Cordobeses en Cataluña: entre 'el procés' y la pared

De izquierda a derecha, Toni Blanco, Adolfo Carrillo, Juan salas y Javier Jurado Merelo.

A menos de 24 horas del día fijado por la Generalitat para proceder al referéndum de independencia de Cataluña prohibido por el Tribunal Constitucional, la tensión política hace ya tiempo que se trasladó a la sociedad catalana. Una amalgama compuesta no solo por los nacidos allí sino por centenares de miles de personas de toda España y medio mundo. Y también hay cordobeses, claro.

En tres rincones distintos del mapa encontramos a otros tantos cordobeses que nos explican cómo están viviendo estos días. Algunos llevan poco más de un año. Otros ya van a cumplir una década en aquellas tierras. Todos hablan con una mezcla de estupefacción, tristeza, pena y enfado. Y ninguno se corta a la hora de señalar con el dedo acusador a un lado y al otro de la supuesta frontera que los independentistas quieren levantar. De esta forma, tanto el Gobierno como el Govern se llevan lo suyo en forma de críticas claras y concisas.

Miedo. Preocupación. Hartazgo. Son ideas que, sin haberse puesto de acuerdo, van a traslucir una y otra vez estos tres cordobeses en Cataluña. Y también en el caso de un catalán, hijo de andaluces, que hace 12 años decidió tomar el camino contrario y asentarse en Córdoba. Un catalán que ve con la distancia cómo su madre andaluza y sus hijos -catalanes cómo él- se encuentran en mitad de una vorágine política y social que nunca hubiesen esperado y que no saben cómo terminará.

Adolfo Carrillo. Miembro del mítico grupo Deneuve. Lleva algo más de un año y medio viviendo en Cataluña, concretamente en Santa María de Palautordera (Vallés Oriental). Trabaja como funcionario de Justicia interino.

¿Qué opinión tienes de la situación?

El camino emprendido por el Govern y sus socios me parece inaceptable, por totalitario, antidemocrático e ilegal. En el mejor de los casos, creo que provocará una fractura social interna que necesitará muchísimo tiempo para curarse, terminando, además, por ampliar el ya enorme abismo de mutua incomprensión existente entre Cataluña y el resto de España. No deja de ser un movimiento insolidario y elitista. Sólo hay que darse cuenta de un detalle: Cuanto más pudiente es un edificio, mayor número de esteladas. Sin embargo, y sin caer en la equidistancia (el principal responsable de este desvarío es el Govern) no puede olvidarse la actitud miserable del PP en relación al malogrado Estatut, ni la nula voluntad de apagar este incendio por parte del Gobierno del Estado con su gestión, como mínimo, poco inteligente de las medidas coercitivas a su alcance, ni la irresponsable ambigüedad de Podemos y su entorno, ni la languidez política del PSOE. Lamentablemente, pocos sujetos han estado a la altura de las circunstancias. A partir del día 2 todos tendrán que tragar saliva y sentarse en una mesa o esto acabará fatal, aunque mis esperanzas en una solución no traumática de este conflicto son escasas; y de encontrarse apuesto a que quienes lo pagaremos seremos los territorios más desfavorecidos.

¿Cómo lo vives personalmente?

Mi hartazgo tiene una explicación subliminal. Es esa gota china de esteladas en los balcones, de cartelería independentista en la calle, de la TV3 de fondo en la cafetería, de dudas en cuanto a cual será el posicionamiento de personas que aprecias pero de la que, por si acaso, no quieres conocer su opinión... Esa suma de cosas que forman parte de tu día a día y que acaban por provocarte una terrible tristeza. Hoy, precisamente iba por la calle y pensaba “ojala fuera ya el día 2”, pero después me dije, “quizás lo peor esté por venir”. ¿La verdad? Tengo muchas ganas de volver a casa.

Javier Jurado Merelo. Lleva seis años en Barcelona. Responsable de atención al cliente en una gran empresa de artes gráficas y madridista acérrimo, es un enamorado de Barcelona, sus gentes y su dinamismo económico y cultural.

¿Qué opinión tienes de la situación?

