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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Flor del mundo

En torno a FLORA

Ana Fernández

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Recuerdo la mañana en que a mis ojos y oídos se reveló la semilla oriental de Flora. En el palacio de Orive, espacio municipal cercano a los jardines del mismo nombre, el señor Jianping Fu, ciudadano chino, delicado a la par que entusiasta emprendedor, presidente del grupo Zizai Hotels, además de intensamente enamorado de Córdoba y del paraíso floral de sus patios, anunciaba ante los medios de comunicación su propósito de instituir en la ciudad, contando -obviamente- con el respaldo, visto bueno, colaboración, participación, etc. de la sociedad civil y de las instituciones, un festival de arte floral que aspiraba a ser el mejor del mundo y a ser catalogado, para entendernos, como los premios Óscar de las flores.

En 2026 cumple su enésima edición. Vuelve a superarse en lo superable y a mantenerse en lo que funciona y es tan perfecto como los pétalos de una flor de jara, el violeta inimitable de los lirios, el cuero de una hoja de magnolio, la ingeniería constructiva del bambú o la secreta fragancia del musgo. El tema de este año es lo efímero, esa tensión que nos apega a la vida, esa fragilidad temporal que, liberada del vértigo, nutre la alquimia del instante eterno. La semilla arraigó en tierra buena sobre exquisitas manos creativas, gestoras, cooperadoras, sabias en la savia vegetal y la arquitectura del paisaje artístico de vanguardia.

La cultura de las flores y de las plantas transforma patios institucionales en espacios de botánica y creación contemporánea, sostenibilidad ambiental y arte sonoro, abiertos, cual corolas generosas, a Flora, la diosa encarnada que derrama dones, encuentros con las artes y transpiración de convivencia y tierna humanidad, como un espejo distinto, fortalecedor y otoñal de la Fiesta de los patios cordobeses, que posee el título UNESCO de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Adoro cuanto Flora representa: la audacia creativa, la fidelidad a la raíz local compatible con el ambicioso internacionalismo, el trabajo bien hecho, la inclusión de colectivos y del propio territorio, la diversidad de actividades, la nómina creciente que aporta al festival. Y para redondear los milhojas de dulcísimo néctar, Flora nos trae visiones humanistas sobre cómo ajardinar nuestra mente y serenar -imagino- nuestro espíritu; Flora mini, para la infancia que es feliz haciendo con las manos junto a otras personitas; y, entre otras cosas, junto a la imperdible Guerrilla floral, el pódcast en directo de mis preferidísimas Hijas de Felipe, siempre iluminando el barroco y las vidas conventuales femeninas desde una perspectiva que crea adicción.

Lo dicho. Predestinada a Flora siempre estuvo Córdoba: lo supe al contemplar su semilla y revelarse en la imaginación cómo la poesía y la flor van de la mano, y cómo en los territorios expandidos de la literatura las flores del Grupo Cántico atardecen en Sandua, perfuman los juncos del Guadalquivir ardiente y umbrío de los veranos y trazan el armónico e igualitario Corimbo de Ricardo Molina. El antiguo muchacho que sigue siendo Pablo, Pablo García Baena, contempla Viana o el Patio de los Naranjos y la flor y nata de una mística de la vida efímera anudada a la garganta deslizan algún verso inicial de arroyos claros o lagunas de quietud meditativa. 

La chavalería se arremolina en torno Flora. La diosa esparce sus dones. Y toda edad encuentra su rosa púrpura en desvelos hilvanada o la margarita por deshojar ante un destino o su reposo bajo las palmeras y la luna-hoz recolectora de sueños. 

Flora estaba escrita. Góngora, sí, era un visionario. Léase el “Soneto a Córdoba”, en su mármol junto a la Puerta del Puente, su final premonitorio, acaso vigente, auténtico, estos días, sobre el papel deseado y mejor de ser: “Oh, flor de España”. 

El flower power debe dar lo máximo de sí desde esta Córdoba para el mundo. Corduba, flos mundi.

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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