Yo también pude estudiar gracias a una beca

Seguramente, si el sistema de becas que quiere implantar el ministro de Educación, José Ignacio Wert, hubiese existido a mediados y finales de los 90, este que escribe esta columna probablemente no sería periodista.

Yo pude estudiar gracias a una beca, concedida por el Ministerio de Educación. Recuerdo que la ayuda económica (tampoco era para tirar cohetes, unos 3.000 euros al año) llegaba con un año de retraso, pero llegaba. Había que hacer malabares para no agotar esos 3.000 euros al año entre pagar nueve meses del alquiler de un piso compartido, los libros, las fotocopias, el transporte del pueblo a Córdoba y de Córdoba a Sevilla y la escasa comida que compraba (vivía de los congelados de mi madre). Después de todos esos gastos, aún me quedaba algo para tabaco y para tomarme un café.

Insisto, pude estudiar gracias a una beca. No siempre fui buen estudiante. De hecho, todos los años suspendí una o varias asignaturas, que intentaba recuperar en septiembre. Aunque, curso a curso, arrastraba asignaturas de otros años. Con la reforma del ministro Wert ya saben que eso es causa inmediata de perder la beca. Periodismo es una carrera fácil que, de haberme esforzado un poco más, podría haber aprobado año a año. Sin embargo, perdía el tiempo cada verano, cada Semana Santa, cada Navidad y casi cada fin de semana trabajando. Sí, a partir del primer verano comencé a trabajar en Diario Córdoba. Eso, sin duda, hizo que no pudiera estudiar lo suficiente. Y no lo digo con pesar: me enorgullezco, mucho, de haberlo hecho. Otro día les contaré que pienso que el periodismo no debe ser una carrera universitaria porque se trata de un oficio que se aprende, como yo hice, trabajando. Pero eso no es lo que les quiero contar hoy.

Lo que les quiero contar es que con la actual reforma del ministro Wert habría tenido que elegir entre aprobar año a año y no perder la beca para poder seguir estudiando o, por el contrario, aprender el oficio de periodista. Si hubiera tenido que hacer lo segundo, evidentemente con el poco dinero que ganaba no habría podido costearme vivir en Sevilla. Eso me habría obligado, seguramente, a abandonar la carrera para siempre. Y a dejar, también, mi vida en Sevilla, a mis amigos, a mi libertad, a mi acceso a una ciudad en la que por fin podía ver el cine que quisiera, escuchar en directo la música que quisiera, asistir a exposiciones, ir al teatro y hasta ver fútbol de Primera División (eso sí, en el último cuarto de hora de la segunda parte, que es cuando dejaban entrar gratis).

Seguramente, con la reforma del sistema de becas del ministro Wert hoy yo no sería el yo que ustedes leen ahora mismo.

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25 de junio de 2013 - 04:57 h
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