Diario del confinamiento: Ya

Plato de salmorejo cordobés con jamón y huevo.

“Ya” es un adverbio. Un adverbio de tiempo real. Una de las palabras más chiquitas del Diccionario de la Real Academia Española, el DRAE.

Ya he acabado el Diario del Confinamiento. El Diario de lo que le ha pasado a un Hombre Común. No es casual que esto último esté escrito con las primeras en mayúsculas, quería así recordar a la “Fanfarria sobre un Hombre Común”, una composición de Aron Coppeland que la Orquesta de Córdoba siempre tenía en su repertorio cuando la dirigía Leo Brower.

Y, claro, pensé en “lo público”, en lo común.

El diario cuenta las tribulaciones de un tipo normal que hace lo que le digan que tiene que hacer. No es epidemiólogo ni celador ni cajero de supermercado, ni conductor de Glovo ni de camioneta, ni desinfectador.

Es un tipo corriente y cumplidor que ha salido poco de casa, que ha hecho vídeollamadas, que procuraba que no faltara la cerveza en el frigo y una telera y unos tomates.

Que escuchaba la radio y veía la tele y unas cosas le recordaban a otras, de algo que estudió o que leyó o que alguien le dijo.

Y vivía en pareja y se reía con ella y se cuestionaba qué era lo normal y un día, limpiando la estantería, se encontró con una edición de “La Realidad y el Deseo” de Cernuda y lloró un poco y otro día limpió los muebles de cocina y eso era un mundo nuevo.

Por cierto, un día se le olvidó la mascarilla y volvió a casa a por ella. Las cosas que le pueden pasar a un hombre común.

E hizo un salmorejo porque era primavera en todos los cielos y su casa era también un cielo. Y ya.

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