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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Escombros

Escombros vallados en la calle Montero, este mismo viernes en plena fiesta de los Patios de Córdoba.

Alfonso Alba

9 de mayo de 2026 20:21 h

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La culpa fue de Claudia, dirán. La borrasca del pasado 15 de noviembre dejó un reguero de incidencias en Córdoba. Se cayeron árboles, carteles, semáforos. Se inundaron algunas calles. Y hasta se derrumbaron viviendas. En la calle Montero, en pleno casco histórico de Córdoba, los turistas que acuden a visitar los muchos patios de la zona, tienen que esquivar unas vallas de la Policía Local y los bomberos, bajarse de la acera, esperar a que pasen los coches y continuar con su camino.

Ya en mayo, los escombros de la casa que derrumbó Claudia siguen esparcidos por la calle. En todos estos meses, a los cascotes se han sumado restos de basura, orgánica, botellas vacías, bolsas y material diverso. Y hasta han crecido unos hermosos jaramagos en su corazón. La tierra de los escombros debe ser rica en nutrientes. Los pájaros habrán llevado las semillas hasta allí mientras rebuscaban en la basura. Y la naturaleza ha cumplido con su cometido.

La casa no se cayó entera. Solo una parte importante del tejado. La mayoría de la fachada aún aguanta en pie. Supongo que a la espera de una nueva borrasca. Entonces, se volverá a caer otro pedazo o la casa entera. Solo espero que cuando eso ocurra no haya nadie cerca, como no lo hubo el 15 de noviembre. Pero eso es un poco como jugar a la lotería. La calle Montero es muy concurrida. Es un paso habitual para colegios, centros de mayores, casas, bares, residencias y, ah, se me olvidaba lo más importancia, hacia apartamentos turísticos. Ojalá el más que previsible derrumbe no afecte a ningún turista, el verdadero motor económico de esta ciudad, para el que nos desvivimos.

A veces se me va un rato mirando los escombros y pensando en que pueden ser una metáfora de la desidia de los tiempos actuales. La de la administración, que sabe que allí hay restos de una casa todavía esparcidos por el suelo. Y la de los vecinos. No conozco a nadie que haya protestado o enviado un escrito a nadie (a lo mejor ha pasado y no me he enterado, pido perdón por anticipado). Pero ahí siguen los escombros y las vallas de los bomberos y la Policía Local, que supongo que las echarán de menos en algún inventario. Y que lo mismo les harán falta en algún momento para perimetrar otra cosa.

También pienso si se trata de batir un récord. Quizás el mundial sobre el tiempo que pasa entre que una casa se cae al suelo y se recoge su material en pleno centro de una ciudad. Eso es algo que el mundo rural vemos. Los cortijos, ya deshabitados, se van viniendo abajo poco a poco. Uno está un año sin pasar y comprueba cómo al siguiente al cortijo le falta el tejado, una torre, se le ha caído la fachada o directamente ha sido demolido. No está bien pero quizás es comprensible. Al fin y al cabo por ahí no pasa nadie casi nunca. Pero según el recuento de visitantes a los Patios de Córdoba, solo al más próximo a la calle Montero entran al día más de 1.000 personas.

Mirando a los escombros también he pensado que quizás ahora que estoy escribiendo esto lo lea algún responsable del Ayuntamiento y ordene, por fin, que al menos se retiren. Nos conformamos con poco. Ya no solo que el Ayuntamiento, a través de la Gerencia de Urbanismo, cumpla con su función de evitar que una casa se venga abajo y luego le pase la minuta al propietario. No. Ya solo con que alguien se lleve los escombros, la basura y los jaramagos que han crecido durante todos estos meses.

La casa derrumbada, la noche del 15 de noviembre de 2025 en que se vino abajo.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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