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Diario del Confinamiento. El miedo

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Redacción Cordópolis

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Estoy en el pico de afectación de mi anual proceso de rinitis alérgica. Esta noche he dormido mal, con la nariz atascada y boquiabierto. Me he levantado con la boca reseca, los ojos inyectados y sinusitis.

Estornudo. Ahora resulta que soy un hombre que da susto, yo, que me consideraba un cacho de pan. Lo he comprobado esta mañana en tres sitios del barrio con el mismo resultado: la gente me mira con recelo, intenta alejarse de mí más allá de la recomendación de distancia social, menean la cabeza al verme y parecen murmurar algo, algún reproche.

He tenido que salir un ratito con mi mascarilla reglamentaria y mi bote de hidrogel. No ha sido suficiente.

He guardado turno a las puertas de cada establecimiento, son tiendas pequeñas, pero llevo toda la mañana estornudando.

He heredado de mi madre tanto la alergia primaveral como la incapacidad para reprimir los estornudos. Mi madre era capaz de colapsar un sismógrafo con sus estornudos, yo también: son sonoros

nos agitan el pescuezo y parecen los últimos y violentos estertores de un ser aparentemente vivo y sano.

He detectado en la gente que aguardaba cerca mía a las puertas de los establecimientos una mirada de rechazo que yo he intentado devolver bajando los párpados e intentado poner ojos de cachorrillo apaleado. Sin éxito.

Los primeros efectos del antihistamínico que me he zampado es el de una somnolencia cercana al delirio lento y amodorrado. Me he imaginado con cara de chino, la cabeza rapada y una camiseta de tirantes que deja ver mis brazos tatuados con extraños ideogramas y dragones eructando. La gente se abría como las aguas del Mar Rojo a mi paso y me colaba en la cola de la tienda.

No soy malo. Sé que ustedes están muy recelosos y con un montón de moscas detrás de las orejas, lo entiendo; pero sólo soy un tipo al que le dan ataques de estornudos un par de días al año. Con o sin pandemia; esto es una casualidad.

Ya estoy legalmente drogado y encerrado en casa. A salvo de la gente y ella de mí.

Si es posible, no estornuden en público en estos días. Habrá malentendidos, no habrá tiempo de dar explicaciones. Se puede despertar la jauría humana.

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