Mi opinión es que la gente aquí está harta de la misma discusión que, por supuesto, también se magnífica en los medios tanto de dentro de Cataluña como de fuera. La incompetencia de un gobierno y la demagogia del otro han hecho que nos veamos en esta situación, situación en la que estoy seguro no estaríamos si en su momento nuestro presidente Mariano Rajoy hubiera dado una respuesta política algo más acertada que la de “no hablemos de dinero ahora que estamos en crisis” cuando tuvo la oportunidad de abordar el tema fiscal con Artur Mas.

Mi opinión es que si no quieres crear alarma social en esta tierra no tienes que intentar meter a gente en la cárcel, aun siendo justo y de justicia.

Mi opinión es que si de verdad se quiere ir “por las bravas” se ha de ser bastante más inteligente y atacar el patrimonio de cada uno de ellos. La gente no sale a la calle porque al señor Carles Puigdemont le embarguen alguno de sus pisos, pero es más que posible que si lo hagan si lo condenas a prisión convirtiéndolo en mártir para la causa in sæcula sæculorum.

Mi opinión es que algunas de esas personas que no le daban mayor importancia al hecho de considerarse más catalanes que españoles están peligrosamente cada vez más cerca de los radicales, como consecuencia de los acontecimientos del último mes.

Mi opinión es que, en el mundo global en el que vivimos, la independencia de Cataluña no tiene ningún sentido. Aun así, tampoco se puede intentar hacer desaparecer un sentimiento que no se acabará por la fuerza. Hay que intentar entenderlo y darle cabida en quizás, otro modelo político que sea consensuado por todos.

¿Cómo la vives personalmente?

Con tristeza ya que Barcelona me ha acogido de forma espectacular desde hace seis años. Tengo amigos entre los militantes en Esquerra, y los votantes acérrimos de Ciudadanos. Todos son unas maravillosas personas y no excluyen a nadie cuando hablan de política, ni de un lado ni de otro. Tengo compañeros de trabajo con los que no paramos de bromear de ese y de otros muchos temas, y sobre todo tengo a la mujer con la que quiero compartir mi vida y que se siente orgullosa de ser catalana y española al mismo tiempo.

Ellos son catalanes y no me gusta escuchar por parte de la gente de mi tierra (afortunadamente tampoco son todos) comentarios acerca de lo “traidores, egoístas e ilusos que son todos los catalanes”. Todos es una palabra que engloba a mucha gente y aquí no es el caso o, al menos, no lo era hasta hace un mes…

Aunque no lo comparta, están en su derecho de sentirse más catalanes que españoles ya que no es más que eso, un sentimiento. La mayoría de los que yo conozco aquí no se sienten así y la minoría que sí, saben que me tienen dispuesto para discutir del tema.

¿Iré a votar el domingo? Pues no, aunque me hubiera gustado encontrar alguna papeleta del NO y ver un minúsculo atisbo de imparcialidad en todo este circo. Imagino que la situación política seguirá igual, pero la olla a presión que todos ellos (los de dentro y los de fuera) han conseguido fabricar estará más próxima de explotar… En unos meses, en unos años, o cuando sea, y esto sucederá si realmente no intentamos buscar una solución entre todos.

Quiero terminar recordando una frase de Guy De Maupassant: “El patriotismo es una especie de religión, es el huevo en donde se empollan las guerras”.

Juan Salas. Lleva nueve años viviendo en Cataluña. Primero en una empresa con otros cordobeses asentados en Barcelona y ahora en el pueblo Llinás del Vallés, gobernado por Esquerra Republicana de Catalunya. Allí trabaja como comercial administrativo y percibe la tensión en el ambiente y culpa de ella directamente a los dos gobiernos: el español y el catalán.

¿Qué opinión tienes de a situación?

Mi opinión no es muy diferente a la de mucha gente en el país, e incluso, Cataluña. Por un lado, esta muestra de fuerza entre dos machos alfa que no quieren ceder ni dialogar resulta, cuanto menos, ridícula e impropia de dirigentes políticos.

El Gobierno central, como siempre, actuando detrás de parapetos (jueces, fiscales, cuerpos de seguridad, etc.) pero sin dar la cara (lo que crispa aún más al pueblo catalán). Y por otro lado, el gobierno de la Generalitat está dedicándose a esconder urnas y papeletas, a señalar y presionar a los no independentistas, a adoctrinar a los no convencidos, etc, en lugar de plantearse qué harán a partir del día 2. Porque ese día llegara el verdadero problema; ese día será cuando las opiniones enfrentadas tendrán que convivir de alguna manera.

