El riesgo

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Lo primero, una aclaración. Habéis sido muchos, muchísimos, los que me habéis escrito por privado contándome vuestra opinión sobre la trilogía que acabó la semana pasada. Muchos más los que me habéis parado por la calle, pidiendo que la continuara, pues había otros especímenes que me había dejado.

Es cierto, lo sé. Hay muchos otros que andan por ahí sueltos y que no hemos identificado, pero a ver, no puedo convertir el blog en un blog sociológico con tintes sobre conductas personales. Y eso que en la última semana, una vez más, viví una experiencia con un nuevo espécimen. Que ni voy a nombrar ni identificar, pues ya no merece ni la pena.

Así que, queridos amigos, hemos de continuar. Porque el mundo del empresario sigue cargado de vivencias y situaciones, que por mucho que pensemos que las tenemos identificadas y/o controladas, nunca es así.

Hace ya un par de meses, desde BUMM, venimos trabajando en un proyecto de internacional que nos tiene maravillados y absortos. Un proyecto que ha supuesto algo que muchas veces no nos paramos a asumir, pero que está ahí y siempre acompaña al empresario: el riesgo.

Un empresario que no arriesga no es empresario. Está en nuestro ADN el tener que asumir riesgos y retos, no hay más remedio. Si no asumimos riesgos, es muy difícil que progresemos, pues siempre, absolutamente siempre, tendremos a alguien al lado que si lo hará. Y si le sale bien, nos adelantará.

No estoy hablando de ambición. La ambición es buena, pero hay que saber medirla o nos puede conducir a un fracaso seguro. Estoy hablando de que desde el momento en el que decidimos ser empresarios, ya estamos asumiendo un riesgo (recuerda como hace meses hablábamos de ese paso tan importante que es hacerte empresario).

En esta vida, sin riesgo no hay ganancia. También es cierto, y esta frase me encanta, que "el cementerio está lleno de valientes", pero no te queda otra, eres empresario, hay que asumir riesgos.

Los riesgos pueden ser de muy diferente índole. Pueden ser riesgos a la hora de aliarnos con alguien, riesgo al contratar a un nuevo miembro del equipo, riesgo al aceptar un trabajo que puede ir en contra de la línea estratégica de la empresa, y así hasta un sinfín de posibilidades, que además se harán muy particulares según nuestra empresa y nosotros mismos. Pero hay que avanzar. Igual que nuestras empresas no están hoy igual que en el pasado (espero que estés ahora mucho mejor, por supuesto), no podemos pensar en que en un futuro estén como hoy, porque el futuro avanza de manera inexorable y nuestras empresas con él.

Así que, querido amigo, arriesga (con cabeza siempre, por supuesto), pero arriesga para crecer, buscando el mejorar. Y con suerte y buen hacer, no serás uno de esos valientes yacientes en el cementerio.

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4 de noviembre de 2019 - 20:32 h