De niñas y magas

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No hay nada más anticapitalista que criar hijxs. Criar hijos te hace vivir de nuevo todo el proceso de construcción de una persona, con una consciencia y distancia de la que careces en tu experiencia anterior, la de tu propia construcción. Todo lo que ahora nos resulta obvio y natural ves que debe ser creado y mantenido con mimo y dedicación, frente a esa naturalización de lo real que de forma inmeditada todos damos por buena. Y en este descubrimiento de lo humano lo primero que comprobamos es que no somos como nos dicen que somos, o más bien como nos dicen que debemos ser. Lxs niñxs son una reserva de humanidad que nos permite aventurar como pudimos ser, qué cosas son las realmente importantes y cuáles no, lo crucial de compartir, de sentirse reconocidxs, de cuidar y ser cuidadxs, y nos obliga a medirnos a nosotrxs mismxs, a ver hasta donde somos capaces de llegar en esa entrega para la que ya no estamos entrenados, tras años de adoctrinamiento en las bondades del egoísmo, la autonomía, el éxito y demás quincalla.

Criar nos hace mejores, es una segunda oportunidad que nos encontramos sin esperarla, porque nos habíamos preparado para el infierno que nos anunciaban, y de repente nos encontramos con una experiencia liberadora, todo puede ser visto de otra manera, libre de los condicionamientos acumulados en todos nuestros años, basta con ser parte de esa mirada descubridora y constantemente sorprendida de nuestros hijxs. Gratis no es la experiencia, eso sí, porque cada encrucijada es un reto que requiere esfuerzo y no siempre se salda con éxito. Porque, antes de que mis amigxs solterxs se me echen al cuello (para el concepto de soltero y casi para cualquier cosa, recomiendo el "Leer con niños" de Santiago Alba Rico, recién reeditado), aclaro que pienso que se puede ser padre y madre y seguir siendo un capullo, además en este caso se es con conocimiento de causa, no podemos alegar ignorancia ya ("eres un capullo… y lo sabes" que diría el meme de Julio Iglesias). Las oportunidades no siempre se aprovechan y ese espejo frente a nosotros que son nuestros hijos nos puede devolver una imagen que no nos guste, se nos acaban los cuentos y las autojustificaciones, ha cambiado el sujeto del relato, ellos nos dicen cómo somos y debemos aceptarlo.

Pensaba yo todo esto, fijaos que de vueltas dan las cosas, gracias a Cayetana Álvarez de Toledo y su "no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena, jamás". Esa y otras tontunadas oídas sobre el sexo, los vestidos y semejantes de lxs Magxs de este año, me hicieron pensar porqué hoy es valioso celebrar la infancia, tras ver que Baltasar, recién llegado a Madrid, nos regaló una canción tradicional de Guinea acompañado de una kora, en lugar de cualquier muñeco producto del merchandising de Hollywood o una cocinita con su fregona y su cubo. A algunos le parecerá necesaria esta fiesta de los Magos porque generan consumo y empleo, y vale, y a otros por su filiación católica, pero a mí, cinco o seis más habrá, me lo parece por esta cosa extraña que son lxs niñxs y a los que no solemos prestar atención. Supongo que para próximas ocasiones estará bien una conversación en la que valdrá casi cualquier postura, menos venir con los concilios, los catecismos y los fuegos eternos en la mano, que estamos ya mayores para algunas cosas.

Nota: en la imagen, mi hija Mariana y su amigo Ángel descubriendo el arco iris.

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12 de enero de 2016 - 14:23 h
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