Por otro lado, veo una división entre el pueblo catalán que tardará muchos años en cicatrizar. El aumento de independentistas ha crecido exponencialmente desde el 9N [anterior consulta independentista de 2014]. Con la actitud del gobierno central me temo que ese crecimiento irá en aumento, dado el escaso interés de ambas partes por sentarse a negociar diferentes posibilidades (que las hay).

Dado lo avanzado del asunto, es difícil que ceda ninguna de ellas, por lo que creo que habrá que esperar a que deje de gobernar un PP, obsoleto y corrupto, y que entre un nuevo partido en el gobierno, posiblemente socialista. Necesitamos un gobierno que venga con unas pocas ideas nuevas y sobre todo con ganas de, al menos, hablar sobre este problema. Pero en cualquier caso, nada de esto tendrá mucho sentido sin una necesaria reforma de una Constitución, que está anticuada y no está adaptada a las necesidades actuales.

¿Cómo lo vives personalmente?

Pues lo vivo con tristeza por todas las heridas que se están abriendo entre España y Cataluña, entre vecinos de toda la vida con diferentes visiones. Y lo vivo con incertidumbre porque no tengo ni idea de cómo se va a salir de este lío y qué consecuencias tendrá. El ambiente está bastante cargado y la gente está bastante irascible.

Reconozco que incluso me pongo limites al hablar y dar opiniones en según qué sitios y según con quién, pues hay bastante tensión. Vivo en un pueblo de unos 7.000 habitantes, gobernado por ERC, así que aquí la mayoría es independentista. Llevamos semanas con actividades y manifestaciones a favor del referéndum y carteles por doquier.

Pero hay opiniones ocultas en el pueblo que son diferentes. La prueba está en que han puesto paneles publicitarios por todo el pueblo con información y pósters sobre el SI al referéndum y a la independencia, que cada dia los actualizan y cada mañana aparecen arrancados. Posiblemente, los responsables de estas acciones sean minoría y por eso actúan al amparo de la noche. Por miedo, lo cual es normal.

Yo, como cordobés, no me siento identificado con la idea de ruptura total ni de independencia, pero considero justo preguntarles por qué se quieren ir. Me gustaría ver si podemos llegar a un acuerdo y convencerles de lo bueno que sería para todos que se quedaran. Pero nunca los obligaría.

En resumen, estoy a favor de los referéndums y del derecho a decidir en este o en otros asuntos de importancia. Aunque, desde mi punto de vista, lo que va a ocurrir el 1 de octubre ni es un referéndum ni conseguirá nada. Sólo servirá para dividir más al pueblo catalán entre sí y con los españoles. Y dividirá más al Gobierno central y al de Cataluña.

Toni Blanco hizo el camino al revés. Sus padres son de la La Roda de Andalucía y emigraron a Mataró, Barcelona, en 1953. Allí nació Blanco en 1955. Desde 2005 reside en Córdoba, donde encontró el amor y dos pasiones: la fotografía y el flamenco.

¿Como catalán en Córdoba que opinión tienes de la situación en Cataluña?

Aunque nacido en Cataluña, tengo la referencia global de las vivencias paternas en su trayectoria como inmigrantes. Ellas, unidas a las mías en los casi cincuenta años residiendo allí, me permiten tener mi incuestionable opinión. Pienso que los políticos centran su atención en cómo derrotar a sus rivales, con la seguridad de ser poseedores de su verdad como única y absoluta, además de aderezarla, consciente o inconscientemente, con un gradiente de ego que cuestiona enormemente su discurso.

Me preocupa escuchar esos discursos, psicológicamente bien estructurados, para provocar una reacción de rebeldía y de odio en personas que entran en el juego sin preocuparse en contrastar ni analizar el mensaje y a los mensajeros.

¿Como lo vives personalmente?

Personalmente vivo el presente con preocupación. Y aunque desde la distancia podría vivirla con más sosiego, la implicación emocional de tener a mis hijos y a mi madre residiendo allí, me lleva a vivir el problema con una ebullición de pensamientos, sentimientos y preocupación. Entre otras cosas, por no poder debatir la información y sus vivencias que impregnan su día a día cotidiano.

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