Ciencia entre jaramagos: alumnos del colegio Séneca descubren el ‘tesoro’ verde que crece en los descampados
Lo que para muchos transeúntes no es más que un solar abandonado lleno de “malas hierbas”, para los alumnos de 5º de Primaria del colegio Séneca se ha convertido este jueves en un laboratorio vivo. En el marco del taller Planeta Barrio, organizado por la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación, unos 50 escolares han cambiado las aulas por el descampado situado junto al campo de fútbol de Fátima con un objetivo claro: poner nombre y valor a la flora silvestre urbana que brota entre el cemento.
La bióloga especializada en botánica y encargada de guiar la actividad, Sara Parras, explica en que su trabajo se centra en la flora silvestre urbana, es decir, “los jaramagos que han visto los niños aquí y en toda la ciudad”. Para la investigadora, estos talleres son fundamentales porque este conocimiento “forma parte de nuestro patrimonio natural”.
Según explica Parras, la flora silvestre urbana no es un elemento decorativo o accidental, sino “la base del ecosistema de la ciudad”. Por ello, la bióloga advierte de las graves consecuencias de ignorar o perder estas especies: “Sin ellas, el ecosistema se desequilibraría. Esto significa que, cuando un ecosistema no está en equilibrio, es propenso a sufrir plagas, a sufrir enfermedades y a no resistir los cambios”. En un escenario de cambio climático como el actual, Parras defiende que es “muy importante mantener en equilibrio nuestro ecosistema urbano para ser capaces de soportar las consecuencias”.
Antes de lanzarse al terreno, los alumnos han recibido indicaciones en clase sobre la complejidad de la naturaleza urbana. “Han aprendido que los polinizadores no solamente son las abejas, sino que existen otros muchos insectos e incluso aves”, detalla la bióloga. Además, han empezado a familiarizarse con el lenguaje de la ciencia. “Han aprendido, también, a utilizar el cuadernillo en lo que es un nombre científico, que tienen dos palabras y que, sobre la base de ellas, la comunidad científica sabe si unas plantas están emparentadas o no”.
Ya sobre el terreno, equipados con cuadernos de laboratorio y lupas, los escolares han buscado hasta identificar una lista de plantas representativas de su barrio. El descampado de Fátima ha resultado ser “muy diverso”, permitiendo encontrar crisantemos, acelgas y el típico jaramago amarillo. Parras pone especial énfasis en un grupo concreto: las gramíneas. “He querido que aprendan que las gramíneas, aunque no tienen colores y no parecen una flor típica, también son flores y cumplen un papel esencial en el ecosistema”, afirma con rotundidad.
La experiencia no solo ha sido académica, sino también sensorial. María José, una de las alumnas de 10 años, recorría el solar anotando si las plantas pinchan, si son bonitas, cómo huelen o a qué le recuerdan. “Estoy descubriendo muchos tipos de plantas que no me esperaba encontrar aquí; huelen muy bien y me recuerdan al verano”, comentaba entusiasmada mientras señalaba su favorita: la viborera. Con la firme idea de convertirse en bioquímica de mayor, María José representa el éxito de estas iniciativas para despertar vocaciones científicas desde el entorno más cercano.
Próxima parada: los artrópodos
El proyecto Planeta Barrio no termina con la botánica. Según la planificación de la UCO, el programa se completará en abril con un nuevo taller centrado en los artrópodos. En esa ocasión, el alumnado aprenderá a identificar mariposas, hormigas, saltamontes y ciempiés, analizando su papel clave en la polinización, la descomposición de materia orgánica y el control de plagas.
Iniciativas como esta buscan que las nuevas generaciones de cordobeses dejen de mirar sus barrios como simples cuadrículas de asfalto y empiecen a verlos como espacios biodiversos que generan entornos más amables y capaces de reducir la temperatura en las zonas más calurosas de la ciudad.
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