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La película sobre Averroes que compitió en Cannes y que se puede ver en Bélgica o Francia, pero no en España

Una imagen de la película 'El destino', sobre Averroes.

Juan Velasco

18 de abril de 2026 20:35 h

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El pasado martes se cumplió el 900 aniversario del nacimiento en Córdoba de Averroes, una de las figuras más influyentes del pensamiento universal, un auténtico puente entre el pensamiento clásico y el Renacimiento y, a la vez, entre occidente y oriente. Una figura totémica cuyo redondo cumpleaños ha dado pie a que instituciones académicas y culturales de primer nivel hayan organizado congresos, exposiciones y programas conmemorativos para reivindicar su legado.

Sin embargo, en medio de esta efeméride, hay una ausencia llamativa: de momento nadie ha rescatado la proyección de una de las películas más ambiciosas jamás dedicadas a su figura y al periodo de esplendor que supuso Al Ándalus. Se trata de El destino (Al-Massir), dirigida por el cineasta egipcio Youssef Chahine. Se trata de una coproducción francoegipcia estrenada en 1997, que compitió en el Festival de Cannes y que ese mismo año valió a su autor una Palma honorífica. La película, además, fue seleccionada por Egipto para los Óscar de 1998, aunque finalmente no logró la nominación.

A pesar de su relevancia histórica y cinematográfica (ganó nueve premios en los All African Awards, incluidos Mejor Película y Mejor Director), hoy resulta más fácil verla en países como Francia o Bélgica —donde ha circulado gracias a restauraciones recientes impulsadas por MISR International y a su redescubrimiento en el Festival de Locarno en 2021— que en España, el territorio donde se ambienta su historia, y donde solo ha estado disponible durante un tiempo breve en el catálogo de Netflix.

Una Córdoba de tolerancia frente al fanatismo

Ambientada en la Córdoba del siglo XII, la película reconstruye la vida de Averroes como símbolo de una sociedad abierta, cosmopolita y basada en la razón. Filósofo, médico, astrónomo y jurista, su pensamiento defendía que la razón era “hermana” de la ley divina, una idea que acabaría convirtiéndolo en objetivo de los sectores más radicales.

El relato arranca con una imagen poderosa: el incendio de las obras de Averroes traducidas al francés en Languedoc, en plena época de La Inquisición. Ese episodio conecta con el núcleo dramático del filme: el progresivo cerco que sufre Averroes en Al Ándalus, donde los fundamentalistas logran influir en el califa Al-Mansur hasta conseguir que ordene la quema de sus escritos.

Frente a esa violencia, Chahine construye una comunidad diversa —musulmanes, cristianos, incluso gitanos (un evidente anacronismo, pues el pueblo calé llegó a la Península Ibérica un par de siglos después)— que encarna los valores de convivencia y transmisión del conocimiento. Los seguidores del filósofo copian sus libros y los sacan clandestinamente del territorio, convencidos de que las ideas sobrevivirán incluso a la destrucción material.

Youssef Chahine, recibiendo el premio en Cannes 1997, cuando presentó su film sobre Averroes.

Rodada en Siria y Líbano, en escenarios que evocan la arquitectura de Al-Ándalus, la película combina el tono del gran fresco histórico (con un inspirado uso de celuloide al estilo technicolor clásico) con momentos inesperados de musicalidad, sensualidad y celebración de la vida. Chahine, uno de los cineastas más personales del mundo árabe, muy abierto en los temas que abordaba desde que arrancó su carrera en los años 50 del pasado siglo introduce canciones y secuencias coreografiadas que funcionan como contrapunto al discurso del odio, y que emparentan este film, a su vez, con las superproducciones de Bollywood.

El contraste que buscaba Chahine, fallecido en 2008, es deliberado. Mientras los fanáticos repiten consignas monocordes y violentas, los personajes cercanos a Averroes cantan, aman y celebran el conocimiento. En ese choque, el director plantea una idea central: todos los extremismos, ya sean cristianos o musulmanes, conducen a la misma destrucción.

Casi tres décadas después de su estreno, El destino mantiene una vigencia sorprendente. Su reflexión sobre la intolerancia, la censura y la manipulación política de la religión resuena con conflictos contemporáneos. Quizá por eso resulta aún más llamativo que, en pleno aniversario de Averroes, España no haya recuperado esta obra clave. Una película que no solo recrea el pasado andalusí, sino que lo conecta con debates universales sobre libertad, pensamiento crítico y convivencia. Porque, como sugiere la propia película en su desenlace, los libros pueden arder, pero las ideas siempre encuentran la forma de sobrevivir.

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