¿Quién se lleva el gato al agua?

El agua es considerada por tradiciones ancestrales un líquido purificador de cuerpo y alma, y un símbolo de espiritualidad. Quizá eso se deba a que retrotrae al ser humano al origen de su ser, el útero materno, donde pasó nueve meses muy a gustito sumergido en el líquido amniótico. Pues..., a juzgar por cómo algunas criaturas afrontan la hora del baño, parece que la vida intrauterina no es igual de placentera para todas. Las hay que parece que hubieran vivido su gestación en una lavadora en la fase de centrifugado, ya que pierden su aspecto grácil y entrañable una vez que son tocadas por el agua jabonosa, y, al igual que los Gremlins, se convierten en seres malhumorados, con facciones desencajadas por el llanto.

¿Conocen esas publicaciones para padres y madres, pero que realmente son sólo para madres?. Si, son esas revistas que se presentan como imprescindibles para facilitar la maravillosa experiencia de la maternidad, pero que realmente son publicaciones de ciencia ficción, que tienden a dar consejos fantasiosos sobre niños y niñas irreales. Pues bien, según esas publicaciones, que yo también utilicé porque les recuerdo que antes que mu´ mala yo quería ser la mejor madre del mundo,  respecto al baño te comentan: que es lo que más relaja a los bebés, que es ideal hacerlo justo antes de la cena para que así después de comer caiga redondo en la camita (muy buena hora. Justo cuando tú ya estas agotada y harta de estar todo el día bregando con el vástago, toca movida circense en el cuarto de baño, con espectáculo acuático incluido), acompañar el baño de música (clásica por supuesto, que a la vez los hace más inteligentes), acariciar la piel del bebe con la suave esponja, dar un pequeño masaje en la cabecita con el champú, después de un buen rato en el agua secarlo con sumo cuidado acariciándolo en todo momento, dar un masaje por todo el cuerpecito con la cremita hidratante y luego vestirlo con la ropita fresca y perfumada...Hasta yo estoy ya más relajada sólo de imaginarlo pero...

JA, JA, JA, ¿Qué le echa esta gente al agua del baño: tila o marihuana?, porque estos consejos me habría encantado seguirlos si mi churumbel hubiera estado momificado o sedado, porque de otra manera imposible. Eso de bañar a un recién nacido es más difícil de lo que parece, sobre todo si patalea y llora incesantemente porque se crea un clima de nerviosismo y tensión difícil de sobrellevar. Como no ves muy claro que puedas lograr con éxito este cuidado sin acabar en urgencias, haces un uso abusivo de toallitas húmedas y lo retrasas una semana, total en el hospital lo bañaron al nacer y le quitaron lo más gordo... Qué no es por miedo ni por pereza, es simplemente por cuidar el ph de su piel. Cuando, por fin, intentas introducir al neonato en la bañera, este, como hiciera un gato, estira fuertemente sus cuatro extremidades y no hay manera de vencer la fuerza de esos tres kilos de peso. Está claro que una persona sola, así con las facultades para la maternidad limitadas (mi caso), no va a ser suficiente, de modo que hasta la presente (18 meses)  el baño es una tarea a desarrollar por el padre y la madre conjuntamente.

Al principio, cuando la criatura es un bebé patalea en el agua y te pone pingandito, a la vez que llora con todas sus ganas. Tú debido a los gritos y lloros desorbitados estás a punto de sufrir un "infarto de oído" (esta expresión se la escuché ayer a una niña en el parque y yo creo que debe ser lo que ocurre cuando tímpano y corazón estallán a la vez tras no soportar un llanto muy agudo). Como el clima no es muy relax y has quitado la música clásica, no le vaya a caer agua al cd y la liemos, el baño más bien se convierte en un remojón, sumerges al niño le das como puedes con la esponja unos toquecitos y el pelo…, ¿el pelo?, ese pelo es pelusilla y se le va a caer, ya lavaremos la cabeza cuando le salga el auténtico. Hay que sacarlo del agua. Sigue llorando a pleno pulmón. Va a ser que hoy tampoco vamos a poder disfrutar del masajito con la hidratante. Parece que el pequeño gremlin no te perdona lo del agua y te quiere lejos de su cuerpo. Le vas lanzando la crema desde una distancia prudencial para que no te arañe (porque claro lo de cortarse las uñas tampoco lo lleva muy bien y menos mal que las de los pies no se notan con los calcetines. Ya veremos lo que me encuentro ahí abajo cuando llegue el veranito). Ya sólo falta vestirlo. Una vez que te has aprendido qué prenda sirve para qué, descubres que el diseño de ropa infantil debe estar dirigido por gente que no cambia a muchos bebés, porque son prendas imposibles, con corchetes hasta en la planta de los pies. Vestir a la criatura, para aquellas personas que no hayan tenido el placer, es una experiencia similar a la de vestir a un muñeco pero sobre un toro mecánico. No hay manera: cuando metes una manga se quita la otra, cuando metes una pernera se saca la otra, cuando vas a cerrar el último corchete te das cuenta de que te falta la pareja, ¡oh, no¡, te has saltado uno, a volver a empezar…Una que se ha pasado media infancia vistiendo barbies y nenucos no se imaginaba que pudiera quemar más calorías en esta tarea que en una hora de pilates, por no hablar de cuando la criatura ya anda/corre, que en ese momento la vestimenta se la colocas persiguiéndolo por el pasillo.

En cambio, no deja de sorprenderte que a la criatura le encante la piscina, la playa, ponerse chorreando en todas las fuentes y meterse en todos los charcos hasta las rodillas. Por lo tanto hidrófobo, hidrófobo no es que sea el niño, sino más bien puñeterillo, ¿no? (grrrrrrrr).

Curiosamente tanta adversión al baño se pasa con el tiempo, quizá cuando la criatura ya te va conociendo y confía en que no vas a ahogarla en la bañera. Llega un momento en el que aunque llora antes de entrar al agua, ya más bien como una especie de ritual para poner a prueba tu sistema nervioso, luego lo pasa fenomenal jugueteando, y te deja incluso enjabonarla, aunque lo de lavar el pelo creo que no lo llevará bien hasta la adolescencia. Es muy divertido verlos juguetear con su patito, sus vasitos, que llene y vacíe una y otra vez, y otra vez, y otra vez,...el mismo vasito de agua y que de repente en pleno invierno te lance uno a la cara…encantador… El buen rollo cesará cuando lo intentes sacar, momento del berrinche que de nuevo abortará la experiencia del masajito. En fin, que relajante, relajante, el baño no es que sea.¿Cómo se va a dormir después de tener las pulsaciones a mil por minuto?, si hasta a tí te cuesta conciliar el sueño. Cuando acabas de bañarlo estás taquicárdica, sudorosa, despeinada e incluso mojada. Pareces una concursante de Humor Amarillo. Y el cuarto de baño queda hecho un desastre: ropa por los suelos, agua por todas partes,…Menos mal que en el invierno con bañarse en días alternos es suficiente, por el frío, claro…no por comodidad de una, se entiende, ¿no?.

En fin..., lo que yo daría por un baño calentito, con espuma y sales aromáticas, y música clásica, y masajito después. ¡La criatura se lo pierde¡. Y yo también...

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2 de abril de 2014 - 02:59 h