desde el sindicato CCOO también ponían en duda la falta de profesionales, aunque matizaban que, en los últimos años, sí que han percibido falta de interés en trabajar en El Arenal. El sindicato defiende que, entre los camareros y cocineros que han trabajado en campañas anteriores se repite una idea: el problema no es solo la intensidad del trabajo, sino su organización. Turnos que se alargan durante todo el día, descansos fragmentados o jornadas que pueden llegar a acumular decenas de horas en apenas una semana forman parte del relato habitual.
En ese contexto, muchos profesionales que antes veían la Feria como una oportunidad de ingresos rápidos han cambiado su perspectiva. La estabilidad de otros empleos, sumada a contratos más estructurados como los fijos discontinuos, hace que cada vez menos trabajadores estén dispuestos a asumir condiciones intensivas durante solo unos días, a riesgo de exponer su situación laboral del resto del año.
Ofertas… y también demanda activa de trabajo
Sin embargo, el mercado laboral de la Feria no se explica solo desde la oferta empresarial. En paralelo a las supuestas quejas por la falta de personal, en portales de empleo aparecen también anuncios de personas o pequeños grupos que se ofrecen directamente a trabajar durante la Feria, aportando experiencia en sala, cocina o catering.
Son varias las plataformas y redes sociales donde, todavía este viernes, a falta de unas horas para el arranque de la Feria, se podían encontrar mensajes de camareros y cocineros que se publicitan ofreciendo disponibilidad inmediata para eventos y casetas. Estos anuncios reflejan una realidad complementaria: hay profesionales dispuestos a trabajar, pero el encaje entre oferta y demanda no siempre se produce en condiciones equilibradas ni estables.
El debate, por tanto, se desplaza. Mientras algunos empresarios insisten en la dificultad para encontrar personal, una parte del sector y de los trabajadores apunta a otro origen del problema: la calidad del empleo y las condiciones. Uno de los factores determinantes de los último años es el cambio en el mercado de trabajo tras la última reforma laboral. CCOO explica que muchos profesionales que antes acudían a la Feria de forma eventual ahora cuentan con contratos de fijos discontinuos o fijos en sus empresas habituales.
“A un trabajador con estabilidad ya no le compensa jugársela por una semana si las condiciones no son excelentes”, señalan las fuentes consultadas. Además, la corta duración de estos contratos de apenas ocho o nueve días, sumada a la complejidad burocrática de las altas y bajas en la Seguridad Social, hace que para muchos no sea rentable el riesgo de perder o ver modificadas sus prestaciones por desempleo u otras ayudas por un trabajo de tan corta duración, que podría implicar, además, en la próxima renta, una posible penalización por tener varios pagadores.
A destajo
Desde el sindicato denuncian que, a pesar de lo que se oferta públicamente (turnos de ocho o incluso de media jornada), la realidad en muchas casetas es el trabajo a destajo con ritmos frenéticos. El sindicato afirma haber detectado casos donde se pretende que el personal trabaje hasta 80 horas en una sola semana, lo que hace materialmente imposible cumplir con los descansos obligatorios que fija el convenio colectivo.
En este sentido, CCOO critica, además, que lo habitual es la práctica de los “turnos partidos extremos”, donde el empresario exige que el trabajador esté disponible solo en los picos de demanda: “Te hacen estar dos horas, te mandan a casa, vuelves otras dos... esto mantiene al trabajador 'pringado' todo el día”. Esta arbitrariedad impide cualquier tipo de conciliación familiar, especialmente en una semana donde los niños solo tienen colegio hasta el miércoles.
Respecto a los salarios de 10 o 15 euros la hora que se publicitan, el sindicato advierte que a menudo son pagos “limpios”, es decir, sin contrato de trabajo. Esto supone un grave riesgo para el trabajador ante posibles accidentes y la exposición a sanciones en caso de una inspección de trabajo.
Asimismo, CCOO destaca que los trabajadores son cada vez más conscientes de sus derechos. Un punto de fricción este año es el abono de las vacaciones. “Todo contrato por cuenta ajena genera días de vacaciones; si no se disfrutan por la brevedad del evento, deben ser abonadas proporcionalmente”, aclaran desde el sindicato. Esta exigencia legal es vista por algunos empresarios como un “coste extra”, cuando en realidad es una obligación básica del convenio.
Finalmente, CCOO pone el foco en la contradicción de muchos caseteros que exigen trabajadores con altísima experiencia para sacar adelante el servicio a gran velocidad, pero que, al mismo tiempo, no invierten ni un minuto en su formación.
Al final, sindicatos y empresarios acaban dibujando dos modelos de casetas: las gestionadas por empresas de hostelería con trayectoria suelen tener sus equipos ya formados y no sufren vacantea y las de aquellos empleadores que no pertenecen al sector y pretenden que el personal asuma incluso labores para las que no han sido contratados, cambiando los turnos de un día para otro de forma unilateral. “No falta personal, falta respeto a la normativa laboral”, concluyen desde el sindicato.
0