El gerente de Aucorsa insiste en que no hay motivos para la huelga

El gerente de Aucorsa, en una imagen de archivo | MADERO CUBERO

La última huelga realmente seria de Aucorsa tuvo lugar en 1984 y se convocó ante la amenaza de despidos de trabajadores. Más de 30 años después, la posibilidad de una huelga real vuelve a amenazar el futuro de la empresa pública de transportes de Córdoba el 14 y el 15 de diciembre. Pero su gerente, Juan Antonio Cebrián, considera que no hay motivos. “Con menos deuda y una mejor flota, la empresa está en mucho mejores condiciones que hace solo unos años y la situación es, desde luego, mucho mejor que la que había en el 84”, sostiene el responsable de la empresa.

El fondo de la convocatoria es el nuevo convenio colectivo, cuya negociación lleva un año en marcha. Cebrián se ha despachado ante los medios después de mantenerse durante 12 meses en un segundo plano. “Yo he preferido usar los canales de comunicación con los trabajadores en las mesas de negociación, pero llega un momento en el que uno ya no aguanta más”, sostiene el gerente en referencia a lo que considera ataques públicos de los representantes de los trabajadores.

Cebrián ha tirado de datos para tratar de desmontar las denuncias de los empleados sobre turnos excesivos. “La media real de los turnos de los conductores es de siete horas y media, lo cual entra dentro de la horquilla marcada de entre seis horas y media y ocho horas y cincuenta y cinco minutos que establece el convenio”, insiste.

El gerente tampoco ve como un chantaje o una medida de fuerza el garantizar un plus salarial del 1% siempre y cuando los trabajadores se comprometan a realizar los turnos extraordinarios durante la Feria de Córdoba. En la pasada edición, el servicio se vio muy menguado porque los trabajadores lo consideraron un abuso. Para Cebrián no existe tal abuso si a ese incremento salarial se suma el 2% de subida de nóminas que se plantea de manera general dentro del nuevo convenio.

Por último, el gerente ha criticado la forma de negociar planteada por los trabajadores. En concreto, el hecho de que, según él, los representantes sindicales defienden criterios distintos según quiénes son sus interlocutores: los de la mesa de negociación, los medios de comunicación o las asambleas de trabajadores donde rendían cuentas.

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