¿Está Córdoba 'disneyficando' a Averroes? El filósofo complejo que desaparece tras el relato de la tolerancia y el diálogo
Averroes está este año por todas partes en Córdoba, pero quizá no esté exactamente el Averroes que fue. Urbanísticamente hablando, la figura de este pensador, del que se cumple el 900 aniversario en 2026, ya estaba presente en la fisionomía de la propia ciudad: una escultura en la Judería, una calle, edificios educativos, un aulario universitario, un coro, un hotel, unos premios y distintas iniciativas culturales mantienen vivo el nombre de Ibn Rushd en la ciudad.
Sin embargo, un estudio de Rafael F. Vega-Pozuelo, publicado en el Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles sostiene que la recuperación contemporánea de su figura responde a un proceso mucho más selectivo: Córdoba ha construido alrededor del filósofo un relato adaptado a las necesidades culturales, identitarias y turísticas del presente.
Sin usar el término, lo que viene a decir este trabajo, firmado por un experto del Departamento de Ciencias Sociales, Filosofía, Geografía y Traducción e Interpretación de la Universidad de Córdoba, es que Córdoba está disneyificando la figura de Averroes, un filósofo que funciona hoy como un “recurso simbólico” activado estratégicamente para construir identidad y proyectar culturalmente Córdoba, aunque ello implique una simplificación de su figura histórica.
La pregunta, por tanto, no es si Córdoba recuerda a Averroes. A la vista está que lo hace. La cuestión es qué Averroes está recordando. Y aquí aparece una segunda voz que introduce un matiz importante. Para Manuel Pimentel, editor de la casa Almuzara, que es una de las que más ha publicado obras relacionadas o del propio Averroes, el problema no está necesariamente en que se divulgue una imagen sencilla del personaje. Al contrario: el primer paso es conseguir que la sociedad vuelva a hablar de él. “Si conseguimos que se hable de él, ya es un avance”, resume Pimentel, en una charla con este periódico.
Para el editor el objetivo no debería quedarse ahí. Después del conocimiento tiene que llegar el reconocimiento y, finalmente, la comprensión de su aportación. “Ojalá se conociera verdaderamente su aportación”, señala. Aunque introduce una comparación reveladora: tampoco puede darse por hecho que la mayoría de los ciudadanos conozca en profundidad el pensamiento de otros grandes filósofos españoles como Ortega y Gasset. La clave, por tanto, estaría en el gradiente: que Averroes vuelva a ser conocido para que pueda empezar a ser estudiado.
El Averroes que resulta más cómodo
En los discursos institucionales y turísticos analizados por el estudio de Vega-Pozuelo hay una serie de palabras que se repiten alrededor de su figura: tolerancia, convivencia intercultural, diálogo entre civilizaciones y avance del conocimiento. Son valores contemporáneos fácilmente reconocibles y que encajan a la perfección con la imagen de Córdoba como ciudad de encuentro entre culturas.
El problema, según el autor, es que esos atributos aparecen con frecuencia descontextualizados. Averroes queda convertido así en una especie de emblema de una Córdoba abierta, diversa y cosmopolita, mientras quedan en segundo plano otras dimensiones mucho más difíciles de condensar en un folleto turístico.
Porque Averroes no fue simplemente un filósofo que defendió el conocimiento y el entendimiento entre culturas. Fue también jurista, médico, filósofo y comentarista de Aristóteles. Ejerció como cadí, tuvo responsabilidades jurídicas y administrativas y estuvo relacionado con los círculos cortesanos almohades. Su vida estuvo marcada además por episodios de tensión política, exilio y rehabilitación. Es precisamente esa complejidad la que, según el estudio, pierde peso cuando el personaje histórico se transforma en patrimonio contemporáneo.
La investigación no sostiene que esos aspectos sean deliberadamente borrados de la ciudad ni que exista una estrategia explícita para ocultarlos. Lo que detecta es un proceso de selección: determinados rasgos son enfatizados porque resultan útiles para las narrativas actuales -la convivencia de las tres culturas, especialmente-, mientras otros —especialmente los relacionados con su pensamiento filosófico, jurídico y teológico y con los aspectos más complejos o conflictivos de su trayectoria— quedan relegados. Y ahí aparece la pregunta que sobrevuela todo el trabajo: ¿hasta qué punto estamos ante una recuperación de Averroes y hasta qué punto ante la construcción de un nuevo Averroes?
El filósofo que perdió en el mundo musulmán y ganó en Occidente
Pimentel, no obstante, considera que el debate palidece frente a la excepcionalidad de Averroes por su defensa de la razón dentro de la tradición islámica. “Él dijo: no todo es mística, no todo es emoción, sino que hay que meter razón, demostrar las cosas”, explica. En la interpretación que hace el editor de su pensamiento, Averroes defendió que la razón y la religión podían ser compatibles y que la razón podía constituir también una vía de conocimiento. Ahí, sostiene Pimentel, se encuentra uno de los grandes enfrentamientos intelectuales de su época: el protagonizado por Averroes y Al-Ghazali, que acabó marcando el devenir del Islam.
Esta es quizá una de las historias que más posibilidades ofrece para explicar al público quién fue realmente Averroes. Pimentel recuerda que Al-Ghazali había escrito La refutación de los filósofos, una crítica a la pretensión de los filósofos de utilizar la razón para abordar cuestiones relacionadas con Dios. Averroes respondió con La refutación de la refutación, defendiendo la compatibilidad entre razón y religión. La paradoja histórica que subraya Pimentel es que la tradición intelectual musulmana acabó siguiendo mayoritariamente la vía de Al-Ghazali, mientras que el pensamiento occidental encontró en Averroes uno de sus grandes referentes para recuperar la tradición racionalista.
