Greenpeace pide mayor ambición en el plan de la Zona de Bajas Emisiones de Córdoba

Protesta de Greenpeace frente al Ayuntamiento.

Voluntarias y voluntarios de Greenpeace han realizado hoy una performance con disfraces de osos polares frente al Ayuntamiento de Córdoba para reclamar al consistorio una Zona de Bajas Emisiones (ZBE) con mayor ambición y que se traduzca en una reducción real de las emisiones derivadas del tráfico rodado a la ciudad.

El anuncio de delimitación de ZBE presentada por el consistorio coincide con el Área de Circulación Restringida o zona ACIRE que ya está implantada en la ciudad. El Ayuntamiento dice darse por satisfecho puesto que esta zona ya establece una limitación de acceso al tráfico en casi la totalidad del casco histórico. Sin embargo, Greenpeace denuncia que la propuesta es una oportunidad perdida para ampliar la restricción del acceso de vehículos privados a motor a una zona distinta, más amplia, que la que alberga la actual zona ACIRE.

La organización considera que, si bien la ACIRE de Córdoba ya supone una restricción de acceso en una zona concreta de la ciudad a una parte del parque de vehículos, deben ir más allá, ya que la ley de Cambio Climático y Transición energética establece que las ZBE deben tener también otros objetivos, como son la reducción del consumo energético, la mitigación del cambio climático y el impulso de modos de transporte sostenible, para que sirvan de impulsoras de cambios en el reparto modal de la ciudad.

“Hacer coincidir la ZBE de Córdoba con la zona ACIRE no cumple ni de lejos los principios básicos de la ley de cambio climático, que son la mejora de la calidad del aire, la reducción de emisiones, la mitigación del cambio climático y promover una movilidad sostenible y eficiente energéticamente”, ha declarado Luis Berraquero, coordinador de Greenpeace en Andalucía.

Greenpeace lamenta que no se estén tomando medidas frente a un modelo de ciudad que, más allá de los límites del casco histórico, sigue generando grandes impactos negativos en la salud de las personas y el planeta. Por un lado, la contaminación ambiental y acústica que conlleva graves riesgos para la salud. Por otro, la ocupación del espacio público por parte de los vehículos privados, que supone una barrera para el desarrollo de la movilidad activa y sostenible y genera inseguridad al peatón en vez de adaptar el espacio para personas con movilidad reducida y la infancia o generar zonas de ocio y espacios verdes que sirvieran para mitigar los efectos del cambio climático.

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