Dentro de una oficina de atención a víctimas de abusos de la Iglesia: “Llegan muy dañadas”
Tras el acuerdo alcanzado recientemente entre el Gobierno y la Iglesia para la reparación de las víctimas de la pederastia, vuelve a ponerse el foco en cómo quienes sufrieron estas agresiones pueden verse escuchados, atendidos, reparados e indemnizados por ello. Cordópolis ha accedido a conocer cómo funciona la Oficina de Atención a las Víctimas de estos abusos en la Diócesis de Córdoba que, desde 2019, aborda desde el ámbito de la Iglesia los casos detectados en su seno.
Esta oficina se creó el 21 de mayo de 2019 y, junto a ello, se estableció un protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores y personas vulnerables, con un código de buenas prácticas para ambientes sanos y seguros en la Iglesia. “La Iglesia ha reconocido sus errores, hay cosas que no se han hecho bien, pero nos ponemos al servicio de esas víctimas para intentar sanarlas”, explica a este periódico la directora de la Oficina, María Yered Rodríguez. “El objetivo es acompañar a las víctimas y prevenir”, resume sobre la acción de este organismo.
Desde su apertura en 2019, la Diócesis de Córdoba ha registrado 25 casos de abusos en su ámbito, si bien ha llegado a atender a 35 víctimas. Esa diferencia se debe a que la oficina comunica los casos producidos estrictamente en su ámbito diocesano, si bien ha atendido en un primer momento otros casos que se han dirigido a ella pero que han ocurrido dentro de instituciones o congregaciones en la provincia cordobesa que tienen sus propios órganos de tramitación. En esos casos, la oficina ha actuado como intermediaria, atendiendo, recogiendo documentación de las víctimas y trasladando las denuncias a las instancias correspondientes.
En todos esos casos, quienes sufrieron los abusos por miembros de la Iglesia en la provincia de Córdoba eran menores cuando ocurrieron, los vivieron durante su infancia, la mayoría en los años de la década de los 70. Las víctimas que han puesto sus casos en conocimiento de esta oficina lo han hecho desde su apertura en 2019, después de que el Papa Francisco celebrara en el Vaticano una cumbre sobre los abusos y la protección de los menores, estableciendo a partir de entonces unas normas vinculantes para actuar en estos casos.
El documento fundamental fue la carta apostólica 'Vos estis lux mundi', publicada el 9 de mayo de 2019, que crea las oficinas de protección de las víctimas y sus protocolos de actuación. La Diócesis de Córdoba “fue vanguardista” al poner la oficina en funcionamiento apenas unos días después de dicha publicación, recuerda su directora. El último de los casos de abusos que ha tratado llegó a esta oficina hace unos dos años, aunque la mayoría lo hicieron al principio de su puesta en marcha.
Escucha, reconocimiento y reparación
Con el protocolo establecido, el trabajo en estas dependencias de la Diócesis se ha basado “en primer lugar, en las víctimas, ayudándolas en su proceso de sanación y reparación”. En todos estos casos, han podido ver cómo a quienes sufrieron estos abusos “les cuesta mucho sacarlo a la luz y cada víctima tiene su tiempo”. Por ello, es relevante que el sistema acordado ahora entre el Gobierno y la Iglesia permite que casos ya prescritos o donde el victimario ha fallecido reciban reconocimiento y reparación.
Cuando una víctima ha llegado a estas dependencias, lo primero ha sido escucharla, para que la persona “se exprese tranquilamente y pueda contar todo lo que nos tenga que contar”, describe María Yered Rodríguez. Se le ofrece un acompañamiento integral -espiritual, psicológico y legal-, asesorándola en las vías canónica y civil. “Le decimos: estamos aquí para acompañarte, nosotros no juzgamos, es decir, la oficina no es la encargada de juzgar ni de investigar absolutamente nada, de eso se encarga la Vicaría Judicial (...) Nosotros estamos para acompañar a la víctima, escucharla y estar con ella. Los acompañamos durante todo el proceso, incluso más allá, porque el compromiso que tenemos es la sanación completa”.
