Diario del Confinamiento | Pop

Miley Cyrus.

En estos días escuchamos que el exministro del Interior del Gobierno de España, Jorge Fernández Díaz, habló con el Papa emérito Benedicto 16. Normal, sería una conversación diplomática de estado a estado.

Según el propio Fernández Díaz, que lo ha dicho en esto tan de estos días de una videoconferencia múltiple, la conversación tuvo gran enjundia. Al parecer, el diablo vestido con una barretina catalana –no vestido de Prada, como el Papa, por cierto- tenía intención de cargarse España.

Benedicto le dijo al entonces ministro del Interior que, con un poco de esfuerzo, templanza y rezándole a la Virgen, esto podría pararse en seco. No hablaron de ninguna amenaza china ni de ninguna vacuna en concreto, hablaron del demonio, de sus pompas y de la Virgen del Amor.

Y así llegó una pandemia y se dejó de hablar de Cataluña y del demonio, creo.

Mientras, el presidente Sánchez conversa de madrugada a través de Twitter con Miley Cyrus de líder a líder o de influencer a influencer y convergen en salvar el mundo juntos.

La exuberante mariposa Miley Cyrus tuvo un pasado de gusanita inocente de Disney cuando se llamaba Hannah Montana y Benedicto dieciséis sirvió como el disciplinado chavalito Ratzi en las juventudes hitlerianas manejando una ametralladora antiaérea (por si el demonio llegara volando, supongo). El exministro parece que aún no ha pasado de la fase de crisálida, también llamada capullo. En fin, la metamorfosis se llama, lo aprendimos en el cole. Y el presidente del gobierno Sánchez se esfuerza en mantener un diálogo constante con gente de verdadera importancia ya sean epidemiólogos, grandes empresarios o estrellas que bailan en el intermedio de la Super Bowl.

No sé a ustedes, pero a mí me parece que este tiempo tan rarito que estamos viviendo empieza a tener una banda sonora como muy de pop psicodélico. Que cuando es bueno, no está mal, pero al cabo del rato, jarta.

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