¡No las confundas!: Advierten de la proliferación de orugas de prado inofensivas y distintas de las procesionarias

Orugas de prado, inofensivas para las personas y las mascotas.

La Sociedad Cordobesa de Historia Natural ha advertido de que las orugas que se ha podido ver en estas semanas en zonas abiertas como los aledaños del Hipercor o junto al canal en las inmediaciones de El Tablero pertenecen a la denominada variedad de orugas de prado que “no suponen ningún peligro para las personas ni para las mascotas”, a diferencia de las orugas procesionarias del pino.

“Desde la Sociedad de Historia Natural de Córdoba (SCHN) queremos desmentir que la ”invasión de orugas“ en los llanos del Hipercor sea atribuible a la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), tal como se está afirmado erróneamente, con la consiguiente alarma social. En realidad, se trata de las llamadas orugas conocidas coloquialmente como pelúas, que a pesar de su parecido con la procesionaria son las larvas de otra especie de mariposa nocturna, la mariposa u oruga de los prados (Ocnogyna baetica), informan en un comunicado que acompañan con imágenes para diferenciarlas.

En este sentido, explican que las orugas de prado son propias de las zonas abiertas y esteparias cubiertas de vegetación herbácea del Mediterráneo Occidental, destacan por sus llamativos nidos, parecidos a grandes telarañas, que se forman con la seda que tejen las orugas recién eclosionadas. Tras la permanencia temporal en dichos nidos, las orugas empiezan a dispersarse y de forma aislada se alimentan de las plantas herbáceas que encuentran en su camino. A diferencia de las orugas de procesionaria, que se desplazan en líneas, en contacto unas con otras (de ahí su nombre), en esta especie la dispersión es de forma anárquica, y aunque lo hagan en grupos las orugas están dispersas, sin conexión entre ellas.

“Esta emergencia masiva es normal en inviernos secos con pocas lluvias, ya que las lluvias intensas rompen las telas de araña y minimizan la salida de las orugas. La dispersión ocurre todos los años coincidiendo con la subida de temperaturas de finales de invierno (enero), y es frecuente la alternancia de años en los que hay mayor abundancia de larvas (orugas), en los que ciudadanía es más consciente de esta especie por la llamativa dispersión de las mismas, con años de menor abundancia y por tanto de dispersión más discreta”, apuntan.

A mediados de marzo las orugas se entierran y forman un capullo; de esta forma permanecen durante la primavera y el verano, hasta la llegada del otoño, momento en que salen los adultos, de los capullos, para reproducirse e iniciar el ciclo. Los machos, buenos voladores, son de coloración vistosa, y son atraídos por las feromonas que emiten las hembras por la noche. Ellas son ápteras (no tienen alas y no pueden volar) y pueden llegar a poner 400 huevos. Las orugas suelen dispersarse hasta 300 metros, lo que implica que no se alejan demasiado y por este motivo “el año que viene -y los sucesivos años- volveremos a verlas, exactamente en los mismos llanos del Hipercor”.

“A pesar del parecido con las orugas de la procesionaria del pino, las pelúas no suponen ningún peligro para las personas ni para las mascotas. Por otro lado, son especies polífagas que se alimentan de cualquier vegetal, generalmente hierbas, pero si existen en las inmediaciones huertos y plantaciones (por ejemplo de vides) pueden llegar a causar daños”.

La Sociedad de Historia Natural manifiesta su predisposición para recibir cualquier cualquier duda o consulta acerca de la fauna y flora local, con el fin de contrastar informaciones medioambientales y aconsejan esta página web para distinguir unas orugas de otras.

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