Sin perdón

Cuando la corrupción se ha convertido en la conversación diaria, y el desgaste de la clase política, sindical y empresarial ha alcanzando cotas de escándalo permanente, aparece la petición de perdón. No puedo estar más en desacuerdo. Una mala gestión  política es evaluable y perdonable, o no, en cada proceso electoral, pero la toma de decisiones abiertamente contrarias al interés colectivo, pactadas sin transparencia, que pudieran llegar a tener componentes delictivos, solo merece la repulsa de todos, la petición de responsabilidades a todos los niveles y la expulsión de la vida pública.

Hoy nos vemos abocados a buscar a nuestro William Munny particular (estupendo Clint Eastwood) que intente hacer justicia sin ningún tipo de misericordia. Esa justicia tiene que aplicarse sobre los directamente implicados (los vaqueros que desfiguran a la prostituta), pero también contra el poder que ha aceptado, por acción u omisión, tal situación (ese Gene Hackman soberbio representando a un sheriff preocupado solo por acabar su casa, y que da indulgencia a los criminales). Y hay que hacerlo con la prensa delante (ese biógrafo que será el que cuente la historia de William Munny). Es cierto que esa búsqueda de justicia sin perdón puede provocar bajas (Ned Logan, el amigo de Munny ; o el cazarrecompensas protagonizado por Richard Harris) pero es la única manera de que se pueda empezar un tiempo nuevo.

En nuestra ciudad no se han levantado asuntos directos de corrupción, pero se puede sospechar que no hemos estado al margen de ellos, solo que hasta ahora no se han conseguido pruebas, o se han ocultado en una mala gestión institucional depurada por las elecciones. Pero considero que tampoco podemos perdonar hechos similares a los que se han producido en otras ciudades unidos a procesos de corrupción.

Sin perdón para los dirigentes politicos, sindicales y empresariales que permitieron que cayera Cajasur. Fundamentalmente, por haber permitido la presidencia de Castillejo, y que su actuación en los consejos de administración se limitara a no llevar la contraria, defender sus propios intereses o los de sus organizaciones  en conseguir un tratamiento preferente, cobrar las suculentas dietas, financiar la especulación inmobiliaria o colocar a familiares y amigos. Ha sido insuficiente la actuación tardía del banco de España, por más que alcanzara a los tres candidatos a las últimas elecciones locales (Nieto, Durán, Ocaña) y a los últimos presidentes.

Sin perdón a que nuestra Vega y nuestra Sierra haya quedado parcelada de forma ilegal sin que ni uno solo de los promotores haya sido perseguido por ello. Notarios, registradores, técnicos de las distintas administraciones, representantes de las fuerzas de seguridad, políticos de distinto signo, con especial señalamiento para los alcaldes/as (Merino y Aguilar) que permitieron el crecimiento exponencial de las mismas, han sido responsables por acción u omisión de una situación vergonzante y en la que ha existido un negocio incalculable. Ahora se culpa a los vecinos que allí residen en condiciones penosas que, teniendo su parte de responsabilidad, son los menos culpables de lo sucedido.

Sin perdón porque el plan general se negociara (Mellado, Aguilar, Nieto) con los propietarios de los suelos, calificando como urbanizable todo el terreno posible, lo que permitió aflorar dinero oculto fiscalmente y conseguir plusvalías multimillonarias. Un plan para 40.000 viviendas que permitió la burbuja urbanística. Los vecinos de desiertos como el Cortijo del Cura o de urbanizaciones inacabadas como Mirabueno; el fracaso de proyectos megalómanos como el Palacio del sur o de proyectos olvidados como el Parque de Levante; o los cientos de desahuciados y sin vivienda, demuestran que fue un plan para la especulación.

Sin perdón a que se levantara el Parque Joyero sobre terrenos contaminados, con una negociación opaca con Outukumpu Cooper; sin perdón a que se permitieran las Naves de Colecor y que no se hayan tirado o cobrado la multa; sin perdón a que una entidad privada lucrativa se haya adueñado del estadio El Arcángel y ahora haya que regalarles terrenos para una Ciudad Deportiva; sin perdón a que se haya decidido usar fondos públicos para una instalación ruinosa como el Pabellón Cajasur-BBK; sin perdón a que el Cabildo y el Obispado manejen un bien de todos como la Mezquita o que se apropien de patrimonio de la ciudad por cuatro euros...

Que estas actuaciones, y otras que podría recordar, no hayan sido motivo de denuncias por corrupción no significa que no reúnan suficientes características para no aceptarlas como simples errores de gestión que hay que perdonar. William Munny, acabada su labor justiciera, volvió a su granja y desapareció con sus hijos para siempre. La madre de su mujer fallecida no podía entender como su hija se había enamorado de un ser tan violento. Ahora también se quiere tildar a las nuevas fuerzas políticas de proviolentas y antidemocráticas. La casta tiene que defenderse como sea y, mientras, gana tiempo pidiendo perdón.

Etiquetas
Publicado el
30 de octubre de 2014 - 07:29 h