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Córdoba 1972: así desafiaron las pioneras del fútbol femenino la caspa franquista

Selección española de fútbol femenino, instantes antes del partido de El Arcángel, sobre un césped totalmente embarrado

Aristóteles Moreno

28 de agosto de 2026 19:59 h

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Estadio del viejo Arcángel de Córdoba. 8 de diciembre de 1972. La selección española de fútbol femenino acaba de jugar frente a Italia en un partido amistoso. Las transalpinas han vencido por 1-5 sobre un barrizal impracticable. Una cámara del NODO y un periodista de Televisión Española entran en el vestuario. Primera pregunta: “¿Usted ha leído a Bécquer?”. Segunda pregunta: “¿Se casaría con un futbolista?”. Tercera pregunta: “¿Usted sabe cocinar?”. Cuarta pregunta: “¿Qué es más fácil: hacer una tortilla de patatas o meter un gol?”.

La cara de Victoria Hernández es un poema. Entre incrédula, estupefacta y desconcertada. La interior izquierda de la selección española apenas tiene 15 años de edad. Es la primera mujer de España en firmar un contrato profesional de fútbol. 5.000 pesetas más un plus de 500 por partido. Todo un hito en aquella España machista, retrógrada y carca hasta el tuétano. Solo un dato: las mujeres entonces eran ciudadanas jurídicamente subordinadas al padre o al marido. No podían abrir una cuenta corriente, ni sacarse el pasaporte, ni acceder a la judicatura.

El fútbol, por supuesto, era cosa de hombres. Tanto es así que la Federación Española se opuso frontalmente al fútbol de mujeres. Y la Sección Femenina, la poderosa institución falangista dirigida por Pilar Primo de Rivera, conminó a todos sus terminales provinciales a boicotear la organización de cualquier partido donde jugaran mujeres.

Carmen Arce 'Kubalita', la portera de la selección española, en una imagen de los años 70

El fútbol femenino era una temeridad. Una provocación. Un ataque frontal contra los valores tradicionales. “Franco no dejaba jugar al fútbol a las mujeres”. Habla Isi Gavilán, cordobesa y delantera centro de aquella selección histórica. No olvida aquel partido memorable. “Cayó agua a nivel mundial. El Arcángel era un completo barrizal”. Pero se jugó. Isi chupó banquillo ese día. “El seleccionador me dijo: ‘Como está el campo, mejor quédate en el banquillo y te saco en el siguiente partido en Badajoz’”.

El siguiente tampoco pisó el césped. Su jefe no le dio permiso para viajar. “Si te vas, ¿quién me hace el trabajo?”, le espetó. La número 9 de la selección española se tuvo que quedar en casa. Trabajaba entonces en la Lonja Municipal, donde se desempeñó durante 27 años en la oficina vendiendo frutas y verduras al por mayor.

La primera vez que Isi Gavilán le dio una patada a un balón fue en su pueblo. El Carpio. Le gustaba jugar al fútbol cuando salía a la calle con los chiquillos de su calle. Un día escuchó en la radio que buscaban mujeres para formar un equipo. Y se presentó. No fue la única. Los Hermanos Nieves, dueños de una peluquería, decidieron montar un combinado femenino en el Sector Sur. Y la cogieron entre un buen pelotón de candidatas.

“¡Niña! ¡Vete a fregar los platos a tu casa!”, era lo menos que nos decían

No se le daba mal. 49 goles en una sola temporada. Otra cosa es la lluvia de insultos que recibían en el campo. “¡Niña! ¡Vete a fregar los platos a tu casa!”, era el improperio más elegante que escuchaba. “Te decían barbaridades”, rememora la ex futbolista, que aguantó estoicamente las arremetidas machistas de aquel país ultramontano.

Isi Gavilán formó parte de un movimiento disruptivo que hoy, medio siglo después, está dando frutos excelentes. Aquella aventura temeraria tiene un nombre propio: Rafael Muga. Un joven extremeño, licenciado en Magisterio, que emigró a Madrid a finales de los sesenta y se sacó el título de Instructor Nacional de Educación Física.

Fue él quien promovió el primer equipo de fútbol femenino en España. Toda una hazaña. Y llegó la fecha clave: 8 de diciembre de 1970. Campo de Boetticher y Navarro, Villaverde Alto, un barrio obrero de Madrid. “Logré meter a 8.000 personas. Fue un auténtico boom”. Pero ojo: al término del partido, se le acercó una pareja de la Guardia Civil y le solicitó que lo acompañaran al cuartel de Villaverde.

