El mildiu afecta a más del 60% de las viñas de Montilla-Moriles
El mildiu sigue estando presente en Montilla-Moriles. Las temperaturas son más altas y las borrascas parece que han pasado a un segundo plano, pero la evolución de esta enfermedad ha marcado una cota bastante alta en la última semana. Según el último boletín de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria (RAIF) de la Junta de Andalucía, la presencia de cepas afectadas por el hongo ha ascendido significativamente, alcanzando ya el 63,64% de las estaciones de control biológico muestreadas (ECB). Este dato supone un incremento respecto al 54,55% registrado desde el 17 al 24 de mayo.
Este repunte de la enfermedad coincide con un momento que es crucial para el desarrollo de la viña. Actualmente, el estado fenológico dominante en la región es el 'K' (tamaño del grano guisante), que representa el 90,9% de las explotaciones, mientras que el 9,1% restante se encuentra en el estado 'J' (cuajado). En esta fase, la vigilancia se vuelve determinante para asegurar la calidad de la futura cosecha, de ahí la importancia que tienen ambas.
Los técnicos de la RAIF han señalado que el valor medio provincial de cepas afectadas también ha experimentado un crecimiento, situándose en el 6,36%, frente al 5,45% de la semana pasada. Una evolución idéntica se ha observado en el porcentaje de hojas que muestran síntomas de la enfermedad, consolidando la tendencia al alza del hongo en la campiña cordobesa.
Como ha comentado este periódico anteriormente, esta proliferación del mildiu no es fruto de la casualidad, ya que proviene de una alta carga de inóculo invernante heredada de la campaña anterior, donde se registró un elevado nivel de incidencia. El hongo sobrevive al invierno en el suelo, principalmente en restos de hojas caídas, esperando las condiciones adecuadas para activar sus estructuras de resistencia.
A pesar de la expansión en las hojas, el informe arroja una nota que alivia en cierta instancia: continúa sin observarse la presencia de racimos con síntomas en las zonas muestreadas. No obstante, se advierte de que el ataque sobre los frutos recién formados puede recubrirlos de un polvo blanco, mientras que en granos más desarrollados aparecen manchas blanquecinas que terminan por deprimirlos y oscurecerlos.
Por otro lado, las previsiones apuntan a una estabilidad climática con temperaturas máximas de entre 34 y 38 ºC, acompañadas de una humedad relativa baja. Dado que las temperaturas superiores a los 29 ºC limitan o inhiben la germinación del mildiu, el calor extremo previsto podría frenar su avance natural. Aunque, sin embargo, la RAIF aconseja no bajar la guardia en este sentido.
Para que se produzca una infección primaria de mildiu, deben cumplirse tres condiciones básicas: brotes con una longitud igual o superior a 10 centímetros, lluvias de más de 10 milímetros en uno o dos días y una temperatura media por encima de los 10 ºC. Aunque no se prevén lluvias inmediatas, la humedad residual y las condiciones previas han sido suficientes para mantener activo al patógeno.
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