En este tiempo, Rodríguez ha visto la realidad de las víctimas de abusos en la Iglesia en Córdoba: “Son gente que llega muy dañada, en muchos sentidos, porque un abuso afecta a todas las esferas de tu vida”, constata. Pero de sus respuestas, destaca que “lo que más les ayuda a sanar es que les escuches”. Cuenta que en los testimonios de quienes sufrieron los abusos, aunque se hable de indemnizaciones económicas, destaca que “el acompañamiento humano es lo que realmente las sana”. “Ellos se van muy a gusto con el hecho de que les hayas escuchado y les hayas dado una respuesta, que vean que su problema te importa y les des ese acompañamiento. Es lo que más llena, que puedan salir de aquí con esa luz y esa tranquilidad, por lo menos que le hayamos ayudado a paliar el dolor que han tenido, aunque sea un poco”.
En este sentido, asegura que la Iglesia mantiene el compromiso de poner a la víctima en el centro. Algo que se constata también en el reciente acuerdo con el Gobierno para la reparación de las víctimas de abusos. Se crea una nueva vía de denuncia con un mediador para quienes no quieran acudir directamente a la Iglesia, incluye un acompañamiento que va más allá de lo económico y permite reparar casos prescritos o de victimarios fallecidos. El fin, dice Rodríguez, es “erradicar esta lacra de toda la sociedad”. “El acuerdo con el Gobierno es un paso positivo para seguir contribuyendo a la sanación y a erradicar los abusos en la sociedad”, reitera.
Prevenir casos, detección precoz y apartar a los autores
La Oficina también atiende a otro ámbito de actuación, que se refiere a la prevención para que no vuelvan a ocurrir casos de abusos o estos se detecten cuanto antes. “Se realiza una labor para que la Iglesia sea un espacio sano y seguro para menores y personas vulnerables”. Y eso incluye formación para detectar esos abusos precozmente. “Estamos haciendo mucha labor para que se sepa qué es un abuso, las consecuencias que tiene y que sepamos detectarlo y pararlo”.
En la práctica, en la Diócesis de Córdoba se han formado a más de 150 agentes de pastoral, como catequistas, profesores y cualquier persona que dentro de la Iglesia tiene contacto con menores. “Tratamos de formarlos para que sepan qué es un abuso, qué es lo que se debe hacer o evitar y, vamos más allá, también se le da formación a menores con un programa para que sepan qué está bien y qué no está bien, y sepan a quién acudir y cómo protegerse”.
Y, junto a ello, la Diócesis también trabaja con los autores de los abusos. “Por supuesto, van a estar en un lugar de la Iglesia donde no tengan ningún contacto con menores o personas vulnerables. Ni van a volver al sitio donde estaban y se han cometido los abusos, ni tampoco van a estar en contacto con menores o personas vulnerables”, asegura la directora de la Oficina sobre la acción de la Iglesia con estas personas.
Pero, desde otra perspectiva, también se trabaja en la “rehabilitación de los victimarios para su reinserción social, que es el fin del ordenamiento jurídico del estado español. Y, también, en la salvación de su alma que sería el fin del ordenamiento jurídico canónico, para que no se vuelvan a producir nuevas situaciones de abuso”. Dentro de la Iglesia, “se considera que también son hijos de Dios y se les invita a seguir un camino de redención”.
Un camino que pasa por reconocer sus abusos, comprometiéndose a cumplir sus responsabilidades jurídicas tanto en el ámbito civil como canónico. En este punto, la Diócesis sigue pactos institucionales de la Conferencia Episcopal Española que incluyen tratamientos psicológicos o psiquiátricos personalizados, que se ofrecen a los abusadores y estos siguen, siempre que presten su consentimiento, comprometiéndose a ello.
Con todo, desde la Oficina de Atención a Víctimas de la Iglesia reiteran su intención de acabar con los abusos en su seno y lanzan un mensaje dirigido también a otros ámbitos: “Que se erradiquen los abusos en toda la sociedad, porque esto es algo que nos afecta a todos, no solamente a la Iglesia”.
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