“Al llegar me estaba esperando el comandante del puesto. Estaba sentado con la pistola encima de la mesa. El prototipo de guardia civil de los años 70”. Rafael Puga entró en el despacho y el mando de la Benemérita le espetó: “¿Cómo se le ocurre a usted organizar un partido de mujeres?”. El emprendedor extremeño tenía entonces 22 años, aspecto formal y corbata bien anudada al cuello. “El comandante esperaba encontrarse a un hippy y se llevó una impresión que no preveía”.

'Kubalita', en un lance del juego de El Arcángel en 1972

La odisea del fútbol de mujeres acababa de empezar. La Sección Femenina se opuso radicalmente y mandó una circular a todas las delegaciones de España. Muga conserva copia del original, en color sepia, el escudo del haz y las flechas, y un sello de Franco de dos pesetas. “Rogamos se abstengan de promover toda actividad relacionada con el fútbol femenino”, ordenaba la disposición. Y concluía: “Dios guarde a usted muchos años”. La Real Federación Española de Fútbol simplemente los ignoró. “Esperaban que la novedad pasara y no aceptó el fútbol femenino oficialmente hasta el 21 de octubre de 1980”. Diez años después, ya fallecido el Generalísimo y en plena Transición democrática.

Tanto es así que toda la infraestructura y la logística corrían a cargo en exclusiva de la organización impulsada por Rafael Muga. Incluso los propios árbitros. Contra viento y marea, el fútbol femenino se abría paso. “Era una sociedad machista al cien por cien, que tenía relegada a la mujer a las tareas del hogar y poco más. Y nos topábamos con los típicos recalcitrantes que faltaban el respeto”.

El primer partido de la selección se jugó en La Condomina (Murcia) en febrero de 1971 contra Portugal. “Lo organizamos entre Manuel Carlón y yo. La Federación se opuso totalmente y no nos dio ni árbitros”. El campo se llenó de grises, la Policía Nacional de la época. “Había un miedo generalizado y las portuguesas no querían salir del vestuario. Al final, jugamos a trancas y barrancas, y empatamos a tres”.

Los siguientes partidos se jugaron en Italia. Turín, Padua y Udine. “Los italianos nos trataron como a reyes. Pasearon a las jugadoras en góndola por Venecia”, recuerda Rafael Muga. Y finalmente llegaron los encuentros de Córdoba y Badajoz. El de El Arcángel fue posible gracias a la amistad que le unía con Manuel Marín. “En Córdoba tuvimos muy mala suerte”, puntualiza. “Teníamos el patrocinio de una empresa que nos hizo una campaña de promoción tremenda con coches y altavoces por toda la ciudad. Pero el día del partido cayó el diluvio universal. Metías el pie en el barro y te subía por encima del calcetín. Debió de suspenderse”. La lluvia deslució el encuentro, que registró un aforo muy pobre.

El comandante de la Guardia Civil me dijo: 'Cómo se le ocurre a usted organizar un partido de mujeres'

Rafael Muga Promotor del fútbol femenino

Carmen Arce Kubalita era la portera de la selección. “Éramos unas niñas, entre 15 y 20 años, y se nos trató de manera muy grosera”. Hasta tal punto de que mientras sonaban los himnos nacionales, la cámara de televisión enfocó los traseros de las jugadoras. “El único objetivo del NODO era burlarse y hacer daño”, lamenta hoy, cincuenta años después.

Carmen Arce dice que el fútbol femenino arrancó con mucha fuerza. Los estadios se llenaban y los medios deportivos cubrían ampliamente un fenómeno que rompía todos los esquemas. “Al principio nos tomaron a broma, pero cuando vieron la dimensión que alcanzaba, tanto la Federación como la Sección Femenina hicieron todo lo posible para que el fútbol femenino acabara”, señala.

Hoy, visto en perspectiva, el pundonor y la tenacidad de aquellas precursoras fue admirable. Así queda reflejado en una película recién estrenada que recupera la historia de aquella aventura inolvidable. “Nosotras jugábamos porque el fútbol era nuestra pasión y hacíamos esfuerzos increíbles por entrenar”, afirma al otro lado del teléfono. “Pero no teníamos la sensación ni la conciencia de estar abriendo camino, ni de ser pioneras o de ir en contra del establishment”.

El 6 de noviembre de 2019, la Real Federación Española de Fútbol organizó un justo homenaje a aquel grupo de pioneras que abrieron un camino necesario. Tuvieron que transcurrir más de 45 años para que la principal institución del balompié español reconociera la meritoria proeza de unas mujeres que sembraron la semilla del fútbol femenino en medio de la adversidad.

El 2 de diciembre de 2025 la selección española venció a Alemania en la final de la Nations League. Casi 60.000 espectadores en un Metropolitano pletórico presidido por el rey. Allí estaba Carmen Arce Kubalita. “Fue algo profundamente emocionante”. Ese día un trocito de todas aquellas pioneras de El Arcángel también estaba en el césped celebrando, por fin, la gran victoria de la igualdad.

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