Calma muy tensa y sensación de 'deja vú' entre los residentes de las zonas inundables de Córdoba
La amenaza de nuevas crecidas mantiene en vilo a los vecinos de varias zonas inundables del término municipal, donde se mezcla la preocupación con una sensación de déjà vu. Además un deja vú reciente y, a la vez, antiguo. En el retrovisor está la gran crecida del Guadalquivir y sus arroyos de hace 15 años, que generó sensaciones de peligro que no se han vuelto a repetir con la magnitud, pero que tampoco son descartables.
Y porque, a la vez, los avisos para las próximas 48 horas llegan tras las lluvias de la pasada semana asociadas a la borrasca Kristin, que ya dejaron viviendas afectadas en algunas de las zonas más sensibles. Ante este panorama, hay una calma tensa entre los residentes, algunos de los cuales, especialmente en la zona de Alcolea, una barriada que discurre junto al río Guadalquivir y donde sí constan ya vecinos que han empezado a mover enseres o han anunciado que se van de sus casas por precaución.
La semana pasada, sin embargo, uno de los puntos más afectados fue Villarrubia, una barriada en la que viven unos 9.000 vecinos y que, en los últimos años, ha expuesto su interés en convertirse en localidad autónoma. En este punto, la zona que históricamente más estaba expuesta es el Veredón de los Frailes, un asentamiento de una veintena de casas ubicado en una planicie fluvial, junto al Guadalquivir. Sin embargo, en los últimos años, el agua ha dicho hola en muchos más puntos de la barriada, donde ya se la espera cuando se acumulan las borrascas.
Por eso mismo, el malestar de los vecinos en este distrito allí es doble: miedo a que vuelva a repetirse, y enfado porque consideran que se les está ignorando. Lo cuenta el presidente del Consejo de Distrito, Juan Miguel Caballero, quien denuncia la falta de información y de coordinación por parte de las administraciones.
Los cambios agrícolas que exponen a Villarrubia a las anegaciones
“Estamos un poco dejados de la mano de Dios”, resume. Según explica, ni la Policía Local ni Protección Civil se han puesto en contacto con el Consejo de Distrito para informar de un plan específico ante las lluvias previstas, a diferencia de lo que sí ocurre en otras zonas como Alcolea, Majaneque o el entorno del Aeropuerto. Caballero recuerda que el otoño pasado, la borrasca Claudia ya dejó viviendas inundadas, rescates de personas y daños cuantiosos, y advierte de que el riesgo persiste, especialmente por el desbordamiento de los arroyos que atraviesan el entorno rural de Villarrubia. “En las anteriores lluvias ya entró el agua en las calles, y si ahora llueve más fuerte puede volver a pasar lo mismo”, señala.
El presidente del distrito apunta además a cambios estructurales en el territorio como factores que agravan el problema: la transformación de cultivos tradicionales en almendros y olivares, que reduce la capacidad de absorción del suelo, y la falta de mantenimiento de los cauces. “La tierra ya no está arada, el agua corre por encima, los arroyos no se limpian y en muchos casos ni siquiera se respetan sus cauces. Es un cóctel nuevo”, alerta.
La situación recuerda en parte a las grandes inundaciones de 2010, aunque entonces el principal problema fue el desbordamiento del río tras el llenado de las presas. Ahora, insiste, el foco está en los arroyos y en una realidad territorial que ha cambiado sin que se haya adaptado la gestión del riesgo. Desde el Consejo de Distrito ya han trasladado estas preocupaciones a la Gerencia de Urbanismo y al área de Infraestructuras del Ayuntamiento, con la vista puesta también en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG).
El Higuerón: la pelota que se pasa de una administración a otra
En El Higuerón, donde viven unas 14.000 personas si se cuentan todos los núcleos parcelistas y urbanos, el diagnóstico no es muy diferente en ciertas cuestiones, aunque allí sí que hay prevista esta tarde a las 19:00 una reunión de la Policía Local y Protección Civil con el Consejo de Distrito y los residentes. Aunque esto aporta un plus de tranquilidad, su presidente, Carlos Valverde, no puede precisar si alguno de los vecinos ha comenzado a sacar cosas por precaución, ya que, en el recuerdo de muchos está la gran riada de 2010 que afectó especialmente a la zona del Aeropuerto.
En este ámbito, Valverde habla abiertamente de “abandono” y de una falta de actuación en los arroyos que se prolonga desde hace décadas. “Llevamos treinta años hablando de la limpieza de los arroyos y seguimos igual. Las administraciones -Ayuntamiento y CHG, principalmente- se echan la pelota unas a otras. Al final, no actúan”, lamenta. Valverde señala que el desbordamiento de arroyos como el Masonero o el de Majaneque -donde la semana pasada ya hubo anegaciones asociadas a Kristin- tiene mucho que ver con el mal estado de los cauces, colmatados de vegetación y sin un mantenimiento adecuado.
Así, subraya que el problema principal sigue siendo la falta de limpieza y de una solución estructural. “Esto ya pasaba en 2010 y vuelve a pasar ahora”, resume con un cierto resquemor, recordando, a su vez, que él era apenas un niño cuando el Guadalquivir se metió en muchas de las casas de la zona cercana al Aeropuerto.
Alcolea se mueve
La semana pasada, el agua también inundó varias zonas de Alcolea, con unos 7.000 habitantes censados, que son más si se cuentan varias de las urbanizaciones Los Ángeles, El Sol, Los Encinares, Los Amigos, Valenzoneja y el Montón de la Tierra. Allí, la situación no es muy distinta, con la inquietud mandando en las casas. En esta barriada, al igual que en El Higuerón, el Ayuntamiento sí ha convocado para esta tarde reuniones informativas con vecinos y responsables de los consejos de distrito.
Su presidente, Francisco José Soldado, explica que este martes por la tarde está prevista una reunión para trasladar el plan municipal a los residentes de las zonas más expuestas, como Las Cigüeñas, Ribera Baja y otras áreas próximas al río. “La preocupación es grande. El miedo lo llevamos todos en el cuerpo”, reconoce.
Soldado sí que conoce a vecinos ya han comenzado a adelantarse a posibles desbordamientos tras la experiencia reciente. “Hay gente que ya está haciendo movimientos, sacando cosas o planteándose irse unos días, porque la semana pasada ya lo pasó mal”, explica Soldado.
Entre los factores que complican la situación menciona la cercanía de huertos y cultivos al cauce del río, así como el aumento del nivel tanto del río como de los arroyos en episodios de lluvia intensa. Aunque se han realizado algunas tareas de limpieza, considera que resultan insuficientes ante la magnitud del problema.
Mientras se esperan nuevas lluvias en las próximas horas, el sentir común entre los vecinos es de expectación y nerviosismo, con la sensación de que los problemas se repiten sin una solución definitiva. “Estamos preocupados y esperando que no sea tanto como dicen”, resume Juan Miguel Caballero. Una frase que, estos días, podría suscribir buena parte de quienes viven junto a los ríos y arroyos del término municipal.
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