Regreso al futuro

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A mediados de marzo, el Planeta entero se ha subido en una especie de DeLorean que le ha llevado a dentro de cinco años. Todo lo que nos contaban que iba a pasar en el futuro ocurrió en semanas. Que si el final de las tiendas físicas, que si se puede vivir sin dinero en efectivo, que si el teletrabajo, que si la brutal desigualdad entre quién controla la tecnología y quién no la maneja.

El coronavirus ha sido esa especie de DeLorean que nos ha llevado al futuro próximo, al que se empezaba a intuir. Y que no iba a ser mejor, como ya sabíamos.

Este regreso al futuro nos va a dejar menos tiendas, menos comercios, menos lugares de proximidad y hasta menos cercanía, en tiempos en los que es recomendable la distancia social. Solo hay que darse una vuelta por la ciudad para ver la cantidad de locales que no van a volver a abrir. La calle Cruz Conde es hoy una sucesión de carteles de se alquila, por poner un ejemplo. Amancio Ortega ya ha anunciado que cerrará mil de sus tiendas, con Inditex en números rojos por primera vez en su historia. Y no cierra porque sepa que le va a ir mal el negocio en el futuro, al contrario, clausura tiendas porque entiende que en este futuro que se nos ha echado encima iremos menos a probarnos ropa. Compraremos más por internet, está claro.

En este regreso al futuro hemos visto también como la ciudad se ha inundado de repartidores, auténtico nicho de empleo (y subempleo). Cómo las tiendas que peor han gestionado la venta on line son las que más clientes están perdiendo. Y como aquellas que partían con ventaja pues van a salir mucho mejor paradas.

También este regreso al futuro nos está dejando una extraña ciudad. El casco histórico está vacío. Apenas quedan vecinos en la Judería, después de haber sido expulsados por el turismo masivo. Pasear de noche por sus calles sigue siendo como durante el confinamiento. La Mezquita, por ejemplo, ha pasado de tener 40.000 visitas al día a menos de 1.000.

Sabíamos que el turismo no era el futuro, aunque lo cultivamos. Tampoco podemos abandonarlo de la noche a la mañana, y mucho menos sin tener un plan, que no lo tenemos.

Este regreso al futuro nos ha llevado precisamente a donde algunos economistas locales vaticinaban: a una ciudad que no ha apostado por industrias que generen valor añadido, que ha dilapidado las plusvalías del turismo y hasta del ladrillo, y que hoy no sabe muy bien dónde va a buscar esos miles empleos perdidos que ya nunca volverán.

Y es que si algo tenemos claro de este regreso al futuro es que gran parte del trabajo que se ha perdido no se va a recuperar. La robotización de la economía, la desaparición de las tiendas físicas y la digitalización de las empresas lo que sabíamos que iban a provocar era eso: una pérdida masiva de puestos de trabajo.

Bienvenidos al futuro que siempre fue un poco del presente, pero que ha venido para quedarse. Háganse a la idea de que van a vivir en una ciudad con miles de parados durante mucho tiempo.

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Publicado el
20 de junio de 2020 - 22:43 h
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