Jovial Russell

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El guitarrista vuelve a conquistar a un público experto

Es para David Russell el Festival de la Guitarra de Córdoba un evento especial. Lo demuestra no sólo con su constante calidad en la interpretación, a la que tiene acostumbrados a todos los conocedores de su carrera, sino por su carácter abierto y jovial con el público, en gran parte especializado, que aquí le es siempre fiel. Por eso es tan consecuente que un guitarrista clásico de su altura llenara anoche por completo el Teatro Góngora.

Lo que prima es la Música, así que antes de dedicarle unas palabras a su público, el maestro dejó que su guitarra realizara la introducción interpretando a Sor, Fantasía III. Una obra clásica tocada con un gusto exquisito y fiel al autor: expresivo sin excesos, humilde en el virtuosismo. Tras un sonoro aplauso, Russell explicó la astucia de Sor al componer la obra requiriendo la sexta cuerda en Fa.

La sonata de Vivaldi que vino a continuación se trataba de una obra transcrita por el escocés del original para cello. Según sus propias palabras, fue la bella melodía del tercer movimiento lo que le inspiró este formidable trabajo. Al acabar, el público ya estaba totalmente entregado al misticismo de su genio.

En el tramo final de la primera parte, el maestro interpretó tres pequeñas piezas de Sorroche: una serenata, una romanza y una obra titulada Jubilosa Plenitud, dedicada por el autor al propio Russell. Las dos primeras lentas y muy líricas, de bellas melodías; la tercera más intensa y exigente. Al descanso se llegó tras fuertes aplausos de un público deseoso por seguir escuchando al magnífico guitarrista.

La segunda parte comenzó de nuevo con una transcripción de una obra de Bach (Partita I – BWV 1002). El original esta vez es para violín. La muestra de su madurez, entendida como plenitud interpretativa, fue tan estremecedora que arrancó los bravos del público y una intensidad de aplausos verdaderamente correspondiente con la virtud en sus escalas y acordes. Si los expertos en la sala conocían la dificultad de la obra intepretada, las manos de Russell recorrían el instrumento con tal gracia que pareciera que quisieran demostrar lo contrario: la guitarra tocada sola.

Para acabar, Russell nos habló de Morel antes de tocar su Sonatina. Compuesta por tres movimientos: rápido y precioso el primero; melancólico el segundo; movido y exigente el tercero. Lo más clásico escrito por su autor hasta la fecha. Brillante y complejo.

El júbilo mostrado por los asistentes que aplaudieron en pie durante muchísimos minutos consiguió arrancar tres bises de este fenomenal músico, reconociendo éste en sus últimas palabras el esfuerzo realizado por la ciudad al mantener este festival. Así, se enfundó la camiseta del evento sobre su camisa negra para tocar el último de sus obsequios sonoros.

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