“El mundo musulmán siguió a Al-Ghazali”, explica, mientras Occidente, paradójicamente, siguió “ese camino de la razón iniciado por Averroes” y esa trayectoria ayuda a explicar por qué su influencia desbordó por completo las fronteras de al-Ándalus. “Ningún otro pensador hispano ha tenido esa repercusión”, sostiene Pimentel, que llega a definir a Averroes como “el filósofo hispano más importante y más influyente y trascendente de la historia de España”.
Es una afirmación que el propio editor reconoce que le genera críticas, pero la acompaña de un argumento difícil de ignorar: la dimensión internacional de su legado. Dante lo incluyó en la Divina comedia. Rafael lo representó en La escuela de Atenas. Ha sido parte esencial de la obra de escritores como Borges o Salman Rushdie. Su influencia se proyectó sobre la tradición filosófica europea y mediterránea. Son tantas las huellas de Averroes en Occidente, resume Pimentel, que resulta difícil reducirlo simplemente al personaje que aparece sentado en una escultura de la Judería.
Una estatua en el corazón turístico de Córdoba
De esa estatua habla Vega-Pozuelo en su estudio. La forma en que el filósofo aparece físicamente en la ciudad también resulta reveladora. El estudio, muy centrado en el urbanismo, identifica una presencia territorial “limitada pero altamente significativa”. Los elementos asociados a Averroes no están repartidos de manera homogénea por Córdoba, sino que tienden a concentrarse en espacios con una elevada densidad patrimonial y una fuerte centralidad turística.
El ejemplo más evidente es su escultura en la Judería, elaborada por Pablo Yusti e inaugurada en 1967. El filósofo aparece sentado, en actitud reflexiva, reforzando precisamente su dimensión intelectual y su vínculo con el legado científico y cultural de al-Ándalus. Pero, sobre todo, la estatua está situada en uno de los espacios más visitados de la ciudad y dentro de los principales circuitos turísticos. El estudio interpreta esta concentración como una estrategia de alta visibilidad: no hace falta llenar la ciudad de referencias a Averroes si las que existen están situadas allí donde tienen mayor capacidad para ser vistas, fotografiadas, explicadas e incorporadas a los recorridos turísticos (de hecho, el estudio no menciona, pues es anterior, que el Ayuntamiento ha encargado un mural de grandes dimensiones sobre Averroes en la Ribera de Córdoba).
De esta manera, el filósofo termina formando parte de esa segunda ciudad que describe el estudio: no tanto la ciudad histórica en toda su extensión como la “ciudad histórico-turística”, el espacio del centro histórico con mayor capacidad de proyección simbólica hacia el visitante.
No obstante, la presencia de Averroes en Córdoba no se limita a la estatua. El estudio identifica la Casa Árabe, la calle Averroes, distintos centros educativos, el Aulario Averroes del Campus Universitario de Rabanales y el Coro Averroes de la Universidad de Córdoba. También aparece su nombre asociado a un establecimiento hotelero cercano al centro histórico. Frente a otras figuras andalusís, la de Averroes sí que goza de reconocimiento urbanístico en Córdoba, si bien una de las conclusiones del estudio es precisamente que la patrimonialización de Averroes se basa más en la alta visibilidad de determinados elementos que en una verdadera difusión territorial de su legado.
Mucho discurso, poca profundidad
La recuperación de Averroes está marcada por la onomástica. El contexto del 900 aniversario de su nacimiento ha funcionado en este caso como un potente acelerador a nivel local. El estudio identifica que se ha producido una notable reactivación institucional de la figura, con exposiciones, programas culturales y actividades destinadas a reforzar su visibilidad y presentarlo como un personaje de dimensión universal. Las conmemoraciones funcionan así como una especie de interruptor patrimonial: permiten volver a activar personajes del pasado y otorgarles nuevos significados en función de las necesidades del presente. En el caso de Averroes, ese presente parece necesitar un símbolo de conocimiento, diálogo y convivencia. Y Averroes encaja extraordinariamente bien.
Desde esa perspectiva, “disneyficar” puede ser una palabra provocadora, pero sirve para formular una cuestión real: ¿qué ocurre cuando un personaje histórico extremadamente complejo se convierte en un símbolo fácilmente consumible? El riesgo está en que la simplificación termine siendo todo lo que queda de la persona. El Averroes de los discursos políticos es fácilmente reconocible: filósofo cordobés, puente entre culturas, defensor del conocimiento, símbolo de convivencia. El Averroes histórico requiere bastante más trabajo: hay que explicar su pensamiento, su relación con Aristóteles, su actividad jurídica, su contexto político, sus relaciones con el poder, sus conflictos y las circunstancias de su exilio. El primero cabe en un discursito, en una estatua y en un mural; el segundo necesita un contexto.
El estudio termina definiendo a Averroes como un “artefacto territorial contemporáneo”. La expresión resume bien la paradoja: ya no opera solamente como un personaje histórico, sino como un instrumento mediante el cual Córdoba construye una determinada idea de sí misma. Eso explica tanto su potencia como sus límites. Aunque Pimentel considera que es también un punto de partida interesante. Es tan importante darlo a conocer como profundizar posteriormente en su obra, defiende.
De hecho, el editor y escritor cree que el 900 aniversario se queda corto al haberse convertido en algo fundamentalmente local. “Para mí, esto debería ser un acto de Estado”, afirma rotundo, sin querer desdeñar ninguno de los actos programados, pues defiende que hay algunos de gran enjundia. Lo dice alguien que se lanza también a recomendar Averroes. Introducción a su pensamiento, de Rafael Ramón Guerrero y Averroes. Una biografía intelectual, de Juan Antonio Pacheco, para poder conocer el pensamiento detrás de la estatua.
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